Está estructura está compuesta por tablas reutilizadas que sujetan latas colgadas de cuerdas. Los fumadores pueden recoger uno de los colilleros y una vez utilizados colocarlos de nuevo para que otro usuario fumador pueda hacer lo mismo.
En Verdemar invitan a los usuarios y vecinos a que se sumen a esta práctica. «Queremos recordar que en apariencia el inocuo filtro de los cigarrillos es en realidad una bomba química altamente contaminante. El acetato de celulosa del que está compuesto retiene en su interior un cóctel de sustancias en el que, además de nicotina y alquitrán, podemos encontrar arsénico, cadmio, cobre, níquel y otros metales pesados», explican.
Todo eso es lo que contiene una colilla, una pequeña dosis que, multiplicada por los billones de unidades esparcidas cada año por la arena de las playas, se convierte en uno de los mayores problemas medioambientales. La acumulación de colillas está resultando altamente tóxica para la vida marina.]]>
Las colillas, al colillero

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