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  • San Roque, un paseo por una historia monumental

    San Roque, un paseo por una historia monumental

    Entre callejones, plazas y casas blancas, San Roque explica el origen del Campo de Gibraltar que hoy conocemos. Un paseo bien dado es una lección de nuestra historia que ningún campogibraltareño debería perderse. Esa que cuenta que unos cinco mil habitantes españoles del Peñón, tras pasar este a manos británicas, se establecieron en 1704 en lo que hoy es la localidad sanroqueña. El casco histórico es Conjunto Monumental Histórico-Artístico desde 1975. En él podemos encontrar entre los edificios más antiguos de la comarca. 

    Desde la Plaza Andalucía se encara San Felipe, una cuesta que tiene guasa. Pero no hace falta ni conviene hacerla de un tirón. Primero porque hay hasta un banco de piedra bien puesto en una de sus fachadas a modo de descansillo. Pero, sobre todo, porque merece la pena recrearse en una calle llena de detalles, joya y joyero a la vez. 

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    Esta calle y sus afluentes mantienen la estética de pueblo blanco andaluz de casas blanqueadas y suelo de adoquines. La subida por San Felipe recibe pronto al visitante el coqueto y ordenado Museo de San Roque, el arqueológico, donde se recogen objetos de Carteia, el otro origen sanroqueño, y relevantes piezas de la historia de la ciudad como el Pendón de Gibraltar, bordado por Juana la Loca en 1502, y traído durante el éxodo. 

    San Felipe está llena de curiosidades que siempre es más fácil de conocer en las visitas guiadas que organiza el Ayuntamiento de San Roque. Esta arteria del casco antiguo sanroqueño muestra un catálogo de regulares fachadas abalconadas y enrejadas, mientras que dentro muchas abren los típicos patios andaluces. Lucen más si cabe, como le ocurre a otras calles que la rodean, durante el Concurso de Patios y Fachadas que se celebra cada mayo y que este año cumple su sexta edición.  

    El valor patrimonial de la ciudad se desparrama cuesta abajo por numerosos callejones donde cualquier humilde casa, sea vivienda o establecimiento, mantiene el encanto dieciochesco del casco antiguo

    Frente al callejón José Niebla se levanta el número 10 de la calle San Felipe, casa natal del actor Juan Luis Galiardo. Enfrente, el edificio municipal Rafael Alberti, salpicado en su exterior y su interior con motivos masones. Recientemente el consistorio ha presentado un proyecto para dar a ambos inmuebles un uso hotelero tan necesario en el centro y que pretende dar vida turística a la emblemática zona. 

    La cuesta se desborda definitivamente en la Plaza de la Iglesia donde se encuentra otras dos piezas patrimoniales importantes de San Roque: la Parroquia Santa María la Coronada y el Palacio de los Gobernadores, ambos edificios del siglo XVIII y de arquitectura neoclásica. 

    Foto: Francis Mena.

    No es posible desligar San Roque de Gibraltar y así nos lo relata en silencio los objetos que se guardan en el interior de ambos monumentos. La parroquia, construida sobre la antigua ermita de San Roque de 1508, contiene las figuras religiosas traídas de Gibraltar y que datan del XIV, o los libros parroquiales del Peñón de 1556 a 1704. En la misma plaza, el edificio civil que fue Comandancia Militar del Campo de Gibraltar hasta el XIX nos muestra desde su torre la pendiente que se acaba de subir con el mar de tejas de las casas y, en el horizonte, la bahía y su añorada roca, o el interior de la provincia. Entre sus paredes gran parte de la obra de Luis Ortega Bru. Impresiona el relieve que hace darse cuenta al observador la cruda partida de los españoles marchándose de un Gibraltar arrebatado hasta hoy y que pone nombre a lo que aquello fue: un éxodo. 

    Cerca se abre otro espacio aún más amplio: la Plaza de Armas. A principios del XVIII servía para acoger espectáculos taurinos. Más tarde, en 1841, se construyó lo que hoy se denomina antigua Casa Consistorial cuyas vidrieras de mediados de los años 50 del pasado siglo vuelve a relatarnos lo ocurrido en Gibraltar. Desde su balcón se declararon las dos repúblicas españolas y el cantón de San Roque.  

    La ciudad donde reside la de Gibraltar permite diferentes formas de recorrerla y conocerla

    De la misma manera que sube, el valor patrimonial de la ciudad se desparrama cuesta abajo por numerosos callejones donde cualquier humilde casa, sea vivienda o establecimiento, mantiene el encanto dieciochesco del casco antiguo. Y regresa hasta la llanura de La Alameda de Alfonso XI. Cruzando esta se encuentra formando un espacio diáfano el Antiguo Cuartel Diego Salinas, que actualmente acoge, en diferentes edificios, la actual Casa Consistorial y otras dependencias públicas. 

    Muchas de las rutas turísticas que realiza la delegación de Turismo empiezan o acaban en otro destacado edificio de la ciudad sanroqueña: su plaza de toros. Inaugurada en 1853 es una de las más antiguas de Andalucía y la segunda de la provincia de Cádiz. 

    Vale este, como en cualquier otro lugar del centro histórico de San Roque, no como punto final sino como punto seguido. Porque la ciudad donde reside la de Gibraltar permite diferentes formas de recorrerla y conocerla, como demuestran las numerosas ruta organizadas existentes. Después de conocer su valioso patrimonio, de subir y bajar, no viene mal sentarse a refrescarse y degustar sus tapas. Que es otra forma de disfrutarla.

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  • Fotoperiodistas, el oficio de contar historias

    Fotoperiodistas, el oficio de contar historias

    muchos fotoperiodistas que crecieron, como fotógrafos, en una realidad tan diversa como la del Campo de Gibraltar. Su trayectoria profesional les ha llevado a múltiples lugares, escenarios y personajes, y de todos ellos trajeron relatos que surgieron de su particular forma de contemplar el mundo. Hemos reunido aquí parte de su trabajo y algunas de sus reflexiones sobre la profesión y los vertiginosos cambios en los que está envuelto el periodismo.

    José Luis Roca García, 52 años.
    Premio Ortega y Gasset de Fotografía. Premio Andalucía de Periodismo.

    “Me gusta componer la foto para que tenga una lectura fácil”


    José Luis Roca García comenzó publicando sus primeras fotos como fotoperiodista en el extinto diario La Tribuna de Algeciras. Pero si a la carrera de este fotógrafo sanroqueño que trabaja en Madrid para el periódico de Catalunya desde 2008 hubiera que ponerle una fecha de inicio, esta sería la de aquella mañana de mayo de 1985 cuando la Refinería Gibraltar de Cepsa sufrió uno de los mayores accidentes de su historia con la explosión de dos petroleros. “En cuanto me enteré, cogí una cámara, un carrete y me fui allí. Y creo que fueron esas fotos las que me llevaron a lo que hoy soy”, explica Roca, cuyas imágenes no fueron publicadas en ese momento, aunque sí años más tarde coincidiendo con un aniversario de la tragedia. 
    El fotógrafo enseñó aquel trabajo al periodista Jorge Bezares y éste le llevó a las primeras colaboraciones con el Diario de Cádiz y, posteriormente, al diario Europa Sur, donde ejerció como fotógrafo entre 1989 y 2006, año en que decidió comenzar una nueva etapa profesional. “Solicité una excedencia para dedicarme con más tiempo a la agencia Agence France Press (AFP) con la que también colaboraba. Meses más tarde me llamaron de El Periódico y decidí trasladarme a Madrid buscando mejorar mi situación laboral”, explica el fotógrafo. 

