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  • María José Martín, más de 28 años llevando sus productos de pescado a los hogares palmoneños

    María José Martín, más de 28 años llevando sus productos de pescado a los hogares palmoneños

    De Palmones, «de toda la vida». Así se presenta María José Martín Amancio, una vecina palmoneña que ha crecido en una familia de comerciantes y ahora es ella quien conduce desde hace más de 28 años su propio negocio. En 1991 puso en marcha la pescadería ‘María José’, en la calle Almería de Palmones, a la que cada día acuden muchos vecinos de esta aldea marinera. Una clientela fija que ya se ha convertido en familia.

    María José es nieta de la conocida Manuela ‘la barbera’, a la que recientemente el Ayuntamiento de Los Barrios le ha dedicado una calle. «Lo de vender lo llevamos en los genes», confiesa. Sus abuelos, sus tíos y hermanos también han abierto sus propios negocios. «La familia de mi marido también está muy vinculada al comercio», explica.

    «Tenemos mucha suerte de que Palmones sea en un centro gastronómico de referencia»

    Pasó varios años trabajando como dependienta en una grande superficie comercial, mientras que su marido dirigía un videoclub en Palmones. «El negocio comenzó a ir mal y decidimos probar suerte con la pescadería. La familia de mi marido se dedicaba a la exportación de pescados y nos apoyaron mucho, nos enseñaron todo lo que sabían. Los comienzos son duros, pero siempre nos hemos sentido muy arropados por nuestras familias. Y la verdad es que hasta hoy nos ha ido muy bien». Tan bien que el matrimonio tiene abierta otra pescadería en Algeciras, en avenida Capitán Ontañón, donde llevan más de veintidós años. 

    El negocio ha crecido tanto que además de su actividad diaria, también surten productos del mar a varios establecimientos de Palmones. «Tenemos mucha suerte de que Palmones sea en un centro gastronómico de referencia. Si a ellos les va bien, a nosotros también».

    Lo mejor de este trabajo es el trato con el cliente. «He tenido a madres que han venido con sus hijas a comprar y ahora son estas hijas quienes vienen a la pescadería con sus hijos. Tengo una clientela fiel y fija que ha pasado de generación en generación». Y es que hay algo en lo que las grandes superficies no pueden competir con la pescadería de María José: la cercanía y el trato directo. «Además aquí vendemos productos de primera calidad, sacados directamente del mar», añade.

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    Y aunque el trabajo como pescadera es duro, ella quiere jubilarse ya en esto. «Nos levantamos de madrugada para comprar el pescado y luego pasamos toda la mañana con la venta. Además, el pescado hay que trabajarlo mucho, ensucia mucho y necesita mucha limpieza». 

    Sus hijos, que estudian y trabajan, han echado alguna vez una mano en el negocio. Está muy orgullosa de ellos. María José envía un mensaje de gratitud a los vecinos de Palmones: «Gracias a todos por venir durante tanto tiempo a esta pescadería. Estamos encantados. Aquí somos ya una gran familia».

  • Jimena Runners por el mundo

    Jimena Runners por el mundo

    El club de atletismo jimenato comenzó como la unión de un grupo de amigos y ahora llega al medio centenar de deportistas, algunos de ellos han participado en clásicas pruebas de Roma y París. Esta noche, a las 21.00 horas, organizan la I Carrera Nocturna Ciudad del Castillo.

    Un grupo de amigos jimenatos aficionados a las carreras decidió, allá por el 2016, dar una zancada más y formarse como club con todas las de la ley. Nació entonces el Club de Atletismo Jimena Runners, que en poco tiempo multiplicó el número de socios y ahora son cincuenta. Una entidad deportiva cuyas metas son dar cabida a las personas que disfrutan del atletismo, transmitir información de pruebas de interés y representar a Jimena de la Frontera en diferentes carreras. 

