Responsabilidad. Legado. Familia. Tradición. Palabras que se repiten una y otra vez cuando hablamos con padres e hijos, pioneros e innovadores. Todos a una para mantener su forma de vida, su restaurante. Hablamos con las familias de tres de los establecimientos más veteranos del municipio, con más de 40 años de profesión a sus espaldas. Ahora son ellos, que representan a segundas y terceras generaciones, los encargados de seguir la historia.
Restaurante Willy
La historia del restaurante Willy comenzó en el año 1975, cuando José López Escobar y Emilia Vega Blanco, padres de Antonio Miguel López Vega -conocido por todos como Willy- abrieron en Palmones las puertas de un modesto restaurante. Dos generaciones conviven hoy al mando de todo. Willy y su hija, Cristina López, tándem al que se ha incorporado el chef Paco Navarro.
La implicación de Cristina en la gestión del restaurante ha supuesto cambios notables como la incorporación de carnes y arroces, una gran reforma en el local y una elaborada carta de tapas. “La crisis lo ha cambiado todo muchísimo y cuando vamos a gastar nuestro dinero lo hacemos con mucho cuidado para decidir dónde y cómo. Todo eso, junto con la llegada de mi hija y de Paco, nuestro chef, nos está dando una clientela muy variada. Ahora a Willy, con diez euros, puedes venir a tomarte una cerveza y una buena tapa”, cuenta su padre.
Cómo Cristina ha ido creciendo en el negocio se explica fácilmente. “Ella se ha hecho a mi imagen y semejanza y siempre le he dicho que al restaurante hay que ir a trabajar, que nos debemos a los clientes para que se sientan cómodos. Y luego está la materia prima, claro, lo que servimos en la mesa. Este es un capítulo muy importante”, añade.
Willy, como padre orgulloso, califica de importantísimo el trabajo que realiza su hija desde hace quince años. “El simple hecho de que la gente entre al restaurante y nos pregunte por Cristina ya dice mucho de ella. Cuando me jubile me iré de aquí con la tranquilidad de que ella podrá con cualquier cosa”.
cuando la crisis empezó a hacer mella en todos los negocios y había que plantearse seguir o no, ella y su padre tuvieron una conversación, sincera y honesta, en el que cada uno dibujó el restaurante que quería para el futuro
Pero Cristina no quiere que su padre se jubile: “Aún me hace mucha falta en el trabajo diario. Él es también mi cómplice, mi compañero”, aclara la hija mayor de Willy.
Treinta y tres años tiene ahora. Pero la historia de la tercera generación al cargo de este restaurante comenzó en un chiringuito en la playa, cuando Cristina tenía 16 años. Su padre quiso atraerla a la hostelería porque la veía perdida, sin saber muy bien qué hacer con su vida. “Me dijo que fuese en verano y que así ganaría dinero para mis estudios. Aquello lo disfruté como una enana. Era muy divertido, no lo veía como algo serio. Y me fue gustando. Esto es un veneno, o te gusta o no. Cuando pasé al restaurante, con 18 años, fue un poco más duro”, declara Cristina.
Y hasta llegar a donde está hoy -aunque ni siquiera sabría definir cuál es su puesto porque, según dice, hace de todo- ha tenido que hacer la mili limpiando boquerones, haciendo ensaladas, ejerciendo de pinche, chica de los postres, cajera…
Cristina reconoce que justo cuando la crisis empezó a hacer mella en todos los negocios y había que plantearse seguir o no, ella y su padre tuvieron una conversación, sincera y honesta, en el que cada uno dibujó el restaurante que quería para el futuro.
“Insistí mucho en que había que evolucionar para que a Willy no solo lo buscasen para una comida de empresa o una fiesta familiar. Yo quería que la gente nos tuviera en la mente a diario, que nos visitaran grupos de amigos o para tomar una tapa… y de ahí nuestra evolución, aunque sin perder la esencia de mi padre. Fue una decisión conjunta, no solo mía o solo de él, lo decidimos los dos en una conversación larga y sincera entre las dos partes”, dice Cristina. Hoy es un pilar indiscutible en el restaurante y es ella la que nos cuenta que cada día que cierra las puertas se va de allí pensando que ha sido feliz, que se siente satisfecha de su trabajo porque ha logrado que otros sientan que ha sido un día especial.
¿Y después de ti? “Pues no sé, no me gusta pensar a tan largo plazo. Solo miro para atrás para valorar lo que tengo ahora”.
Fotos: Nacho Márquez]]>

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