    “Nuestro trabajo consiste en contar historias. No se trata solo de salir en los papeles sino de tener que decir algo a los demás”

    Treinta años detrás de una cámara han hecho de José Luis Roca uno de los fotoperiodistas con más experiencia que han salido del Campo de Gibraltar. “Nuestro trabajo consiste en contar historias, y no se trata solo de salir en los papeles sino de tener que decir algo a los demás, de trasladar una realidad tan dura como la de la inmigración, un tema que nos ha tocado vivir a muchos fotógrafos de la zona”, explica José Luis Roca, quien confiesa que cada día que se enfrentaba a un desembarco su mayor reto era contar una historia que pareciera distinta a la del día anterior sin importar si había muertos o no, y siempre con el mismo respeto. “Esta es una realidad que no desaparece aunque pierda interés y necesite de grandes números para volver a las portadas. Pese a todo eso, la inmigración sigue ahí”, añade. 
    La clave de su trabajo como fotoperiodista está, según cuenta, en saber encontrar ese elemento que hará más fácil la lectura de una imagen. “Me gusta componer la foto de tal manera que sintetice todo lo que la imagen quiere trasladar; añadir ese algo que algunos llaman artístico pero que a mí no me agrada mucho, a las herramientas del lenguaje fotográfico”.
    José Luis Roca es crítico con la profesión, con las empresas editoriales que no han sabido ver que la era de internet y las redes sociales iban a cambiar el periodismo para siempre. “Han tardado mucho en adaptarse y en el camino se han perdido muchas cosas y una de ellas es la credibilidad. Hoy, cualquiera puede llegar a la misma gente a la que llega una plantilla de profesionales formada por periodistas. No obstante, creo que tarde o temprano la gente elegirá de nuevo una información veraz, basada en la seriedad del trabajo. Mientras tanto, los periodistas están compitiendo con cualquiera que quiere decir algo”, declara el fotógrafo.

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    Andrés Carrasco, 43 años.
    Premio Andalucía de Periodismo. Premio Ortega y Gasset. Andalucía sobre Migraciones.

    “Lo más importante en esta profesión es que te guste”


    Andrés Carrasco nació en Barcelona hace 43 años, pero desde los siete reside en Algeciras, ciudad en la que ha crecido rodeado de fotógrafos. “De cinco que somos en la familia, cuatro nos dedicamos a esto”, cuenta, al tiempo que rememora con cariño aquella primera credencial de la agencia EFE que su padre le hizo cuando tan solo tenía 17 años. “En aquel tiempo yo no quería hacer nada, tenía16 años y estaba viviendo esa época rebelde que nos toca… Mi padre me dijo que algo tenía que hacer y me llevó con un compañero de la televisión de Algeciras para que aprendiese el oficio. Me tiré dos años de cámara, sin cobrar, y paralelamente empecé a hacer fotos para EFE junto con mi padre, que trabajaba para la agencia”, explica. 
    Sus primeros trabajos como fotoperiodista los firmó en el diario Europa Sur. “La primera foto que hice fue en el paseo marítimo, y aún la tengo, de un coche que se estrelló allí. Recuerdo que era un Renault 5. Fui con un amigo, hice la foto, la mandé al periódico y la publicaron. Mandar fotos, una expresión que hoy describe un trabajo muy distinto al que se hacía hace dos décadas.
    “Mandábamos las fotos a EFE a través del fototipo, un rodillo en el que metías la foto, unas pinzas se conectaban al teléfono, y el telefoto la transmitía. Revelábamos en papel y lo que poníamos en el rodillo se iba transmitiendo punto por punto. Digamos que iba escaneando la foto y cuando terminaba de hacer ese escaneo, la recibían en Madrid”, explica Carrasco.
    De este modo, entre colaboraciones y algún que otro proyecto que luego tuvo que abandonar, se inició la trayectoria profesional de Andrés Carrasco, al que le preguntamos si se define como fotoperiodista. “Hago fotos de todo, pero lo que más me gusta es hacerlas para prensa. Donde me siento más cómodo es ahí, o cuando hago trabajos documentales. Lo más importante en esta profesión es que te guste y de eso te das cuenta desde el primer momento”, explica el corresponsal de EFE, para quien el resultado de cada uno de los trabajos depende, en buena medida, de la capacidad para prever lo que va a ocurrir. “Es primordial colocarte en el sito idóneo, y saber cuál es el lugar correcto te lo da la experiencia. Sin embargo, no siempre se consigue. Cuando haces fotografía para prensa tienes pocos minutos para llevarte la foto”, añade.
    Como a otros muchos compañeros que trabajan o han trabajado en el Campo de Gibraltar, el fenómeno de la inmigración ha sido una constante en su carrera. “Antes podías hacer fotos de inmigración más tranquilo porque el periódico no salía hasta el día siguiente. Ahora quieren la imagen antes de que suceda. Estás obligado a trabajar mucho más rápido”, cuenta Carrasco, quien señala que este fenómeno seguirá siendo foco de atención de los medios nacionales en mayor o menor medida, al igual que Gibraltar o el fenómeno del narcotráfico. “Ahora  estamos viviendo la época de las redadas. Los gobiernos están interesados en que se vea que están poniendo esfuerzos para controlar y frenar el tráfico de drogas. ¿Y cómo pueden trasladar toda esa tarea? Facilitando el trabajo a la prensa, sobre todo después de un repunte muy alto que estaba dando una imagen muy perjudicial de esta zona. La única manera de contrarrestarla es dejar que todo se vea”, declara el fotógrafo.