    Desde los inicios, los miembros del club realizan sus entrenamientos de forma individual, con quedadas muy puntuales que se realizan en el entorno más inmediato del pueblo y en los impresionantes parajes que ofrece el Parque Natural. Compiten de forma regular en la mayoría de las carreras que tienen lugar en la comarca y la serranía de Ronda; además de otras pruebas por las provincias de Cádiz, Málaga y Sevilla. 

    Una entidad deportiva cuyas metas son dar cabida a las personas que disfrutan del atletismo, transmitir información de pruebas de interés y representar a Jimena.

    La prueba insignia de este club es el Trail de Los Alcornocales que este año celebrará su VI edición y en la que ha estado presente desde sus inicios. Gracias a la asociación deportiva y cultural DR2, Jimena Runners goza de una cuota especial en esta cita y, hasta el momento, es la carrera en la que más atletas del equipo participan, convirtiéndose en una toda una fiesta del atletismo y un gran día entre amigos. Eso sí, el club, encabezado por el presidente, Julio Serrano, y el secretario, Juan Rondón, no descarta en un futuro convertirse en organizadores de una cita deportiva propia. 

    De Oba a Roma

    En los últimos meses el club ha ido rompiendo fronteras. Varios miembros han participado en diferentes maratones en Sevilla, Málaga o Valencia, y en multitud de trails y pruebas de mucha exigencia física como los 101 kilómetros de la Legión en Ronda, donde participará Marcos Moriche. Retos superados y también éxitos deportivos, como los cosechados por Sonia Oncala, una corredora del equipo de Jimena que es habitual en los podios. 

    En este 2019, Jimena Runners ha llegado más lejos que nunca y ha mostrado su carácter internacional. Cinco componentes del club de atletismo jimenato viajaron hasta Roma, Italia, para correr su Maratona Internazionale. Juan Herrera, Juan Rondón, Luis García, Esteban García y José María Sarrías disfrutaron de un memorable fin de semana entre amigos a los que les unía el reto de realizar esta singular prueba que cumplía su 25ª edición. Más de 10.000 participantes de todo el mundo, entre ellos los cinco jimenatos, tomaron la salida desde la Via dei Fori Imperiali, junto al Coliseo, y recorrieron 42 duros kilómetros por los lugares más emblemáticos. Para ellos, como para todos los que compiten en cada prueba, fue un orgullo lucir el nombre de Jimena por una ciudad cargada de historia. Como rezaba el lema de la camiseta conmemorativa que hicieron para la ocasión, fueron desde Oba –nombre de la Jimena romana- hasta Roma, la capital del imperio. 

    Fue la primera e inolvidable experiencia internacional del club pero no la última. Isidoro Herrera ha participado recientemente en la conocida Maratón de París, prueba de más de 42 kilómetros en la que disfrutó de un trazado por los lugares icónicos de la capital francesa y donde logró realizar una gran marca. 

    Jimena Runners se plantea numerosos retos individuales y colectivos, entre ellos, participar en grandes citas internacionales en Londres y Berlín. Un club que, en pocos años, ha sumado a amantes de las carreras a su causa y que no se cansa de llevar el nombre de su pueblo por bandera. 

  • José Muñoz, una vida dedicada a la música

    José Muñoz, una vida dedicada a la música

    Ni una, ni dos, sino hasta tres agrupaciones. José María Muñoz, Pepe para los conocidos y amigos, es el encargado de dirigir la banda municipal, la coral de Tarifa y el coro de cámara Ars Morendi. Una tarea que combina con sus clases como profesor de conservatorio. 

    La pasión por la música surge en él desde muy pequeño. «Llevo toda la vida en esto. Cuando era un crío me apunté a la coral de Tarifa y ahí nació esta afición», explica Pepe, que continuó su formación musical en Tarifa, Cádiz y Sevilla. 

    Desde hace más de veinte años es profesor de conservatorio en la especialidad de guitarra, dando clases en los centros de Algeciras y La Línea. Un trabajo que compagina con la dirección de estas tres agrupaciones de Tarifa, en las que tiene a su cargo a más de un centenar de personas.

