La pasión por el motor es algo innato en Luis. El interés por el coleccionismo de coches a pequeña escala surge en él desde muy crío. Todavía conserva con los que jugaba cuando era un niño, unos 100 coches que, en aquella montaña de diminutos vehículos, nos confiesa que sabría localizarlos perfectamente. Son los más especiales.
Siempre que viaja se trae uno, o dos, o tres. Cualquier ocasión es buena para añadir un nuevo pequeño a su colección. Internet es el macromercado para este coleccionismo, aunque también es importante acudir a mercadillos, rastros de segunda mano, y como no las jugueterías.
«Ahora ya selecciono mucho, porque con tanta cantidad tampoco puedo estar comprando cada dos por tres», o eso intenta, porque si algo hay en esta habitación son coches, muchos coches, y mucha ilusión y entusiasmo por ellos. Como la de un niño.
Su familia le acompaña en esta afición. Su mujer comparte el mismo interés por los coches, pequeños y grandes, y sus hijos saben que «con estos no se juega».
Luis Miguel compra o cambia, pero pocas veces vende.
Y si alguien ¿le ofrece una ingente cantidad de dinero por toda esta colección?
«No los vendería. Me tendría que ver muy apurado porque es algo que he querido tener desde siempre. Me gusta de siempre», contesta rotundo.
Más de 10.000 coches aparcados en una habitación

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