El Campo de Gibraltar sigue bajo el castigo del tren. Se acaban los adjetivos para describir el hartazgo de los usuarios y de la población en general. En la noche del miércoles el tren Madrid-Algeciras volvió a protagonizar una nueva odisea, que desgraciadamente ha dejado de ser noticia, cuando esta se entiende por un hecho de actualidad y extraordinario.
El tren al que debían de subirse los viajeros en la estación de Atocha finalmente no fue el que estaba previsto. Tuvieron que subirse a otro ferrocarril en la misma estación madrileña que los llevó rumbo a Antequera donde de nuevo tuvieron que hacer transbordo a un tercer tren que ya los condujo hasta Algeciras. Resultado: 1,5 horas de retraso a la llegada y mucho enfado acumulado.
Así lo ha denunciado el alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce, quien vuelve a repetir que "se están riendo de nosotros, el Gobierno y Renfe no para de despreciarnos".
Un tren tercermundista, para una comarca con el polo industrial más importante de Andalucía y el cuarto puerto de Europa, además de ser frontera marítima contro continente. Estas circunstancias deberían de servir en cualquier territorio para disponer de infraestructuras ferroviarias modernas, pero al margen de ellas, el alcalde ha llamado la atención en aspectos más de "andar por casa" como el perjuicio que estos retrasos diarios suponen para el colectivo de taxistas quienes esperan más de una hora y media a las puertas de la estación para realizar, en la mayoría de los casos, una carrera de 5 euros.
La situación es de sobre conocida, con total seguridad, mañana viernes volverán a leer la misma noticia.

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