Allí se estableció junto con su mujer, cuando aún eran novios, en 1945. Dos años después, Eduardo Pérez y Mercedes Gómez -que falleció ahora 14 meses- se casaron e iniciaron una vida que les dio dos hijas. Una de ellas, Beatriz, lleva más de 30 años detrás de ese pequeño mostrador que montó su padre y que ella heredó cuando le tocó jubilarse.
Hoy, este algecireño centenario acude casi a diario al Ingeniero Torroja, donde el resto de vendedores le adoran y le siguen haciendo mimos y carantoñas. «Esta es nuestra reliquia», nos dice uno de ellos, Andrés, vecino de puesto. «Es una excelente persona, es lo mejor que tiene este mercado», añade.
Y así transcurren cada uno de los días de Eduardo Pérez, una persona incansable que aún se levanta a las cinco de la mañana para acompañar a su hija hasta el puesto donde se forjó una vida que este año se verá reconocida con la entrega de la Medalla de la Palma.]]>
Eduardo Pérez, el vecino centenario que este año recibirá una de las Medallas de la Palma

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