Categoría: Magazine

  • La torre de la Iglesia, 250 años a sus pies

    La torre de la Iglesia, 250 años a sus pies

    La torre de la Iglesia de San Isidro Labrador cumple este año sus 250 años de historia. Finalizada en 1769, la torre campanario tiene 31 metros de altura, es de estilo ecléctico y en ella se conjugan elementos clásicos, góticos, mudéjares, herrerianos y barrocos. Fue construida en sillería de piedra arenisca por Fray José de San Miguel, hermano de San José del Cuervo.

    Testigo fiel de la historia del pueblo de Los Barrios, la Torre de la Iglesia de San Isidro Labrador (1769) celebra este 2019 los 250 años de su existencia. Una atalaya desde la que ha visto pasar la vida de un municipio que ahora le rinde homenaje tras haberse convertido en santo y seña de un pueblo, en el origen y el destino de miles de devotos que acuden cada día al templo junto al que se erigió. 

    Ahora es su pueblo quien le rinde los honores que merece volcándose con una efemérides  cuyo amplio programa se inició el pasado mes de marzo con la presentación del cartel, la exposición de las obras del certamen de pintura al aire libre y una conferencia de Manuel Álvarez Vázquez, que fue Cronista de la Villa. 

    También se procedió a la bendición de las réplicas en piedra de los patronos en la plaza de la iglesia y la torre tuvo el honor de presidir el acto de coronación de las reinas y damas de la feria local. Para el mes de septiembre, la organización ha preparado visitas guiadas a la torre y distintas ponencias para llegar hasta el 8 de diciembre, fecha en la que se celebrará la misa de clausura del aniversario.

    Pero si indiscutible es el protagonismo de la torre en el devenir de los barreños, y así lo demuestra este amplio programa de actos, de excepcional podrían considerarse sus características, tal y como afirma Manuel Álvarez Vázquez en su trabajo La Torre de la Iglesia de San Isidro en Los Barrios (1766-1769): un trabajo excepcional del arquitecto Fray José de San Miguel, publicado en el número 38 de la revista Almoraima. 

    “Como icono local, sin duda, la torre es la imagen o símbolo más característico y usado del patrimonio cultural, artístico y monumental de la Villa de Los Barrios”

    El que fuera cronista de la Villa de Los Barrios expone en sus conclusiones que la torre “es fruto de un singular legado de María Gabriela y su hermano presbítero Martín Lozano, capellán de la ermita de San Isidro, y uno de los principales impulsores de la nueva población de Los Barios que se formó en torno a esa ermita por exiliados gibraltareños a partir de 1704”.

    El investigador señala que a pesar de sus grandes dimensiones, la torre fue construida en tan solo dos años y medio, y “aunque supera la sencillez y austeridad tradicional propia de la arquitectura carmelita sigue siendo una brillante manifestación de la solidez, utilidad y armonía atribuidas también a esa arquitectura carmelita”, según puede leerse en la comunicación publicada en la revista del Instituto de Estudios Campogibraltareños (IECG).

    En opinión de Álvarez Vázquez, la torre-fachada de la iglesia barreña es un “excepcional exponente de ese tipo de fachada en la arquitectura carmelita” que, además, es ejemplo de las torres de similar diseño de la provincia de Cádiz. 

    “Como icono local, sin duda, la torre es la imagen o símbolo más característico y usado del patrimonio cultural, artístico y monumental de la Villa de Los Barrios”, concluye el historiador en su comunicación al tiempo que añade que si el templo de San Isidro fuese un castillo interior para la oración y recogimiento, la torre sería su más visible y señero torreón del homenaje. 

     

  • Un campus al alcance de todos

    Un campus al alcance de todos

    Superada la Selectividad, los alumnos que han optado por seguir cursando estudios superiores se enfrentan desde ahora a un nuevo proceso en el que tendrán que elegir la formación y la universidad que más se adapte a sus necesidades. El período de preinscripción para acceder a una plaza en la universidad andaluza finaliza el próximo 5 de julio. Hasta entonces, los futuros universitarios tienen que elegir en qué centro quieren continuar con su formación, y el Campus Bahía de Algeciras, es también una opción. 
    La oferta comarcal universitaria incluye un amplio abanico de posibilidades que pueden abrir una puerta a muchos jóvenes que no quieren o no pueden cursar estudios fuera. El campus, repartido en centros de Algeciras y La Línea, ofrece actualmente un catálogo de 11 grados que comprende áreas tan diferentes como el derecho, la ingeniería, la administración de empresas, la enfermería o la educación; y un total de cinco másteres que complementan la formación posgrado de los alumnos en ámbitos tan dispares como las energías renovables, la gestión portuaria, la ingeniería o la prevención de riesgos laborales.
    Inmaculada Santiago, delegada del Rector de la Universidad de Cádiz en el Campus Bahía de Algeciras, destaca algunas de las ventajas que obtiene el alumno cuando entra a formar parte de la universidad gaditana. “Lo que nos diferencia del resto es el trato cercano del alumno con el profesor. Al ser un número más reducido de estudiantes, podemos establecer esa relación que, como hemos comprobado en diversas ocasiones, es muy valorado por los jóvenes”, explica Santiago.
    La ubicación del Campus Bahía de Algeciras en un entorno industrial como el que disfruta el Campo de Gibraltar permite a la universidad erigirse en la única de todo el país que puede asegurar a sus alumnos prácticas curriculares. “Tenemos la suerte de contar con distintos convenios de colaboración con empresas de la zona que permiten que nuestros alumnos puedan desarrollar parte de su docencia en el seno de empresas como Acerinox o Cepsa. Iniciativas que no solo se limitan a las prácticas sino a un amplio programa de actividades gracias a las cuales el alumno está recibiendo información de los procesos productivos de forma directa”, explica la delegada del rector.

