Todo un pueblo a las puertas del Templo. Expectante al ansiado reencuentro con su Medinaceli en este Miércoles Santo. Mucho esfuerzo. De rodillas. "¡Vamos, que le están esperando!", vociferaba uno de los capataces, guiando a los costaleros en la salida. Una salida que se ha hecho de rogar. En la que se ha requerido de mucha paciencia y de precisión dada la estrechez de las puertas de la gloria.
Un suspiro. Es ella. María Santísima de la Paz, cargada por sus costaleros, a punto de atravesar las puertas de la Parroquia de San Isidro Labrador. Momentos álgidos llenos de tensión. Y de miradas. Lágrimas. Teléfonos en el aire para que, tanto el Medinaceli como la Paz, queden capturados para siempre. Y en el corazón y en la memoria. "¡Suave! ¡Más suave!", reprimía el capataz, inquieto por ese instante crucial. En un abrir y cerrar de ojos María Santísima se encontraba plenamente inclinada, casi rozaba la manigueta con la pared en la que los fieles esperaban a recibirla.
El campanario de la torre vieja del reloj ha avisado. Las 21.00 horas. La Villa vive el Medinaceli, lo siente, lo sufre. Cada paso que da es una lágrima que desciende por la mejilla de una barreña fiel y devota. Lo mira con determinación. "La primera levantá va por el pueblo de Los Barrios, por todos los barreños que están hoy aquí con nosotros", ha dedicado Chemi Pecino.
La Banda de Cornetas y Tambores San Juan Evangelista de las Cabezas de San Juan de Sevilla ha acompañado a Nuestro Padre Jesús Cautivo Medinaceli, que lucía como estreno un juego de cuatro dalmaticas confeccionadas en brocado de burdeos y dorado, donado por el grupo joven. María Santísima de la Paz ha bailado bajo la luna llena frente a la torre vieja del campanario de la Plaza de la Iglesia bajo los sones de la Banda de Música de Montefrío de Granada.
Un año más, Los Barrios se rinde a los pies del Medinaceli. Con el corazón encogido. Con ilusión y tristeza. Con fe. Con devoción.

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