    “Me he quedado con la espinita de haber ido a algún lugar en conflicto. He tenido etapas en mi vida en en las que pude haber ido, pero ahora no me veo”

    Andrés Carrasco coincide con otros colegas al señalar que aprender el oficio de fotógrafo es mucho más fácil ahora que antes, pero acceder a la profesión es más complicado. “Antes tenías que saber revelar, positivar, aprender el oficio en escuelas o donde fuese. Hoy es más fácil y todo el mundo puede hacer una foto con el móvil. Basta con ver un informativo para darte cuenta de que muchas imágenes han sido grabadas con un móvil. Eso antes no pasaba. A los medios de comunicación, a los directores, a sus dueños, les interesa mucho menos la calidad de las fotos. Hace poco un compañero me dijo que lo que las empresas hacen hoy es rellenar un periódico de publicidad y en los huecos que quedan meten una noticia o una imagen”, añade. 
    Andrés Carrasco rememora con especial cariño algunas de las imágenes que ha tomado con su cámara a lo largo de todos estos años. “Recuerdo una que hice a un padre que bajó de una patera con su hija y se despidió de ella dándole un beso; o aquella vez que dos hombres sacaban a una mujer del agua. Luego vi a esa pareja andando por la ciudad”, explica el fotógrafo, que también tuvo la oportunidad de hacer una foto junto a la tumba de Paco de Lucía. “La hice porque me encontré allí en ese momento, no la buscaba. Aquel día se formó una pelotera muy grande y nos dijeron que no íbamos a poder entrar en el cementerio. Luego vi cómo la gente entraba y aquello empezó a desmadrarse un poco. Todo el mundo estaba grabando con móviles y me decidí a entrar. Al cabo de unos minutos estaba delante del féretro y me dije a mí mismo que tenía que hacer esa foto. No podía dejar pasar aquel momento, aunque solo hice dos disparos, no quise estar más tiempo”, narra con cierto pudor el fotógrafo.
    A lo largo de todos estos años, Andrés Carrasco ha ampliado sus fronteras y ha viajado a varios países del mundo para retratar la situación de determinados colectivos. Cuba, Japón, Lesbos, Sáhara, Camerún, Burkina Faso… “De vez en cuando me busco algún lugar a donde ir porque me apetece ver las cosas por mí mismo”.
    ¿Cuál te gustaría que fuese tu próximo destino? “Ahora estoy mucho más mayor -ríe-, y me he quedado con la espinita de haber ido a algún lugar en conflicto. He tenido etapas en mi vida en en las que pude haber ido, pero ahora no me veo. Esos destinos se han puesto muy peligrosos, ya ni siquiera las agencias mandan a gente, prefieren contratar a gente autóctona”, concluye.

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    Marcos Moreno, 44 años.
    Premio Nacional de Periodismo Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado
    Premio Internacional de Periodismo Mingote.

    “Vivir como freelance es posible si no tienes ataduras. En esto no puedes empezar con una hipoteca”


    Marcos Moreno se define como fotoperiodista, pero también como periodista. “En muchas ocasiones los fotógrafos nos vemos en la obligación de contar al periodista qué ha sucedido en el lugar en el que hemos estado. Ellos no siempre pueden acudir y nos toca a nosotros estar en primera línea”, declara Moreno, quien cuenta que a la fotografía de prensa no le llevó la fotografía en sí, sino la necesidad de hacer denuncia a través de sus imágenes. Con apenas 14 años de trayectoria profesional, Moreno ha conseguido hacerse un hueco en agencias de renombre como la Associated France Press y Associated Press, y en las redacciones del diario El País y El Español, además de colaboraciones con el diario local Area. 
    “A los 30 años trabajaba como informático. Tenía un buen sueldo, pero cada día que pasaba me costaba más ir al trabajo. Aquello no me hacía feliz, no me sentía bien. Decidí hablar con mi mujer y le dije que no quería seguir haciendo lo mismo, que no estaba bien”. Y a aquellas palabras, a aquella declaración de intenciones, le siguió la llamada de un amigo, Gerardo, que Marcos Moreno califica de providencial. “Me dijo que le había llegado una cámara digital. Una Nikon D/100, de 6 megapíxeles, para que la probase.  Casi 15 años después todavía la conservo junto a una colección de 350 cámaras”, explica el fotógrafo. 
    En aquella época los periódicos locales andaban buscando fotógrafos. Su primer currículo lo dejó en las oficinas del diario Área, un currículo en el que, por cierto, mintió añadiendo dos cursos de fotografía que ni siquiera había hecho. “Ni siquiera sabía usar la cámara, lo tiraba todo en automático”, cuenta el fotoperiodista. 
    Hasta que llegó febrero de 2004 y se fue a una huelga que habían convocado los trabajadores de Acerinox. “No sabía hacer fotos, pero allí estaba, y fue en ese momento cuando tomé conciencia de lo que quería hacer y decidí que aquello me gustaba. A partir de ahí empecé a hacer cursos, talleres, a mejorar mi formación de forma autodidacta, hasta llegar hasta donde estoy hoy”, añade el linense. 

    “Los trabajos con los que más disfruto son los que tienen que ver con la denuncia social”

    Marcos Moreno define sus trabajos por su capacidad de contar historias. “Los trabajos con los que más disfruto son los que tienen que ver con la denuncia social, la inmigración, los refugiados, la gente que tiene que decir algo pero a la que nadie escucha”, cuenta el fotógrafo, que trabaja como freelance, con sus ventajas y sus inconvenientes.
    “Como ventajas podría decir que no tengo jefe ni horario; pero tampoco sé qué voy a hacer o cuánto me va a durar el próximo trabajo, el próximo encargo”, declara Moreno, quien prefiere alejarse de los discursos que hablan del fin del periodismo. 
    “Desde que estoy en esto escucho que el periodismo está acabado, y aquí seguimos. Eso sí, la profesión exige que estés en continuo reciclaje. Hay que renovarse, adaptarse a las nuevas exigencias del periodismo. Yo no solo hago fotos, también vídeos y hasta cuento historias”, concluye Moreno, para quien el oficio está muy complicado. “Ahora es más fácil empezar porque hay muchos más medios a tu alcance, pero es más difícil encontrar un hueco. Vivir como freelance es posible si no tienes ataduras. En esto no puedes empezar con una hipoteca”, concluye.

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  • La rítmica de Jimena, una familia deportiva que no deja de crecer

    La rítmica de Jimena, una familia deportiva que no deja de crecer

    El club de gimnasia rítmica de Jimena echa a andar, a rodar sobre el tapiz, en septiembre de 2015. En estos cuatro años no ha dejado de crecer. Setenta gimnastas de edades comprendidas entre los tres y los catorce años, procedentes de Jimena, la Estación y San Pablo, dos entrenadoras nacionales, Macarena y Noelia, y una de apoyo, Paola Martínez dan forma a esta entidad deportiva, y muy familiar.

    Macarena Ortega Pecino y Noelia Saucedo Luque, compañeras de trabajo durante doce años en el club de rítmica de Algeciras, decidieron emprender este nuevo proyecto deportivo en el municipio. “Queríamos dar a conocer este bellísimo deporte al pueblo de Jimena. La primera reunión informativa tuvo una enorme participación gracias a la difusión en la que colaboraron las ampas de los colegios de Jimena y la Estación”, explica una de las entrenadoras.

    Las jóvenes gimnastas de este club compiten a nivel comarcal durante los meses de marzo a mayo.Pero si hay un evento deportivo en el que este club echa toda su garra sobre el tapiz, ese es el campeonato comarcal organizado por el club de gimnasia rítmica de Jimena. La pasada edición, la número tres, celebrada marzo, logró congregar a 300 gimnastas de toda la comarca.