     

    OFERTA UNIVERSITARIA DEL CAMPUS BAHÍA DE ALGECIRAS

    Grados

    • Administración y Dirección de Empresa
    • Derecho
    • Enfermería
    • Educación Infantil (Virgen de Europa, centro adscrito en La Línea)
    • Educación Primaria (Virgen de Europa, centro adscrito en La Línea)
    • Ingeniería Civil
    • Ingeniería en Tecnologías Industriales
    • Relaciones Laborales y Recursos Humanos
    • Ingeniería Mecánica
    • Ingeniería Eléctrica
    • Ingeniería Electrónica Industrial

    Másteres

    • Máster en Energías Renovables  y Eficiencia Energética
    • Máster en Gestión Portuaria y Logística
    • Máster en Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos
    • Máster en Ingeniería Industrial
    • Máster en Prevención de Riesgos Laborales


    Consejos para el proceso de inscripción

    ¿Cómo realizar la inscripción?
    Lo más importante a la hora de cumplir con este proceso es indicar, en orden preferente, la titulación y el lugar en el que el alumno desea cursar sus estudios. El orden de preferencia es de vital importancia puesto que es el primero que el sistema establecerá.
    ¿Cuándo debe formalizarse la matrícula?
    Si el alumno consigue la plaza en la primera lista de admitidos, está obligado a formalizar su matrícula. Si no lo ha logrado, puede esperar a la segunda lista, mantenerse en el sistema a la espera del siguiente corte.
    ¿Cuánto cuesta una matrícula?

    • La matrícula es gratuita si la nota final del Bachillerato ha sido la de Matrícula de Honor
    • El primer curso completo cuesta entre los 700 y los 800 euros.
    • En los siguientes años, y dependiendo del número de créditos aprobados, la matrícula se reduce y se limita al pago de una tasa obligatoria.

     ]]>

  • María Zalea, un siglo de vida

    María Zalea, un siglo de vida

    Nació en 1919 en Casares, Málaga, y es vecina de San Martín del Tesorillo desde 1941. María Valadez Ramos, conocida en el pueblo como María Zalea, éste último por el apodo de su marido, presume de haber cumplido cien años en un estado inmejorable, tanto físico como sobre todo mental. Fuerte de cuerpo, de mente y de espíritu, esta centenaria vecina lleva grabada en su piel un siglo de historias y miles de anécdotas. Su lema: “poner siempre ánimo a la vida”.

    Buscamos la casa de María Zalea y preguntamos a una vecina. “Es esa de ahí. Está deseandito. Os está esperando”. Tocamos el timbre y nos abre la puerta al segundo. Nos recibe con una sonrisa de oreja a oreja y con un aspecto fabuloso.  Nadie diría que tiene cien años; “cien años y cuatro meses”, como nos corrige en todo momento. Está preciosa. Ella es coqueta, pero es que nos confiesa que hoy además se ha preparado especialmente para recibirnos. Está entusiasmada y lo primero que nos enseña es su patio, sus flores. Pero pronto el calor nos invita a pasar al salón. Alrededor de una mesa camilla, anonadados por su vitalidad, escuchamos sus cientos de aventuras.

    En todo un siglo ha debido de cambiar mucho la vida. “Muchísimo. A los jóvenes de ahora os contamos todo lo que hemos pasado y es que no os lo creéis. Mi vida la verdad es que ha sido buena. He tenido una juventud buena. Mi madre falleció cuando yo tenía nueve meses así que a mí me crió mi abuela. Ella me lo enseñó todo, a coser, a bordar, a hacer de todo”, explica y encima hasta nos lo demuestra. Zalea coge su caja de encaje de bolillos, se excusa por tener que ponerse las gafas y nos enseña su habilidad con el hilo. “Esto tiene mucho meneo”.

    «La juventud de ahora también es muy bonita. Me encanta cuando veo a las muchachas con sus collares, sus falditas, sus tacones, entrando y saliendo con tanta libertad»

    “Mi vida cambió cuando saltó la Guerra Civil. Ahí lo pasó mal todo el mundo. Mi padre y mis hermanos (ocho, de los que hoy viven sólo dos) fuimos corriendo, huyendo, a Estepona, después a San Pedro y Marbella. Yo iba cosiendo por las casas a cambio de comida”. Cuando terminó la guerra se instaló en La Línea para trabajar en la casa de una familia pudiente pero que se acabó trasladando a Madrid. “Me dijeron que me fuera con ellos. Pero yo tan lejos no me quería ir. Me fui con otra familia rica a Málaga. Era gente muy buena. A mi padre lo metieron preso y, aunque en aquellos tiempos no se podía hablar, un día se lo conté a los señores y me ayudaron para que lo viera. Fueron muy buenos. Ellos también volvieron a Madrid y yo ya regresé a Casares. Como no tenía trabajo me vine a Tesorillo con una amiga para trabajar en el arroz, en el campo”.

    Aquí conoció a su marido, Francisco Sánchez González. Un tesorillero guarda de naranjas con el que construyó su casa, su hogar y su familia. Una familia que hoy suma un hijo, tres nietos y tres bisnietos. “Mi boda fue preciosa. Mi padre se peleó conmigo porque yo me escapé con mi marido y aquello entonces era una deshonra. Fuimos a la iglesia el padrino, la madrina y los novios. Se acabó. El traje me lo hice yo, era azul y llevaba los zapatos negros. Fuimos muy felices aquí en Tesorillo. Mi marido trabajaba en el campo y yo me dedicaba a coser y bordar a máquina”. Así tiraron hacia adelante, siempre juntos, hasta que Francisco falleció hace catorce años.

    El testimonio de María Zalea no sólo nos recuerda la dureza de aquellos tiempos, sino que, además, a pesar de todo, entonces se era feliz con muy poco. “Éramos felices, aunque no había mucho que comer. Comíamos habichuelas, arroz y leche. Eso era lo poco que se comía. Yo dormía en una colchoneta en un pajar y era feliz. Hoy en día no se aprecie realmente la abundancia que hay de todo”.

    Su oficio y ocio siempre ha sido la costura, el corte y la confección. Le gusta hacer ganchillo, crochet, bordados a mano y a máquina. Incluso llegó a impartir clases de bordado en su casa. Y es que a ella nada le frena. Su mente y espíritu joven no le permiten estar quieta. A los 85 años se interesó en ir a clases y mejorar su técnica para hacer encaje de bolillos. Hoy, a sus cien años, hace su propia compra, cocina y se relaciona con el resto de sus vecinos.

