Ana es una vecina de la Estación de San Roque que trabaja como maestra en una escuela de infantil en Cork, al sur de Irlanda. Esta experiencia le está ayudando a probar sus límites y crecer como persona.
Diplomada en Magisterio de Educación Primaria, esta sanroqueña por el mundo llegó al sur de Irlanda hace cuatro años para trabajar como au pair y ahora es maestra en una escuela infantil. Además, allí continúa ampliando su formación con cursos sobre Montessori y Educación Infantil. También asiste a clases de idiomas con el objetivo de obtener el certificado de inglés avanzado. “Siempre intento estar al día y seguir formándome”, apunta.
Tras acabar la carrera decidió salir fuera y hacer caso a su espíritu aventurero: “desde que tengo uso de razón siempre me ha apasionado la idea de vivir en otro país. Así que digamos que la crisis fue la oportunidad perfecta para cumplir uno de mis grandes sueños. Quería sentirme independiente”.
La experiencia está resultando fantástica: “ha sobrepasado todas las expectativas que tenía. Llegué siendo au pair, luego estuve trabajando en la cocina de un bar y hasta que encontré finalmente lo mío. Llevo trabajando como maestra en esta escuela un año y medio. Los dos primeros años conocí a muchísima gente nueva. En estos dos últimos años mi vida está siendo más tranquila; dedico mi tiempo libre a viajar y disfrutar cada pequeño momento porque sé que nos iremos pronto”.
Ana nos confiesa que “aunque me encanta este lugar, la vida está llena de etapas y esta está llegando a su fin. En un principio, mi pareja y yo nos planteábamos mudarnos a otro país extranjero, pero desde hace unos meses estamos barajando la posibilidad de trasladarnos a Málaga. Todavía no hay nada seguro pero nos encantaría, porque el sol y la calidad de vida de España es muy difícil de encontrar en otro país”.
Mientras tanto, Cork seguirá siendo su hogar. Y es que allí no se está nada mal. La multiculturalidad es uno de los mayores atractivos de este lugar. “Los irlandeses conviven muy bien con otras culturas. A mí nunca me han tratado mal y siempre me he sentido como en casa. En el trabajo todas mis compañeras son irlandesas y desde el primer día me integraron en el grupo. Ahora formamos una familia, lo que hace que nunca me cueste ir a trabajar. Ver a mis niños y charlar con mis compañeras alegra siempre mis días desde que me levanto”, nos explica.
Su tiempo libre lo dedica a disfrutar con su pareja y amigos, “nos vamos a cenar, de compras, al cine y a los pubs. Lo que más me gusta es viajar, me encanta conocer nuevas ciudades e imaginar cómo sería vivir en ellas”.
La sensación de libertad, la plena independencia y la oportunidad de crecer como persona son algunos de los fuertes de esta experiencia por el mundo: “el hecho de aprender a resolver todo sola; desde pagar las facturas a limpiar tu casa o hacer la colada. Conocer gente de diferentes países, aprender a hablar inglés, viajar por el mundo, probar tus límites y sobre todo conocerte a ti misma”.
Pero al mismo tiempo, esta sanroqueña de 27 años señala que lo peor es “echar de menos a la gente que quieres, a la familia y los amigos. Muchas veces los echas en falta y un FaceTime no es suficiente”.
“Aparte el olor a mar, las croquetas y el puchero de mi madre, ver la tele con mi hermana, las comidas interminables con mi familia y acabar la tarde yendo a comprar dulces a la Nueva; eso es lo que más se echa de menos. Lo que más extraño de nuestra tierra son los días de verano, cuando llegaba de la playa y me comía los caracoles de mi abuela con un buen vaso de gazpacho, hablando con mi familia todos juntos. ¡Esas noches de verano!”, concluye esta sanroqueña por el mundo.]]>
Ana Rodríguez: “lo mejor de esta experiencia es poder conocerte a ti misma”

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