    Para Macarena y Noelia, este deporte aporta grandes beneficios a quienes lo practican. “Es un deporte en el que se trabaja todo el cuerpo, mejorando la flexibilidad, el equilibrio, la potencia de salto, la coordinación y la expresión corporal. Se convierte en una disciplina deportiva muy compleja, que necesita mucho esfuerzo, constancia y entrenamiento. Este deporte además aporta una serie de valores como el trabajo en equipo, el compañerismo, el enfrentarse a actos en público y sobre todo a saber ganar y perder. Es un deporte maravilloso”.

    Las entrenadoras aprovechan para agradecer “la gran aceptación y apoyo brindado por el Ayuntamiento que colabora con nosotros en cada acto. Tampoco nos podemos olvidar de todos los padres y madres que forman parte de nuestro club, sin ellos nada de esto sería posible. Os damos las gracias a todos los que formáis parte de él, por el apoyo y los ánimos desde el primer momento para conseguir que nuestras gimnastas avancen y evolucionen día tras día.  Esto es el principio de un bonito camino deportivo”, apuntan.

     

     

     

     

  • «Regreso siempre que puedo a la casa de mis padres en busca de mis amigos de toda la vida»

    «Regreso siempre que puedo a la casa de mis padres en busca de mis amigos de toda la vida»

    “¿Cómo has podido vivir aquí, papá?”, le preguntan sus hijos a David Martín Oliva, tesorillero de 46 años, doctor en Biología y profesor de la Universidad de Granada. Una pregunta que nos coloca en distintos escenarios, en dos tiempos y contextos muy diferentes. El de su padre, nacido en La Línea de la Concepción -“donde nacíamos todos”, añade-; y el de unos niños, jóvenes ya, que acuden al pueblo de los abuelos para pasar las vacaciones o algún que otro día de fiesta. “Regreso siempre que puedo a la casa de mis padres en busca de mis amigos de toda la vida”, nos cuenta el profesor, que se confiesa un enamorado del entorno de San Martín del Tesorillo y de la comarca en general; y un gran apasionado del senderismo y el cicloturismo.

    La trayectoria profesional que hoy atesora David Martín comenzó a vislumbrarse desde muy joven. “En el Bachillerato ya me interesaba por el uso de los microscopios, por el conocimiento de los organismos vivos o cómo era el funcionamiento de las células. Fue entonces cuando surgió ese inquietud por la ciencia y por la investigación. Recuerdo que mi motivación era conocer mucho más sobre nuestro organismo. Y eso fue lo que me llevó hasta Granada, donde empecé a estudiar Biología”, explica.

    En 1999 David Martín ya había concluido su licenciatura y seis años más tarde, en 2005, consiguió su doctorado y se incorporó a la universidad granadina. En su primera etapa como investigador, compaginó su trabajo en un hospital de la capital con una investigación cuyo objetivo era hallar el mapa genético que provoca la alteración de los tumores.

    En la actualidad está en un grupo que está estudiando cómo evitar que el estrés oxidativo de las células no dañe a su normal funcionamiento, provocando así el deterioro o muerte de los órganos. “Son las células, por ese proceso de vivir del oxígeno, las que crean un subproducto que daña a la propia célula, un radical libre; y aunque está preparada para estos cambios existen malos hábitos como el consumo de alcohol o tabaco que añaden deterioro celular, generando enfermedades como el hígado graso u otras de tipo degenerativo. Lo que estamos haciendo ahora es ensayar moléculas, que luego se convertirían en medicamentos, para que la célula sobreviva a este proceso y podamos retrasar su muerte”, explica el profesor.

    Esta línea de investigación la inició en 2007 pero desde 2012 está pasando por una crisis muy importante, al igual que la mayoría de las investigaciones, y no recibe financiación desde hace cuatro años, según cuenta David Martín. “Los investigadores aún no hemos salido de la crisis. Nos cortaron la financiación y los gobiernos ya solo financian a grupos muy potentes cuyo trabajo pueda ser trasladado a la clínica”, añade.

    Pero sin subvenciones, los investigadores no pueden adquirir los reactivos que les ayudan a seguir investigando. “Tampoco acogemos a estudiantes, por lo que la cantera universitaria lleva paralizada unos años y eso les desanima mucho porque ven que lo que hacen en su etapa postdoctoral no va a tener continuidad en el tiempo. Si no investigas y no publicas, no te financian. Y esa es la pescadilla que se muerde la cola. A mí, afortunadamente, me cogió una época buena y pude hacer mi doctorado para acceder a la Universidad y he publicado más de 30 trabajos en revistas consideradas de impacto. Pero no es el caso de los alumnos que ahora pretenden continuar con la investigación; y el problema es que si no se estudian los procesos básicos no se puede seguir adelante porque son esos procesos -que se pueden prolongar entre 15 y 20 años- los que soportan todo lo posterior”, explica David Martín.

    Foto: Antonio Fernández Moreno

    Para David, a pesar de sus años en Granada, San Martín del Tesorillo sigue siendo su principal referencia vital. Cada vez que regresa, el tiempo no solo pasa por él. También por el pueblo.

    “El Tesorillo de hoy ha cambiado mucho respecto al que yo viví, era un tiempo en el que se vivía en la calle y la plaza hacía de nexo y unión entre las personas. Allí pasábamos las noches de verano, a la fresquita, como se suele decir. Ahora hay gente nueva, se respiran otros aires”.

    Nuevos aires que llegan de la mano de la independencia de San Martín del municipio de Jimena de la Frontera. “Mi padre fue representante del pueblo en el Ayuntamiento de Jimena y San Martín ha demandado esa independencia históricamente. Los tesorilleros hemos vivido ese sentimiento de que disponíamos de recursos propios para poder decidir sobre nuestro dinero y nuestro futuro, de que aportábamos más de lo que recibíamos”, declara el profesor.

    Una nueva etapa que se inaugura, pero que no va a ser fácil sacar adelante. “Creo que una vez que se ha conseguido ser municipio independiente, cada partido está intentando jugar sus bazas y lo que deberíamos haber hecho es un trabajo conjunto, sin siglas, porque las siglas y la política condicionan mucho las decisiones que se toman. Este proceso tendría que haber sido abanderado bajo un pueblo unido, y aunque todos tengan buenas intenciones, esa división se nota en un sitio tan pequeño como San Martín del Tesorillo”, concluye.

  • El Sagitta Campo de Gibraltar, el club de tiro con arco más grande de la provincia

    El Sagitta Campo de Gibraltar, el club de tiro con arco más grande de la provincia

    Los Barrios es sede del club de tiro con arco más grande de la provincia de Cádiz: el Sagitta Club Campo de Gibraltar, que cuenta actualmente con 45 socios federados de diferentes edades y procedentes de distintas localidades del Campo de Gibraltar. Una entidad con más de diez años de historia y pionera en la comarca en un deporte que precisa técnica.

