Es el mayor de los encuentros posibles. El de una madre y un hijo. Hijo y Madre. Nazareno y La Paz. Los dos se citan ante el pueblo de Tarifa frente a las piedras del templo de San Mateo, sobre la calzada, bajo el cielo negro de primavera. Es el Santo Encuentro del Jueves Santo en Tarifa.
Cuando María Santísima de La Paz baja por María Santísima de la Luz ya se siente el momento. Hay un pueblo emocionado, el de Tarifa, y uno asombrado, el del visitante extranjero que ya es numeroso en la ciudad. Espera impaciente el Nuestro Padre Jesús de Nazareno. Quiere ver a su Madre cara a cara.
Ella va y Él espera. Paso de palio y paso de misterio avanzan. Frente a frente. Los dos tronos se rozan. El encuentro ya es. El Jueves Santo se estrecha entre dos tronos. Mas estrecho que las estrechas calles de Tarifa.
El que porta la cruz y la que que derrama lágrimas se miran. Una oración leída y otra cantada. Manolo Garrido reza saetas, una al Cristo y otra, más personal, a la Virgen. “Son 50 años cantándote y aunque ya esté viejo saco fuerzas”, canta.
Una revirá con mucho temple pone al Nazareno frente a su templo, no para recogerse, todavía no es el momento. El Jueves Santo solo ha hecho empezar. Su madre va detrás. Ambos juntos por las infinitas calles de Tarifa. Tras La Paz, casi rozando su rojo y dorado manto, una única mujer como promesa, con sus pies descalzos, y uno no puede evitar pensar que es por un hijo. Madre e hijo. El mayor de los encuentros posibles.

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