    «me fui con otra familia rica a málaga. Era gente muy buena, a mi padre lo metieron preso; aunque entonces no se podía hablar, un día se lo conté a los señores y me ayudaron para que lo viera»

    También hace manualidades. “Hago pendientes, collares y pulseras para mi familia. Estoy todo el día haciendo cosas. Me encanta. Nunca paro”, añade. Es coqueta. Siempre lleva un poco de tacón, va a menudo a la peluquería y le atiende una esteticién a domicilio. “Me gusta arreglarme. Las personas mayores se tienen que arreglar”.

    ¿Cuál es el secreto? Nos explica que come muy poco. “Si os cuento lo que como no me creéis”. Como dice ella, come “lo que preciso”. Todos los días se bebe un vaso de naranjas de Tesorillo. Por la mañana desayuna café migado, almuerza algún guiso de patatas o emblanco, “pero poquito, lo que me apetece”, y ya no come más hasta la noche, cuando cena pan tostado con jamón y un descafeinado.

    «¿Cual es el secreto? Como lo preciso: un vaso de naranja de Tesorillo, café migado, algún guiso de papas o emblanco para almorzar y, a la noche, pan totado con jamón y un descafeinado»

    ¿Y el descanso? “Descanso ha habido poco. Siempre he andando mucho. A mi marido le llevaba todos los días el desayuno, el almuerzo y la merienda al campo. Todo el día dando viajes. También teníamos que ir a coger cántaros de agua a la plaza del pueblo porque aquí no había”.

    Además de una alimentación sana, equilibrada y en pocas cantidades, y una vida activa, Zalea nos confiesa que no pone el telediario. “Yo no escucho el parte porque me pongo nerviosa. Eso de que si uno ha matado a otro no me gusta. Eso antes no se veía”.

    Y es que sí, la vida ha cambiado y mucho. “A mí la vida moderna de ahora me encanta. El divorcio por ejemplo lo veo bien porque antes se tenía que aguantar todo. Hoy ya no se aguanta, no hay por qué. La juventud de ahora también es muy bonita. Me encanta cuando veo a las muchachas con sus collares, sus falditas y sus tacones, entrando y saliendo con tanta libertad. Hoy hay tanto que hacer y tanto que comer. Antes en la escuela merendábamos un cacho de pan mojao en agua. Me acuerdo que el día que hice la Comunión sí que probé un poquito de chocolate y una sola galleta, ya está”.

    Su familia, su hijo, su nuera y sus nietos, se volcaban este pasado mes de enero para celebrar su cien cumpleaños por todo lo alto. “Me hicieron una fiesta sorpresa qué vamos, ni una boda tenía nada que ver. Nos reunimos todos y lo pasé muy bien. Estoy muy contenta con mi familia, con los mayores y con los chicos que me quieren mucho”.

    Tesorillo también cuida a su ilustre vecina. “Cómo está el pueblo conmigo. Estoy muy contenta con la gente, con mis vecinos. Me han hecho ya varias entrevistas y también me llamaron para que diera una charla sobre mi vida. Todo el mundo me conoce. Aquí somos todos como una familia”.

    Cada año su meta es subir dos escalones; uno el de volver a disfrutar de una nueva Noche Vieja y Año Nuevo, y otro, justo 14 días después, el de cumplir un año más, y ya van cien, cien y cuatro meses, con la salud, la vitalidad y el optimismo que le caracteriza y que sobre todo. contagia. Esta centenaria vecina se despide de nosotros con una frase que termina de conquistarnos: “Para cualquier cosa que necesitéis, ya sabéis donde estoy”. Gracias María. Aunque no lo sepas. Esta tarde ya has hecho mucho por nosotros.

  • Javier Chicano: “Los barreños podemos estar orgullosos del gran paraje natural que tenemos”

    Javier Chicano: “Los barreños podemos estar orgullosos del gran paraje natural que tenemos”

    Apasionado de la naturaleza desde que tiene uso de razón, Javier Gómez Chicano es un vecino de Palmones que lleva diez años trabajando como técnico de la estación biológica de Doñana. Capataz forestal por la escuela de San Juan del Puerto de Huelva, en estos momentos desarrolla un proyecto de monitoreo de mamíferos carnívoros mediante la técnica del foto trampeo, impulsado por el Instituto de Estudios Campo gibraltareños y la Sociedad Gaditana de Historia Natural.

    “En Doñana trabajo con rapaces, pero desde muy pequeño siempre me han gustado los mamíferos carnívoros. Hace quince años ya trabajé con Eduardo Briones y Andrés Muñoz en un proyecto de monitoreo de carnívoros en los montes públicos del término municipal. Ahora mismo lo estamos repitiendo pero en todo el Parque de Los Alcornocales”, explica.

    El trabajo de Chicano es colocar, mediante GPS y buscando un paso habitual de fauna, cada una de estas cámaras de foto trampeo con una distancia de kilómetro y medio entre una y otra. “Cada quince días descargo las tarjetas y a los treinta quitamos la cámara y la colocamos en otro lugar. A veces me llego a encontrar 500 fotos o 2.000 fotos. Luego las estudiamos y las clasificamos”. En estos momentos cuentan con más de cien mil fotografías.

    Uno de los objetivos de este proyecto es elaborar un registro completo, que no existe en la actualidad, sobre qué especies de carnívoros habitan en Los Alcornocales, determinar su distribución y densidad. “Ahora mismo solo trabajamos en los montes públicos, pero estamos abiertos a colaborar con las fincas particulares que lo deseen”, apunta.

    Las primeras conclusiones de este estudio, que se prolonga durante un año y esperan que esté concluido en el año próximo, señalan que la densidad de carnívoros en los montes públicos muestreados está “bien representada”, identificando por el momento a siete especies: zorro, comadreja, garduña, tejón, jineta, meloncillo y nutria, que suponen el 46,6% de las presentes en España, en solo 330 kilómetros cuadrados del término municipal. Todavía faltan algunas, grandes incógnitas en la provincia desde hace tiempo, como son el turón y el gato montés. Javier y su equipo colaboran además con otros proyectos del mismo tipo en la estación ambiental Madrevieja y en los montes de Jerez.