    Entre el campo de fútbol de Palmones y el pabellón municipal de Los Cortijillos desarrollan su actividad casi el medio centenar de miembros, desde entrenamientos a torneos propios y jornadas de convivencia. Hasta las dos instalaciones deportivas barreñas se desplazan aficionados al tiro con arco de La Línea, Algeciras, Los Barrios, San Roque, e incluso de. Gibraltar.

    El Sagitta Club Campo de Gibraltar, sobre todo, potencia un hobby, una forma de convivencia alrededor del arco y las flechas, pero también ha espacio para la competición. Al fin y al cabo es un deporte que hasta podemos ver en los Juegos Olímpicos. Su competición es, sobre todo, a nivel provincial. Cada año participan en la Liga interclubes, con ocho torneos hándicap por temporada. Además, el Sagitta también organiza el torneo de la Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras (APBA), también para diferentes edades.

    El club con sede en Los Barrios se encarga también de los primeros flechazos y cuenta con un monitor que imparte un curso para obtener una licencia de arquero. Para aquellas personas que nunca hayan practicado el tiro con arco es recomendable un curso de iniciación que enseña las técnicas básicas e, importante, las normas de seguridad.

    En un primer momento, hace más de diez años, nació Sagitta ACMA Sport, una asociación de arqueros con discapacidad que ha vivido modificaciones hasta convertirse en el club de arqueros de la comarca y el de más números de socios de toda la provincia.

    Actualmente, el Sagitta concentra distintas disciplinas de tiro con arco: el tradicional, arcos estándar, tiro olímpico y arco compuesto. En los últimos años, la entidad que preside Daniel García Monrocle, está sumando a los aficionados al tiro dirigidos a la caza. Para ello, han adquirido figuras de animales en 3D.

    Un deporte de técnica

    Leandro Jiménez Macías, tesorero del club, explica cómo es el deporte del tiro con arco en el que la técnica es lo fundamental, algo que se alcanza a través del entrenamiento y la insistencia.

    “Hay que tirar una y otra vez hasta perfeccionar el tiro y borrar los malos vicios”, comenta. Un deporte de superación en el que el arquero compite con uno mismo. “Para alcanzar una buena técnica se necesita un entrenamiento diario”, asegura, lo que tampoco es fácil ya que hay que compatibilizar con otras actividades como los estudios o el trabajo. Leandro Jiménez también nos cuenta que se necesita “una capacidad física”. “En una competición se puede llegar a lanzar 72 fechas en series de 36, lo que implica un desgaste en los momentos finales, que es cuando se precisa más concentración”, dice.

    Otro de los pilares importante para el tiro con arco: el aspecto psicológico,
    “especialmente cuando te estás jugando un campeonato o una eliminatoria a una flecha”.

    De hijo a padre. En el caso personal de Leandro Jiménez, explica que se enganchó al tiro con arco a través de su equipo, que tenía este deporte como una actividad extraescolar en el colegio Baelo Claudia de Algeciras y acabó probando y sumándose hasta integrarse en un club.

  • Yeyo Argüez: “Cuando hay algo que no controlo es cuando más me interesa”

    Yeyo Argüez: “Cuando hay algo que no controlo es cuando más me interesa”

    La Calle Real sus experiencias e inquietudes personales. Con las manos llenas de remates de pintura y entre los retratos que prepara para su siguiente exposición, conocemos a un joven artista, linense, humilde y modesto y a quien le cuesta reconocer su genialidad en la escultura y la pintura.
    Creció como un niño corriente, feliz e inquieto, que aunque no destacó nunca en clase de dibujo, sí tuvo siempre una especial sensibilidad. “Tengo imágenes de pequeño viendo cuadros y esculturas con los que me hacía demasiadas preguntas. De alguna manera, instintivamente, me interesaba”, explica.
    Se formó en la Escuela de Arte de Algeciras. “Llegué allí casi de casualidad. No tenía muy claro qué iba a hacer, simplemente fui a probar. Pero desde el primer día me di cuenta de que ese era mi sitio”. Allí se especializó en moldeado y vaciado, y cerámica.
    Todavía estaba en la escuela cuando a Yeyo le empezaron a salir proyectos muy interesantes. Uno de ellos, la escultura que hoy se encuentra en la plaza de la Constitución, que surge de un trabajo de clase. “Cuando eso te pasa siendo un chaval de veinte años pues mola mucho”. Una escultura que, advierte, tiene la enorme necesidad de que se pase a bronce porque si no se perderá. Recientemente también ha realizado un busto de San Juan Bosco, situado en la avenida María Auxiliadora. “Mientras estudiaba en Algeciras me interesé mucho por la escultura; apenas dibujaba, siempre estaba con un trozo de barro en la mano para crear y darle forma. La pintura vino mucho después”, añade.

    Concluyendo su formación, los premios y exposiciones le estaban esperando. El primero de ellos en la propia Escuela de Arte y otro, en 2000, que le dio la oportunidad de exponer profesionalmente en la Casa de la Cultura con el trabajo El dolor no tiene color.
    Y entonces llegó el salto a la pintura, en la que este artista linense se sale del formato clásico y compone la imagen jugando con el espacio. “En mi primera época me interesaba mucho mezclar un poco todo. Trabajar la pintura asociada con la escultura y ocupando un espacio, que es lo que más me atrae de la instalación. Mis inquietudes iban mucho por ahí. Cuando hay algo que no controlo es cuando más me interesa”.
    Yeyo Argüez ha trabajado técnicas como el videoarte, las imágenes fragmentas y el movimiento, como el del banco de peces. Recibe encargos, expone y da clases. Ha expuesto en capitales como Cádiz y Sevilla, y también al otro lado del charco, como en Montevideo y Costa Rica.
    Ahora, en un proceso natural de cambio y evolución, confiesa que se ha vuelto más clásico. Se sienta delante de una foto, un dibujo o un modelo y aplica la pintura. “Yo ya hacía retratos desde muy jovencillo para ganarme dos duros y ahora estoy trabajando esta técnica. Desde hace unos años veo mucho por Instagram gente más o menos de mi edad pero que pinta clásico y esto me sedujo mucho. Me vi con muchas ganas y fui a por ello”.
    Se considera un eterno aprendiz. “Esto es un continuo. Todas las colecciones que he hecho son algo de mí y no me importa repetir una idea. No son etapas que cierro, sino que siempre voy sumando. Me nutro de imágenes del cine, de luces de la calle, de otros pintores, de gente joven que ahora pinta como los clásicos pero dándole una vuelta de tuerca”.
    ¿Se puede vivir del arte? “Claro que sí. Es como todo. Tienes que saber moverte. Hay que trabajar mucho y estar donde hay que estar. Aunque sí es cierto que aquí desde La Línea es mucho más difícil. Pero no imposible. Aquí tenemos artistas de primer nivel, personas muy creativas que están a un nivel muy alto, como Juan Carlos Bracho y Javier Velasco. Tengo la suerte de que en Cádiz y en La Línea se portan muy bien conmigo y me llegan encargos y trabajos, pero es verdad que necesito las clases para tener una cierta estabilidad”.

