Isabel Umbría, luchando día a día por los intereses de los más pequeños de la Estación

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Isabel Umbría Baena es una vecina de la Estación de San Roque muy activa en su barriada. Tiene 42 años, es presidenta de la Asociación de Vecinos La Piedra Gorda y forma parte  de la Asociación de Padres y Madres de Alumnos del colegio San Bernardo.

“Soy sanroqueña de adopción –indica- desde hace 15 años y aunque no olvido mi pueblo, Manises (Valencia), aquí me siento muy acogida y feliz, por ello mi implicación diaria”.

Según Isabel, la asociación de vecinos lleva un tiempo que no realiza actividades. “Con la llegada de la crisis la directiva decidió no pedir cuota a sus socio, así que nuestra actividad se ha centrado en realizar campañas de recogidas de alimentos junto a otras asociaciones, seguir con nuestro proyecto de CAMINACOLE con la AMPA y trasladar las sugerencias y quejas de nuestros vecinos a quien corresponde”, señala.

«Formar parte de la AMPA significa muchas cosas»

En cuanto a su participación en la AMPA del San Bernardo, esta sanroqueña de adopción asegura que “es una dedicación constante. “Día a día surgen nuevas ideas para que el colegio, mejores en todos los aspectos. Somos un equipo muy compenetrado y junto a la directiva del centro, capitaneado por D. Francisco Clotet, todo resulta más fácil y cómodo”, apunta.

“Formar parte de la AMPA- añade- significa muchas cosas: luchar, compartir, trabajar, disfrutar y sentirte viva y saber que formas parte de un bonito proyecto constantemente en movimiento. Lo que más me gusta es ver la evolución del colegio, aunque hay mucho que hacer. La  falta de aulas es un tema que tenemos que solucionar. Aumenta el número de niños en la barriada y el colegio se queda pequeño”.

Por otro lado, Isabel compagina todas estas actividades con su trabajo como Técnico Auxiliar de Biblioteca de la Red de Bibliotecas de San Roque y con el cuidado de sus hijos. “Ellos disfrutan conmigo, aunque no les gusta la idea de compartirme con los compañeros del cole”, sostiene.

Una mujer luchadora por los intereses de sus vecinos, sobre todo de los más pequeños, “algo muy gratificante, y más cuando tu esfuerzo es recompensado con la sonrisa de un niño que agradece lo que haces por ellos”, concluye.

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