    «por el momento se han identificado a siete especies de carnívoros: zorro, comadreja, garduña, tejón, jineta, meloncillo y nutria»

    “También estamos dando charlas por los institutos de la zona para que los jóvenes conozcan qué especies de carnívoros tenemos y cuáles están ya ausentes, como el lobo y el oso. Esto a los alumnos les sorprende siempre mucho”, añade.

    MOULTRIE DIGITAL GAME CAMERA

    Para mantener este proyecto de investigación en marcha se necesitan muchas horas de trabajo, esfuerzo y dedicación personal. La mayor parte de la financiación sale de sus propios bolsillos. A pesar de este importante esfuerzo, lo que más reconforta es “hacer algo que todavía no ha hecho nadie y poder enseñarlo al resto de la ciudadanía”, como en las Jornadas que bianualmente celebra en la comarca el Instituto de Estudios Campo gibraltareño.

    «Lo que más reconforta es hacer algo que todavía no ha hecho nadie y poder enseñarlo al resto de la ciudadanía»

    Javier no duda en poner en valor la riqueza y diversidad de especies del Parque de Los Alcornocales. “Aunque no lo apreciemos a simple vista, sí podemos hacerlo con este tipo de proyectos”. Considera que “el monte del alcornocal se está cerrando mucho, lo estamos abandonado. Tenemos que volver a trabajar más el campo y reintroducir algunas especies. Los barreños podemos estar orgullos del gran paraje natural que tenemos, pero hay que cuidarlo y conservarlo”.

    [galleries:vertical:3172]
  • Antonio Vegara, protagonista del primer número de El Venturi Magazine

    Antonio Vegara, protagonista del primer número de El Venturi Magazine

    Llega a las calles de Tarifa el número uno de El Venturi MagazineUna revista que aterriza por primera vez en este municipio cargada de contenidos sociales, históricos, culturales y deportivos. Un producto gratuito, que imprime el grupo 8Directo, por y para Tarifa y los tarifeños.

    El protagonista de esta nueva portada es Antonio Vegara Jiménez, ecologista, amante del deporte y docente tarifeño. En los noventa fue líder del movimiento contra el polémico cable de Tarifa y hoy, junto a sus alumnas de la Sección de Educación Permanente de Tarifa, trata de buscar una aplicación práctica al alga invasora.

    En la sección La Entrevista hablamos con Mane Cisneros, fundadora y directora del Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT). Un festival independiente que cumple ya 16 años y que se consolida edición tras edición. El joven diseñador Nacho Blanco Peralta, Olivo de Plata 2019, y el profesor de conservatorio y director de la banda municipal, la coral de Tarifa y el coro de cámara Ars Morendi, José Muñoz, son los protagonistas de otra de nuestras secciones, Nuestra Gente, en la que nos proponemos conocer a nuestros vecinos más destacados.

    En el reportaje principal de esta revista conocemos el trabajo de la empresa Conservera de Tarifa. En Cultura hablamos con la periodista y mediática presentadora Raquel Sánchez Silva sobre su última novela, ‘El viento no espera’, y que tiene al municipio de Tarifa y el Estrecho como escenario protagonista. La sección Deportes la dedicamos, como no, al calendario de las prácticas deportivas estrellas en este municipio del viento: el windsurf y kitesurf.

  • La Estrella del Regüé, veinte años construyendo una Jimena más inclusiva

    La Estrella del Regüé, veinte años construyendo una Jimena más inclusiva

    Construir una Jimena más inclusiva es el objetivo de un grupo de madres y padres que no se cansan de derribar todo tipo de barreras desde la asociación La Estrella del Regüé. El pasado 28 de febrero, Día de Andalucía, el Ayuntamiento reconocía a este colectivo por ser “auténticas madres y padres coraje, mostrando una actividad incansable a lo largo de estos veinte años”.

    La asociación surge en 1999, cuando “decidimos unirnos para enfrentarnos juntos a los problemas y limitaciones de nuestros niños y niñas que sufren algún tipo de discapacidad. A lo largo de estos años hemos ido detectando necesidades que surgían en educación, desde la infancia con la falta de monitores para su acompañamiento hasta la falta de adaptación de materiales. En sanidad, al considerarlos enfermos crónicos en la mayoría de los casos, el acceso a la rehabilitación está muy limitado. También encontramos limitaciones en el ocio y tiempo libre, en la accesibilidad de nuestro pueblo”, explica María del Mar Casas, presidenta del colectivo.

    Con la constancia, el trabajo solidario y la ayuda de más de cincuenta socios y colaboradores, La Estrella del Regüé ha logrado mejorar significativamente aspectos que limitaban el desarrollo de estos jóvenes. También trabajan por ofrecerles actividades alternativas necesarias para su día a día. “Empezamos cuando eran muy pequeños, y ahora muchos de ellos ya están integrándose en el mundo laboral”.

    En La Estrella no importa el tipo de discapacidad; parálisis cerebral, Asperger, síndrome Down, síndrome Williams, retraso madurativo. Aquí todos encuentran nuevas oportunidades. “Nuestro objetivo se centra en detectar las necesidades comunes para ofrecer soluciones conjuntas”, añade Casas.

    En esta asociación fomentan el ocio y tiempo libre adaptado y ofrecen servicios especializados de rehabilitación, logopedia y apoyo psicológico. Para ello desarrollan actividades benéficas que sirven para recaudar fondos, como en el Mercadillo Navideño, que ya se ha convertido en una cita imprescindible, o en los pases de modelos, las rutas de senderismo y otras actuaciones musicales. Cada verano organizan además un taller de tiempo libre, en el que se celebran excursiones, manualidades, rehabilitación en la piscina y actividades lúdicas.