    Ya son doce años los que Argüez lleva compartiendo todo lo que sabe a través de la asociación Reiniciarte. “Empezamos a dar clases en el edificio del Istmo. Propuse la idea y me la aceptaron. A partir de ahí, ha sido un no parar. Encontré la estabilidad que quería y ansiaba, esto me ha permitido seguir viviendo en La Línea y además puedo continuar trabajando en mis propios proyectos”. Actualmente, alrededor de cien personas, niños y adultos, acuden a las clases de dibujo y pintura de Reiniciarte en la Casa de la Cultura.
    Para este artista, que apuesta por La Línea, existe una demanda cultural muy interesante en esta ciudad. “Ahora mismo hay overbooking en las clases de teatro, en las de canto, danza y pintura. En Reiniciarte también hemos dado cursos de escritura, poesía y fotografía”.
    En este movimiento cultural, Yeyo Argüez no se olvida de mencionar a Macarena Alés. “Es la persona que más me ha ayudado profesionalmente y sé que también ha hecho mucho por otros artistas de la zona”, señala, al tiempo que aprovecha para demandar mayores apoyos y recursos para fomentar el arte y la cultura en esta tierra.
    Y es que para este linense, el arte es una manera de vivir. “Se habla de que si los artistas son unos bohemios, gente diferente, pero la mayoría de los artistas que conozco son unos cachondos, que nos vamos de cerveza y nos divertimos como gente normal. Este es un oficio en el que tenemos la suerte de poder comunicarnos. Esta es mi pasión, mi forma de vivir”.
     
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  • Ignacio Trillo, cronista de toda una época

    Ignacio Trillo, cronista de toda una época

    Activista durante el franquismo, este jimenato pasó tres meses encerrado en un hospital militar intentando evitar que le enviaran a Sidi Ifni. Hijo de médico, montó el primer grupo de boy scout del pueblo y tras él llegaron las fiestas, los guateques y la música anglosajona que adquiría en Gibraltar. Militante del PCE y del PSOE, dejó ambos partidos por desavenencias con sus dirigentes y ejerció como cargo público durante varias décadas formando parte de la primera Junta de Andalucía. Años después, abandonada ya su militancia, Trillo ha centrado su actividad en recuperar la historia de Jimena con artículos sobre personajes ilustres y relatos que sus vecinos les trasladan para que no queden en el olvido. 

    Ignacio Trillo es uno de esos jimenatos cuya vida ha transcurrido de forma paralela a la historia política reciente de España. Nacido en 1951, hijo de médico y farmacéutica, vivió su primera infancia viendo cómo los vecinos venían de madrugada a pegar a la puerta de su casa para que su padre acudiera a cuidar enfermos ofreciéndole a cambio, cuando no tenían dinero, animales o productos de las huertas. «Llamaban a mi padre, se lo llevaban en un carro y podía venir una hora más tarde o cinco días después», cuenta Trillo. 

    1951. Ignacio Trillo con sus padres.

    El que fuera delegado provincial de Medio Ambiente de la provincia de Málaga durante una década aprendió a leer con los periódicos que llegaban a su casa. El diario Área, el Diario de Cádiz, el Periódico de Tánger, el ABC de Madrid y algunas revistas de política internacional a la que el médico era muy aficionado. «Antes de que empezara la consulta me metía en la cama con mi padre y mientras él leía yo aprendía a leer», explica. 

    Ya en su adolescencia empezó a forjarse su parte más activista y muy jovencito lideró el primer grupo de boy scouts de Jimena a pesar de las amenazas de algunos partidarios del franquismo que le advirtieron de que este tipo de asociaciones estaban prohibidas. «Era un momento en el que la sociedad de Jimena estaba muy dividida socialmente entre los del barrio de arriba y los que vivían en el barrio de abajo, al que yo pertenecía y del que se presuponía una situación más acomodada», explica Trillo.

    Tras el grupo de scouts llegaron las fiestas, los guateques y un club de música al que llegaba lo más innovador de la música anglosajona del momento a través de Gibraltar. «Recuerdo que a Jimena vino a cantar el grupo Los Soñadores -origen luego de Los Payos y, por último, de Triana- y el que fue el batería de Triana se sorprendió que tuviéramos un disco de James Brown», explica con entusiasmo entre un sinfín de anécdotas que trae al siglo XXI con total nitidez. 

    1966. Ignacio Trillo en una actuación de los Boys Scouts en el cine Capitol de Jimena.

    Concluida su formación primaria en Jimena, con 14 años se fue a Madrid a estudiar al instituto Ramiro de Maeztu. Corría el año 1966 e Ignacio Trillo comenzó la que luego sería su carrera política acercándose a los movimientos de izquierda. Abandonó la religión, vivió todo lo que llegó con el mayo francés, en 1968, y cada vez que volvía a Jimena lo hacía con publicaciones clandestinas bajo el brazo y nuevos discos de música. 

    Trillo comenzó su formación universitaria en Madrid, pero pronto se trasladó a Málaga y alternaba sus estudios con trabajos en Alemania, Suecia o Dinamarca. En el ambiente universitario prosiguió con su activismo contra el franquismo y con 21 años fue detenido por difundir propaganda electoral. Aunque fue condenado a cuatro años de cárcel, nunca la pisó, pero recuerda seis días en una comisaría en unas condiciones deplorables. Le expulsaron de la Universidad, a la que solo podía acudir para los exámenes finales, y le fue retirada la prórroga que había solicitado para evitar el servicio militar. «Me mandaron a San Fernando para hacer una mili corta y luego enviarme a Sidi Ifni. Logré escapar del cuartel en un microbús que llevaba heridos al hospital militar de San Carlos y estuve escondido allí tres meses gracias a una monja vasca que me ayudó. Tenía 23 años y el tiempo allí pasaba lentísimo. Los médicos militares apenas acudían por allí, solo había estudiantes en prácticas y en todo ese tiempo no me encontraron. Recuerdo que a veces oía Angie, de los Rolling Stones, una y otra vez, y hoy todavía me gusta poner esa canción», nos cuenta este jimenato.

    «Recuerdo que a Jimena vino a cantar el grupo Los Soñadores -origen luego de Los Payos y, por último, de Triana- y el que fue el batería de Triana se sorprendió que tuviéramos un disco de James Brown»

    Durante todo ese tiempo que permaneció encerrado en el hospital de San Carlos su familia no supo nada de él. En el cuartel había 7.000 jóvenes y nunca se registró la salida de Trillo y en el tiempo que estuvo encerrado su único objetivo fue que no lo mandaran a la guerra que enfrentó a las tropas españolas con las marroquíes. Cuando fue descubierto lo trasladaron a un tribunal militar médico, lo excluyeron de la mili temporalmente por una lesión en el cuello y regresó a Madrid, donde un amigo le falseó un traumatismo irreversible y lo liberaron de su tiempo en el Ejército de forma definitiva. 

