Hace años que los videoclub era una especie en extinción, o extinta. En Algeciras y en el resto de la comarca fueron cerrando. La piratería fue un golpe mortal. Aitor, que abrió Estudio 54 hace 13 años, logró mantener su negocio de la avenida Diputación de El Rinconcillo a base de imaginación, de ilusión y pasión cinematográfica. Siempre con una sonrisa, logró que su negocio fuese algo más que un videoclub y se convirtió en un punto de encuentro, un lugar dinámico, de reunión para hablar de cine o de lo que encartara.
«Me da mucha pena pero ya no es rentable, al menos en ciudades pequeñas. Me ha costado mucho tomar esta decisión de cerrar pero los números rojos me han puesto los pies en el suelo», declara Aitor, que no pierde su buen humor. «Las plataformas digitales han sido peor que la piratería porque ya es que la regalan. Además, aunque se crea que no había mucha gente que es legal y no quería ver cine pirata y otras que querían que sus hijos viviera lo que ellos vivieron en estos establecimientos», afirma.
Aitor Estévez recuerda que empezó con 400 películas y ahora cuenta con más de 7.000. Ha pasado de alquilar unas 1.600 al mes en su mejor momento a las 500 o 600 de ahora. Porque hay otros románticos que continúan acudiendo cada tarde a Estudio 54 para pillar las últimas novedades o esas películas de siempre que uno quiere revisar. «Las voy a liquidar, a ver si la gente me ayuda a venderlos», comenta, aunque ya tiene unas cincuenta que formarán parte de su colección particular.
Comenta que un amigo suyo le ha puesto como ejemplo en la universidad como supervivencia de un negocio frente a la realidad y se muestra agradecido a sus clientes. «No les guardo ningún rencor a los que tengan Netflix», sonríe. Para Aitor se está cerrando una etapa profesional y personal para abrir otra en la que disfrutar de la familia. Cerrará con una gran fiesta y un concierto. La vida sigue pero no para los videoclubs.
Aitor Estévez, propietario de Estudio 54.]]>
El último videoclub claudica ante Netflix

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