    En estos momentos trabajan en el desarrollo de nuevos proyectos, talleres de hipoterapia y cursos de natación en invierno. “Estas nuevas actividades implican nuevos retos para la búsqueda de subvenciones y recursos económicos necesarios para poder ponerlos en marcha”.

    La presidenta de La Estrella aprovecha para lanzar un mensaje de agradecimiento. “Gracias a todos los que siempre están, de una manera o de otra, colaborando y ayudando en todas las actividades. Vuestro apoyo se convierte en calidad de vida para los que más lo necesitan. Nos habéis acompañado durante estos veinte años, habéis compartido las limitaciones y necesidades de nuestros hijos e hijas, y habéis hecho posible que Jimena sea más diversa, más inclusiva y más visible”.

  • «No hay mayor descubrimiento ni mayor aprendizaje que lo que un libro nos enseña»

    «No hay mayor descubrimiento ni mayor aprendizaje que lo que un libro nos enseña»

    Estefanía Sánchez García dirige desde 2002 la biblioteca pública municipal José Riquelme. Licenciada en Filología por la Universidad de Málaga, ha impartido clases en Secundaria y lleva más de 17 años trabajando en la animación de la lectura infantil.
    “Trabajar en la biblioteca de mi ciudad es un sueño cumplido. Soy una persona muy afortunada desarrollando mi profesión entre libros y haciendo una labor que me apasiona”. Y es que Estefanía es aficionada a la lectura desde muy pequeña. “Mis padres me recuerdan siempre con un libro en la mano. Por eso decidí estudiar Filología, para profundizar en mis dos pasiones; la lengua y los libros”, explica.
    Actualmente la biblioteca municipal José Riquelme cuenta con más de 4.600 usuarios. Cada día acuden a estas instalaciones, en el edificio del Istmo, entre 100 y 120 personas para consultar su catálogo bibliográfico, compuesto por unos 25.500 ejemplares en papel, más los de la hemeroteca.
    Además del trabajo diario, con un par de actividades destacadas por semana, el equipo de Estefanía pone cada año en marcha un programa de fomento de la lectura, que incluye actividades propias de animación a la lectura infantil, como cuentacuentos, animaciones infantiles y teatro, y las de animación para el público adulto, como recitales, presentaciones de libros, lecturas compartidas, selecciones bibliográficas y conferencias. Este 2019 también han sido parte responsable de que La Línea recupere la Feria del Libro después de once años.
    Para Estefanía lo mejor de este trabajo es “cuando ves que los peques se van de la biblioteca con una gran sonrisa y pidiendo a sus padres volver. Eso es lo máximo. El gran valor de la biblioteca es sin duda el usuario”. Sin embargo, por otra parte, la falta de recursos y de espacio son los mayores problemas de esta biblioteca.
    Fotos: Manolo Glez.
    En la José Riquelme enfrentan además otro gran reto: llevar la cultura de base a las barriadas a través de la Red de Bibliotecas Local. “Dada la situación social de nuestra ciudad, la cultura debe llegar a todos y eso se consigue si en cada barriada existe una biblioteca pública. Esas bibliotecas de barrio deben ser el inicio del acercamiento de las personas a la cultura, al acceso a la información, que sirva como elemento de dinamización cultural”, apunta Estefanía.
    Esta linense que se pierde entre libros envía un mensaje al resto de vecinos de la ciudad: “No hay mayor descubrimiento ni mayor aprendizaje que lo que un libro nos enseña. Para avanzar, para cambiar nuestra sociedad, el arma más importante es la cultura, el conocimiento y la educación, y éstas empiezan sin duda en la biblioteca. Allí os espero”, concluye.
     ]]>

  • Un ‘profe’ olímpico en Castellar

    Un ‘profe’ olímpico en Castellar

    Juan Manuel Muñoz Díaz (Écija, 1969) es uno de los privilegiados deportistas que han participado en Juegos Olímpicos, en su caso en dos, Beijing 2008 y Londres 2012. Un jinete olímpico que desde hace tres años es entrenador de doma clásica en Castellar de la Frontera, en la Finca San Rafael, donde realiza cursos, clinic y torneos.

    Con cinco años ya se montó a un caballo de la mano de su padre, buen aficionado, y a los 18 enfocó su carrera a hacerse profesional de la doma. Durante 15 años trabajó en la Yeguada Cárdenas de Sevilla, una de las más importantes de pura raza. Allí comenzó su relación especial con el caballo ‘Fuego’, un pura raza con el que compitió en campeonatos de Europa, con el que fue cuarto en el Mundial de doma de Kentuchy (EEUU), dos olimpiadas y obtuvo muchos títulos a nivel nacional.

    “Es una relación especial la del caballo y el jinete. Hay que tener en cuenta que a esos niveles es muy difícil tener caballos, necesita un entrenamiento diario de entre cinco y siete años; olímpicos puede haber unos 60”, explica Juan Manuel Muñoz, que asegura también que “unos Juegos Olímpicos es lo máximo a lo que aspira un jinete”. “Además, eso te abre muchas puertas”, añade. Una de esas puertas es la blanca que da acceso a la Finca San Rafael, en Castellar.

    En ese espacio integrado en el Parque Natural de Los Alcornocales enseña su experiencia y conocimientos de doma clásica. “Manolo Cárdenas, alumno y amigo, me dijo que se abría un centro de alto rendimiento y me pareció un proyecto importante en una finca que tiene todas las condiciones para el deporte de caballo, tanto de clima como de pistas. Estamos muy bien situados en Andalucía y tenemos clientes de diferentes países”, comenta cómo fue su desembarco en tierras chisparreras.

    Por la finca pasa desde gente que quiere subirse por primera vez a un caballo hasta alumnos que ya compiten. Juan Manuel Muñoz considera que Castellar y sus alrededores es una zona “con mucho movimiento de caballo, con el polo de Sotogrande, Montenmedio de Jerez cerca, Sotogrande, Santa María, Dos Lunas, San Rafael… Estamos una situación perfecta para este deporte”.