    Por fin pudo acabar Económicas en el año 75 al tiempo que trabajaba en distintas academias e institutos, hacía encuestas del Instituto Nacional de Estadística y ejercía su militancia en el Partido Comunista de España (PCE). Nada más legalizarse el partido, aquel sábado rojo de abril de 1977, enseguida se integró en el partido como responsable de aquella primera campaña electoral en la que el partido consiguió un diputado por Málaga. La crisis que sufrió formación de Santiago Carrillo, años después, le llevó a abandonar la militancia y en 1985 dejó su etapa profesional en la empresa privada para formar parte de aquella primera Junta de Andalucía que llegó de la mano de Rafael Escuredo. «Me llamaron para que fuera a Sevilla 15 días y me tiré allí tres años», añade. Fue nombrado director general de Agricultura, ámbito en el que Trillo había trabajado en la empresa privada, y pasó por diferentes cargos públicos hasta que en 1996 asumió el cargo de delegado provincial de Medio Ambiente en Málaga, función que ejerció hasta 2008.

    1978. Ignacio Trillo con Marcelino Camacho en apoyo a la Constitución.

    «Me tocó la etapa del urbanismo salvaje, me hice militante del PSOE y ahí empecé a tener enemigos. Me destituyeron como delegado y planteé presentarme a la alcaldía de Málaga, pero el PSOE no quiso celebrar unas primarias. Llevé al partido a los tribunales, quité la demanda, me retiraron del puesto de funcionario que me había ganado años antes y gané esa batalla. Cuando me plantearon volver al puesto, decidí jubilarme», añade Trillo. 

    Fue esa retirada de la vida pública la que le fue llevando, poco a poco, a la faceta en la que ahora está completamente inmerso y dedicado: la historia de Jimena. Trillo ha recuperado biografías de personajes ilustres del pueblo, y publica numerosos artículos sobre aspectos de la historia jimenata en el blog que lleva su nombre al tiempo que opina sobre la política española.

    Ahora le consideran historiador, una etiqueta que le ha llegado de forma improvisada. «He estado en Jimena recientemente y me causa mucha emoción que los hijos y nietos de vecinos se dirijan a mí para contarme algún detalle, alguna historia o enseñarme alguna foto. Podría decirse que estoy ejercicio, aunque de forma extraoficial, de cronista del pueblo», concluye Trillo, que aún reside en Málaga.

    2004. Ignacio Trillo con Felipe González.

  • Fernando Jiménez, apostando por el arte del cómic

    Fernando Jiménez, apostando por el arte del cómic

    El cómic es la forma de expresión de este chisparrero, que utiliza la escritura y el dibujo como las mejores armas para inventar nuevos mundos y crear mil historias. Fernando José Jiménez Nieto trabaja como diseñador, formador y además saca tiempo para una de sus grandes pasiones: el cómic.

    Fernando se ha sentido fascinado por este arte desde muy pequeño: «Siempre me ha encantado contar historias a través del dibujo. El cómic siempre ha sido un referente para mí. Es un modo más de expresión como el cine, la novela o la poesía, que también me apasionan y trato de desarrollar igualmente».

    Estudió Bellas Artes y se formó como diseñador gráfico. Ha trabajado con el Ministerio de Educación y Cultura en el desarrollo de proyectos multimedia educativos. También ha participado en otros proyectos educativos para compañías como Telefónica y Avanzo Learning Process. 

    En 2016 pudo materializar su pasión por el cómic con la publicación de su primer trabajo: En la Senda de los Druidas, en el que se encargó de escribir y elaborar el guión técnico de toda la historia. «Aunque también dibujo, la realización de todo el trabajo exige dedicar demasiadas horas que no podía permitirme en ese momento y opté por que fuera un trabajo compartido. Estoy muy contento en el apartado de escritura donde me siento muy cómodo».

    Después de esta primera incursión profesional en el mundo del cómic, Fernando trabaja en estos momentos en un segundo guión para esta misma editorial, Sallybooks. Además, colabora en lo posible con la asociación de cómic mutantes paseantes de San Roque, en cuyo concurso ya fue premiado hace varios años.

    «Siempre me ha encantado contar historias a través del dibujo. El cómic siempre ha sido un referente para mí. Es un modo más de expresión como el cine, la novela o la poesía»

    A sus 37 años continúa dedicándose a la formación, impartiendo escritura creativa en la Universidad Popular de San Roque y cursos de artes visuales a través de la Diputación de Cádiz en varios municipios de la provincia. En el apartado de proyectos personales, «tengo varios en común con Nadia Zumelaga, la directora de la escuela municipal de teatro de Castellar, con quien ya he colaborado en varias ocasiones», explica.

    Fernando, que alterna temporadas en Castellar, Madrid, y Guadalajara, aprovecha para enviar un mensaje a sus vecinos chisparreros: «Que lean, que a través de la lectura encuentren un modo de evasión. Los beneficios de leer son muy recomendables; mejora la concentración, reduce el estrés, mejora los patrones de sueño, entrena al cerebro, te proporciona más vocabulario». Al respecto, promete poner en marcha un club de lectura en Castellar.

    «Es muy descorazonador ver como más de un 80% de la gente «olvida» la capacidad de dibujar en una sociedad basada en lo visual y en muchos casos observamos que se pierde incluso la capacidad de comunicarse de una forma eficiente», concluye este chisparrero que apuesta por el arte y la aventura del cómic.

    «Es muy descorazonador ver como más de un 80% de la gente «olvida» la capacidad de dibujar en una sociedad basada en lo visual»

  • El Nene, un tesorillero en la música

    El Nene, un tesorillero en la música

    Francisco Javier Ginés Pérez, conocido por todos como ‘El Nene’, es un cantante tesorillero que ha convertido la copla y el flamenco en su forma de vida. Actualmente reside en una localidad de la provincia de Barcelona, Malgrat de Mar. Se marchó de Tesorillo en 1993 para perseguir su sueño: vivir de la música. Algo que está cumpliendo con creces.

    ‘El Nene’ ha llegado a compartir escenario con artistas como Paco Candela, Ecos del Rocío, Alejandro Conde, Julio Madrid, Las Carlotas y Alborada Flamenca. Ha trabajado con productores como Daniel Rodríguez Perassi, Adrián Guiardo, Petete Maya y Francisco Carmona, y autores como Leo Rubio, Eduardo Marín, Pablo Oñós, Juan Francisco Estenazas, Manolo Jalón y Tachu de Lubricán. También ha conocido a grandes artistas como Miguel Poveda, La Húngara y Joana Jiménez. 