    Después de años de competición al más alto nivel, Muñoz se siente cómodo en la enseñanza. “Me gusta y se me da bien transmitir los conocimientos; llevo toda la vida haciéndolo”. Considera que el entrenamiento para doma clásica es “lenta y se basa en tener el control del caballo”; por ello se entrena a diario y de conjunta animal-jinete, mientras que el hombre debe tener un deporte alternativo como natación o atletismo porque se necesita un físico que ayude a mantener el equilibrio. “Un caballo no es una moto o una bici, es un animal vivo, que siente”, declara Muñoz, que sin embargo dice que a veces es más difícil enseñar a los jinetes.

    El jinete olímpico afincado ahora en Pueblo Nuevo de Guadiaro y que trabaja en Castellar asegura que los deportes del caballo, y en particular la doma clásica, está en auge en España. “En España hay mucha tradición de caballo pero más en fiestas que en deporte, pero cada día hay más competiciones y nos podemos encontrar 2.000 o 3.000 caballos compitiendo cada mes y se está mejorando mucho la raza enfocada al deporte”, expone Muñoz, que añade que “es uno de los países que más ha evolucionado en los últimos años”.

    Esa tradición está haciendo que muchas amazonas y jinetes jóvenes opten por la disciplina de doma o de salto. Ayudar a esa savia nueva de la doma española, andaluza y de la comarca es uno de los objetivos de Juan Manuel Muñoz, un ‘profe’ olímpico que imparte clases en el término municipal de Castellar de laFrontera.

  • La Casita de Campo, donde vive el origen de Tesorillo

    La Casita de Campo, donde vive el origen de Tesorillo

    A la par que se construye San Martín del Tesorillo como municipio independiente, se reconstruye su origen: la Casita de Campo. La Casa de los Larios, como también se le conoce, es el primer renglón de la historia de un pueblo que sigue escribiéndola. En 1882 se levantó este edificio, el primero de la familia Larios en el Campo de Gibraltar. Era una casa de campo, una vivienda rural de ocio que se situó en el cortijo de Montenegral Bajo. En torno a esa familia y a esa edificación se formó San Martín del Tesorillo, nombre que procede precisamente del primer marqués de Larios, Martín Larios Herreros, padre de los constructores de la edificación y presidente de la Sociedad Industrial y Agrícola de Guadiaro.

    La Casita de Campo, como cariñosamente se le llama en el pueblo, tiene con 800 metros cuadrados repartidos en dos plantas y un sótano. Se trata de una construcción tradicional de estilo victoriano, con un torreón poliédrico muy propio de las construcciones inglesas. En ella se distinguían, y aún se distinguen, dos partes bien diferenciadas: una destinada a sus potentados habitantes y otra, al servicio. La primera se construyó con gusto noble y con materiales de calidad, y por ello se encuentra mejor conservada en la actualidad; mientras que el ala que usaban quienes servían es más humilde y ha sufrido más el paso del tiempo.

    La casa, en su interior, contaba con un hall, grandes salones, un comedor, un sistema de calderas y chimeneas, depósitos de agua, dormitorios y una cocina de hierro forjado que era una de las joyas de la edificación pero que ha quedado seriamente dañada por los actos vandálicos durante su época de desuso.

    En el exterior, la Casita de Campo contaba entonces con 10.000 metros cuadrados de jardín botánico, con numerosas especies tanto de fauna como de flora, algunas de ellas exóticas. También una pista de tenis, un deporte prácticamente desconocido en el Campo de Gibraltar. Todo muy inglés y muy noble.

    La casa perteneció a los Larios hasta los años treinta del pasado siglo. Entonces, el terrateniente Juan March compró los latifundios a la familia Larios y los dividió en parcelas, poniéndolas a la venta a agricultores de otras zonas de Andalucía y Valencia. La vivienda dejó de ser de uso y disfrute familiar para convertirse en un lugar empresarial. Fue en abril de 2011 cuando, tras un convenio con distintos propietarios, pasó a titularidad municipal y se registró a nombre del Ayuntamiento de Jimena de la Frontera.

    Reconstruir la historia

    El abandono durante años del edificio y el paso del tiempo dejaron a la histórica Casa de los Larios en un estado muy deteriorado. La asociación Todos por la Casita de Campo comenzó a trabajar en su recuperación. La Diputación de Cádiz apoyó la causa y, a través de los planes Invierte ha aportado los 100.000 euros invertidos hasta ahora en su reconstrucción. Se calcula que el proyecto completo de reforma va a estar entre los 300.000 y 400.000 euros. Con el dinero procedente del primer plan de Diputación se decidió intervenir en algo que era fundamental para que no continuara su deterioro: la cubierta y la estructura. Se levantó la cubierta, se impermeabilizó para que no siguiera entrando agua en el edificio, se asentaron los cimientos entre plantas y se cerraron las ventanas. En el segundo plan el objetivo es recuperar la fachada, enlucir y pintar. Todo eso, intentando respetar, dentro de lo posible, el estilo y los materiales originales. 

    Una vez que esté en condiciones, hay varias intenciones sobre el uso que debe tener. Hay quienes entienden que debe ser la Casa Consistorial del municipio, mientras que otros piensan que debe ser un espacio cultural y de disfrute de los ciudadanos. La importancia de este edificio que ahora se está recuperando va más allá del valor como construcción material y tiene un valor sentimental e histórico para un pueblo que está unido a esta Casita de Campo.

     

     

  • El cierre de la Verja: medio siglo de historias

    El cierre de la Verja: medio siglo de historias

    Con el Brexit como espada de Damocles, en este 2019 se cumple medio siglo del cierre de la Verja -con mayúsculas- que duró doce años y que tuvo unas consecuencias devastadoras para una La Línea de la Concepción, que vio marchar a gran parte de su población –hay cálculos que hablan de más de 30.000 habitantes-. Sin aquel cierre es posible que aquella ciudad en pleno crecimiento, hoy, sería otra. Numerosos actos recuerdan durante todo este año aquellos hechos del 69 con conferencias, exposiciones, recopilación de documentación y testimonios, entre otros. Para ello, se ha puesto a disposición las webs 50yquenoserepita.com y 50yquenoserepita.gi. Es difícil escoger un título más apropiado.

    La memoria histórica

    Para no tropezar una segunda vez con la misma piedra es importante saber que la piedra está ahí. El objetivo principal de estas actividades que se enmarcan bajo el título de ‘50 años: Muchas historias que contar’, organizadas por el Ayuntamiento de La Línea, es difundir aquellos hechos a través de la historia general pero también la personal.
    Durante la celebración de una mesa redonda se reunieron una serie de personas de ambos lados de la Verja para relatar sus experiencias personales de aquel momento histórico. Relatos en primera persona del singular, detalles que no aparecen en los libros de Historia pero que dan una dimensión más humana y comprensible de la misma. Estos son algunos de sus testimonios.
    El empresario linense Lorenzo Pérez-Periáñez, actual presidente del Grupo Transfronterizo, relata lo que supuso el cierre de la Verja para miles de familias empresarias. La suya sufrió en sus propias carnes la fatídica decisión de Franco. “Mi familia tenía negocios y vimos reducidos nuestros clientes porque casi todos ellos, en un 90%, eran trabajadores de Gibraltar. Muchos empresarios tuvieron que cerrar sus negocios y otros, como mi padre, tuvieron que irse a la Costa del Sol o a otros pueblos de la comarca para mantener la estructura de sus empresas. Comercialmente fue una situación dramática”, explica Lorenzo. Incluso cuenta que “comerciantes de Algeciras, La Línea e incluso Málaga hablaban con los militares y realizaban presiones para que no se cerrara Gibraltar, hasta que se cerró”.
    Juan Domingo Macías es escritor linense. Varias de sus novelas se desarrollan en este contexto y relatan muchas historias reales. Cuenta que, tres años antes del cierre definitivo de 1969, ya se produjeron otras limitaciones del tránsito normal entre La Línea y Gibraltar que ya tuvieron importantes consecuencias. “Dejaron de trabajar cerca de 3.000 mujeres que limpiaban en casas, en bares, y muchas traían de estraperlo jabón, ropa y recuerdo que hasta bolas de Navidad. También muchos hombres que llevaban en sus mulos o carros frutas y verduras que se vendían en tiendas de Gibraltar. Todo eso se interrumpió en el 66”.

    Un protagonista de la política comarcal durante la permanencia del bloqueo y la festejada apertura de 1982 fue Juan Carmona, alcalde linense entre el 79 y el 84. “Durante todo este tiempo no se ha hablado mucho sobre este tema”, lamenta. Dice que Franco fue muy cuidadoso con Gibraltar, los británicos y los aliados hasta que se sintió fuerte con el respaldo norteamericano y, a partir de ahí, “inició una escalada de acoso y restricciones que culminó en el cierre del 69”. Entonces, cuenta Juan Carmona, él tenía 18 años recién cumplidos y vivía en Madrid, pero veraneaba en La Línea y fue testigo de cómo se hundieron los negocios de sus abuelos en Gibraltar. “En aquel momento se estaba produciendo una simbiosis entre La Línea y Gibraltar, eran ciudades muy complementarias y no de dependencia como ahora”, asegura en referencia a la situación que se vivía antes del cierre.
    Carmona atesora, de esa época y de cuando ya fue alcalde de la democracia, numerosas anécdotas. “Muchos de los linenses que trabajaban en Gibraltar decidieron emigrar a Inglaterra. Siendo alcalde, en los ochenta, recibí una invitación de la Casa de La Línea en Londres, que contaba con unos 7.000 socios totalmente integrados en la sociedad británica, pero conservaban hasta una feria y elegían sus reinas y todo”, cuenta una de ellas.
    Juan Carmona era alcalde cuando se produjo la apertura de la frontera. Una vuelta a la normalidad que fue paulatina. “Yo me dedicaba a provocar al gobernador civil para que fuese más flexible con la prohibición planteando temas humanos y urgentes: el paso de una ambulancia, coches fúnebres, bomberos de allí que intervinieron en el incendio de Almacenes Mérida y algunas actividades deportivas”, comenta el exalcalde. “Recuerdo un concurso de pesca en el Peñón que invitó un club linense a participar y se dio el permiso. Incluso ganaron un trofeo que no pudieron traerse”, añade. Explica también que en el 82 vulneró el bloqueo para participar en una reunión con el sindicalista Pepe Netto: “Hicimos el viaje en lancha desde Guadarranque y a la vuelta nos estuvo esperando la Guardia Civil”.
    Al otro lado de la Verja, Tito Vallejo, conocido historiador gibraltareño, de padre linense y madre yanita, relata que el bloqueo le pilló en pleno servicio militar. Eran momentos de máxima tensión en la frontera. “Se comentaba que España quería atacar a Gibraltar y vino desde Gran Bretaña un regimiento extra cada seis meses. En el Peñón había soldados hasta en los bolsillos. Y ahí me vi yo con mi fusil cargado de balas y dos escoceses guardando la frontera. Nos comentaban que Franco tenía tanques en Sierra Carbonera. Ese era el escenario entonces, menos mal que no pasó nada porque yo estaba en primera línea”, rememora de forma que se permite ser distendida.
    El sindicalista gibraltareño Michael Netto considera que La Línea salió peor parada del cierre del que ahora se cumplen 50 años. “En Gibraltar tuvo un aspecto negativo en lo familiar, lo personal y cultural; sin embargo, en lo económico y político no le fue mal. Los trabajadores españoles no estaban sindicados y, cuando ellos dejaron de trabajar, los sindicatos gibraltareños empezaron a hacer avances, la mujer se incorpora al mundo laboral a unos niveles que antes no lo había hecho, y económicamente no sufrió tanto. Eso sí, yo tenía primos y tíos que tuvieron que emigrar, y mi madre viajaba una vez al año desde Tánger para ver a su familia española. Muchos lazos quedaron rotos”, expone.
    Eran muchos los que hacían este trayecto de Gibraltar a Marruecos para entrar por el puerto de Algeciras. Se tardaba todo un día lo que se podía hacer en minutos. Son muy comentados en La Línea y Gibraltar también los encuentros desde la verja, separados por los metros de la zona neutral que obligaba a hablar a voces para saludar o preguntar al amigo o al familiar del otro lado. Se cuenta también que hubo quienes cruzaban nadando.  
    Momo Valle, otro de esos linenses socialmente muy activo y actualmente en La Línea 100×100, recuerda que tenía siete años cuando se produjo ese hecho histórico y doloroso para su ciudad. En el 1983 entró por primera vez en su vida al Peñón; lo hizo de la mano de su madre, que cuenta que le dijo: “Momo, esto no estaba así”. “Si alguien escribiera un libro de ficción titulado ¿Qué hubiera pasado si no se hubiese cerrado la frontera?’ llegaríamos a entender el verdadero alcance”, deja una interesante reflexión.