    Ha compartido escenario con artistas como Paco Candela, Ecos del Rocío, Alejandro Conde, Julio Madrid, Las Carlotas y Alborada Flamenca

    Aunque nació en Barcelona, a donde sus padres, naturales de La Línea, emigraron, ‘El Nene’ se crió y creció entre estas calles, en San Martín del Tesorillo, el lugar elegido por su familia en los años 80 para volver al sur.

    Estudió Primaria y EGB en el colegio José Luis Sánchez. Un tiempo en Tesorillo que recuerda con mucha nostalgia; «nostalgia de mis amigos, como David Gómez Oña que en gloria esté, mi amigo Cristóbal Cano Ramos, Juan Carlos Segovia y Sergio Berenguer, entre otros muchos que cada año formaban parte de agrupaciones carnavalescas, con José Siles, El Chumbo y Gregorio. Son momentos que jamás olvidaré. Mi infancia y adolescencia en Tesorillo, aquellas vivencias, no las cambio por nada en este mundo», explica.

    Su pasión por la música surge desde muy pequeño. «La descubrí cuando con unos ocho años estaba trasteando cintas de cassetes y encontré una de El Cabrero y otra de Paco Toronjo. Cuando las puse en aquel viejo radio que tenía mi abuela Francisca conocí el arte del flamenco y aquel cante profundo y sentido del fandango de Huelva. En ese instante algo envolvió mi cuerpo y sobre todo mi alma para siempre».

    En Barcelona ha trabajado como camarero, electricista, técnico de electrodomésticos y vendedor comercial. En 2009, en plena crisis económica, decidió volcarse de lleno en la música. «Intenté centrarme en un estilo que me permitiera realizar cualquier tipo de actuación; salas de baile, hoteles, bodas. Me decanté por la copla, el flamenco, la canción española y la canción ligera».

    En 2010 grabó su primer disco, ‘Cantando para ti’, en el que incluyó unos fandangos dedicados a Tesorillo. Ahí despegó su carera musical, llegando a grabar seis discos más: ‘Vida mía’, ‘A mi aire’, ‘La música sin ti’, ‘De todo un poco’, ‘Hasta el momento y mañana más’ y ‘A un pasodoble’. «Un disco con el que me siento muy satisfecho. Noto que hay una progresión en mi carrera y que me encuentro en un buen momento profesional», comenta Javier.

    «Mi infancia y adolescencia en Tesorillo, aquellas vivencias, no las cambio por nada en este mundo»

    En estos momentos se encuentra inmerso en la promoción de su último trabajo, ‘Aprendiendo a vivir’, con un formato totalmente diferente y en el que cumple otro de sus sueños: grabar en riguroso directo, en acústico y con una banda de músicos profesionales.

    Si echa la vista atrás, este tesorillero de adopción, corazón y sentimiento se siente un privilegiado. «Siempre con los pies en la tierra, sintiéndome feliz por lo que he conseguido y estoy consiguiendo, siendo un privilegiado por vivir de lo que me gusta desde muy 0pequeño. Siento que estoy alcanzando mi sueño, esa carrera artística que soñé. Siempre con las mismas ganas y la misma alegría. El secreto del éxito está en hacer las cosas con ganas, con amor e ilusión».

  • El reino de la lectura de Salvador Bermejo

    El reino de la lectura de Salvador Bermejo

    ‘El Reino de Drako’, del sanroqueño Salvador Bermejo, es solo un camino, una excusa para que los jóvenes lectores accedan a un reino aún más divertido y fantástico: el de la lectura. 

    Salvador Javier Bermejo Vázquez (San Roque, 1986) cuenta que se levantó una mañana decidido a contar una historia, a escribir un libro con el objetivo de ofrecer a niños una historia hecha a su medida para que sientan atracción por tomar un libro entre sus manos. Así creó ‘El Reino de Drako’, un libro de unas cien páginas del que ya se ha vendido unos 600 ejemplares y va por su tercera edición.

    «Con este libro quiero introducir y fomentar la lectura dentro de los colegios, ese es mi objetivo primordial. Los niños no pueden leer un único libro en un trimestre. Quiero atraer a los niños a la lectura y también involucrar a las bibliotecas para que sean un espacio para ellos y que lean más y jueguen menos a la Play», comenta este profesor.

    «Una de las cosas que me motivó a escribir es que m hija pudiera leer un libro de su papaíto, y ver un libro. escrito por mí en la biblioteca de mis padres es un orgullo»

    «Es un libro donde cada paso ha sido estudiado al milímetros para evitar que los niños se cansen o se aburran. Por eso, por ejemplo, escribí capítulos cortos para que pudieran leer tres o cuatro de un tirón y así tienen la sensación de que avanzan muchos y se motivan», declara Salvador Bermejo, que explica que durante la creación fue contando la historia a los niños para «saber qué le atraía, qué sentían». 

    ‘El Reino de Drakon’ cuenta la historia de dos hermanos, Clara y Andrés, que son también los hijos de Salvador. Eso, junto a que las ilustraciones son del padre del autor, lo convierten en un trabajo muy familiar. «Una de las cosas que me motivó a escribir es que mi hija pudiera leer un libro de su papaíto, y ver un libro escrito por mí en la biblioteca de mis padres es un orgullo», afirma el sanroqueño. Los personajes se introducen en un reino, el de Drako, que se divide en cuatro: el de las hadas, los orcos, los humanos y los enanos. «Cada uno tiene un simbolismo», puntualiza.

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    Bermejo no esperaba la buena respuesta que tuvo el libro. «Salió el 24 de diciembre y el 25, comiendo con mis padres, la gente me llamaba para pedirme uno», dice. De la primera edición ha vendido unos 200 ejemplares y no descarta una cuarta. «El pueblo de San Roque se ha volcado en esta iniciativa, y también otros pueblos como Castellar, Secadero y muchos institutos», dice. 

    «El pueblo de San Roque se ha volcado en esta iniciativa, y también otros pueblos como Castellar, Secadero y muchos institutos»

    Ahora, el autor quiere traducirlo al inglés para llevarlo a Gibraltar y por los colegios bilingües. El segundo objetivo es lanzar el segundo libro sobre la misma historia y que asegura que ya lo tiene «en la cabeza». «Lo estoy trabajando en los colegios para saber qué le ha podido faltar al primer libro, en qué se puede mejorar desde el punto de vista de los niños, que a veces te reclaman más batallas o más características de los personajes, aunque en ese sentido prefiero dejarlo a su imaginación», añade.

    Comenta las dificultades de sacar un libro al mercado y la escasa rentabilidad económica pero Salvador Bermejo se siente pagado con presentar una obra suya en San Roque o como lo hizo recientemente en la sede de Mancomunidad del Campo de Gibraltar. Pero, sobre todo, lo que le mueve a continuar es ver que niños se introducen en el maravilloso reino de la lectura a través de su Reino de Drakon.