    El duro adiós

    En la web 50yquenoserepita han sido muchos los que se han lanzado a contar su experiencia personal, qué supuso para ellos la imposibilidad de entrar y salir de Gibraltar, añadiendo así piezas que completan el mosaico de la Historia a través de la palabra. La mayoría de las historias que se cuentan en la web 50yquenopasemás.com son de personas que se marcharon de La Línea o de Gibraltar por el cierre y que todavía no han terminado de regresar a su tierra.
    David Álvarez, por ejemplo, es un gibraltareño nacido en 1965 que reside actualmente en los Estados Unidos. “Aparte del sentimiento cotidiano de estar viviendo en una suerte de prisión al aire libre dotada con vistas estupendas, recuerdo también lo extraño que me resultaba desconocer no ya España sino a nuestros vecinos campogibraltareños”, expresa. Afirma que emigró antes de “satisfacer las ganas” de conocer la comarca a fondo. “Entre el 1983 y el 1985, cada vez que podía, cruzaba la frontera para pasearme por la Calle Real de La Línea, donde solía sentarme al fresco en una de sus cafeterías para leer el periódico mientras me tomaba un café y me fumaba un Ducados. Cuando viajo a Gibraltar todavía procuro pasarme un par de horas en el Okay para volver a saborear esos deleites cotidianos que tan feliz me hicieron tras acabar ese encierro tan largo y antinatural que padecimos”, declara.
    Dori Berman Villagran cuenta que  su padre era conductor de autobús desde la frontera española hasta Gibraltar y perdió el trabajo tras el cerrojazo. Como de otras muchas familias, Barcelona fue el destino. Otros acabaron incluso fuera del país. Inma Lucas Gallardo, por ejemplo, siente aún la tristeza de tener que abandonar su tierra para, con 8 años, acabar en Luxemburgo, donde vivía un familiar. “Cuando Franco cerró la frontera tiraron a las mujeres a la calle y al poco tiempo a los hombres; mi padre trabajaba en Gibraltar”, recuerda.
    Matilde Díaz Sánchez relata que con 17, en enero del 70, salió de La Línea “muy asustada” por marcharse a un sitio desconocido y dejar amigos, escuela, familiares… “toda una vida”. “Nos fuimos un sábado de noche de tormenta y lluvia a la Estación de San Roque; por el temporal estaban cortadas parte de las vías y nos llevaron por otro camino más largo, no llegamos a Valencia hasta el domingo por la tarde parando en casi todas las estaciones. Desde entonces no me gustan los trenes”, cuenta Matilde la aventura de su familia hasta llegar a Castellón. Allí se colocó en una fábrica y tuvo que superar los problemas con el dialecto valenciano. “Todos los días me acostaba llorando hasta que tuve la conocí a más linenses y formamos una pandilla de chicos y chicas de nuestro pueblo, lo pasábamos muy bien”, explica Matilde, que ahora vive encantada en Castellón. “Aunque nuestro pueblo no lo olvido y volvería a él con los ojos cerrados. Ahora pienso mucho en mis padres y mi tía, se murieron con la pena de estar lejos de La Línea y están enterrados en Castellón. Así es la vida, nos cambió mucho con el cierre de Gibraltar”.

    Cerrojo a la confianza

    El periodista, investigador y editor Álvaro López Franco escribe en el número 20 de su revista Descubrir la Historia que la decisión española de cerrar el paso entre España y Gibraltar tuvo como uno de los principales efectos “la desconfianza de la población gibraltareña hacia las autoridades españolas, algo difícil de reparar”.
    La Segunda Guerra Mundial y el cierre de la Verja, relata Álvaro López en el reportaje 1969, cerrojo a la confianza, fueron dos hechos históricos que configuraron la identidad colectiva de los gibraltareños. La evacuación de miles de yanitos por la guerra, por ejemplo, convirtió el inglés en su principal idioma en detrimento del español. Luego, el franquismo y sus ambiciones de recuperar el Peñón dañaron las relaciones que normales y fluidas, siendo habituales hasta los matrimonios entre gibraltareños y linenses.
    Con la incomunicación de la población gibraltareña, que fue total cuando el 1 de octubre se bloquearon además las líneas de teléfono y telégrafo, Londres dio apoyo económico y logístico a Gibraltar. Eso hizo que se estrechasen los vínculos entre ellos. Mientras, los ciudadanos de la Roca fueron perdiendo el uso del español y todo contacto con el Campo de Gibraltar y España. Eso sí, les llegaba por televisión o radio la maquinaria propagandística Franco, que los mantenía encerrados, para convencer a los españoles de que aquella decisión era la correcta y con la que buscaba que Gibraltar cayera “como fruta madura”. No solo lo consiguió sino que provocó la desconfianza, y en muchos casos aversión, de muchos gibraltareños por España y que todavía hoy no se ha terminado de borrarse.
    El 14 de diciembre de 1982, con el socialista Felipe González ya en el gobierno español, la Verja de Gibraltar volvió a abrirse. Esta vez, trece años después, el sonido del hierro descorriéndose por los raíles quedó ensordecido por un bullicio de emoción y alegría. Había acabado así un ineficaz y sufrido bloqueo que en este 2019 cumple medio siglo con el deseo, en gran medida oportuno, de que nunca vuelva a repetirse.
     ]]>