    José María Muñoz es el encargado de dirigir la banda municipal, la coral de Tarifa y el coro de cámara Ars Morendi. Una tarea que combina con sus clases como profesor de conservatorio. 

    «Cada agrupación es totalmente diferente y cada una tiene su encanto. La banda municipal de música ha alcanzado un nivel muy alto, el coro es un grupo reducido más técnico y la coral de Tarifa está formada por aficionados que aman la música, a los que les encanta cantar, pero que no son profesionales. Ensayan mucho y montan programas complejos desde la más pura afición. Es un trabajo más de memoria y desde la pasión». Cada agrupación cuenta con sus días y horas de ensayo. «Trabajamos de lunes a domingo, en cualquier momento, por la tarde, por la noche, los fines de semana. Salgo de un ensayo y me meto en otro». 

    Foto: Arturo Umbría.

    Una vida volcada en la música.»Son muchas horas de trabajo con cada uno de los tres grupos. Una vida dedicada por completo a la música y que también hay que conciliar con la familia. Tengo la suerte de que mi familia también está muy implicada en esto. Mis dos hijos son músicos y mi mujer es cantante. Así que lo entienden y además participan en ello«.

    A pesar de todas las horas de trabajo, siempre acaba mereciendo la pena. «La música me aporta mucho. Me quedo con la sensación de estar haciendo algo que sirve. Es fantástico tratar de enseñar todo lo que sé a personas que, en muchos casos, no han tenido ninguna formación o vinculación musical y que son capaces de absorber lo que comparto con ellos y transmitirlo en los conciertos. Sin duda me quedo con esto, con la dedicación a los demás y a estas tres agrupaciones que deben perdurar en el tiempo. Ahora me toca a mí estar al frente de ellas, pero mi objetivo es que cuando yo deje de estar aquí continúen».

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    Este tarifeño agradece el apoyo y el calor de sus vecinos. «Éste es un trabajo reconocido por la gente del pueblo. Son agrupaciones con una larga trayectoria; en la banda municipal llevamos más de 25 años, la coral de Tarifa cumple 45 y el coro de cámara lo fundamos en el 98. Así que sí, sentimos mucho el apoyo del pueblo, que asiste siempre a nuestros conciertos. El reconocimiento de las instituciones también se tiene, pero falta muchísimo por hacer. Tarifa es una población con una afición importante a la cultura, pero donde todavía falta dar un paso más y en el que deben trabajar todas las administraciones. Ya se han dado algunos pasos, pero queda mucho por hacer«.

  • Tradición de un pueblo en conserva

    Tradición de un pueblo en conserva

    La relación de Tarifa con la conserva es milenaria. Desde el siglo II antes de Cristo, cuando Baelo Claudia fue pionera en este sector y un referente en el Imperio Romano en la industria de salazón de atunes. “Baelo es un puerto donde generalmente se embarca hasta Tingis. También es un emporio que tiene fábricas de salazones…”, recogía en sus textos el geógrafo e historiador griego Estrabón. Hoy es un sector que sigue vivo con la empresa Conservera de Tarifa, que cuenta con un marcado carácter artesanal y tradicional pero que, a su vez, se moderniza y se mueve para adaptarse a un complejo mercado.

    Conservera de Tarifa es el resultado de la unión de las dos fábricas de conservas de pescado con más tradición de Tarifa: La Tarifeña, nacida en 1910, y Marina Real S.A., de mediados del pasado siglo. El alma de la empresa conservera es su gente, sus trabajadores, que llegan al centenar. Desde el veterano y experto encargado de cocer un producto salido de las aguas del Estrecho de Gibraltar a las mujeres que cuchillo en mano limpian cada pescado y rellenan cada lata.

    Un pueblo y una actividad que mantienen un fuerte vínculo. Es difícil encontrar en Tarifa a alguna persona que no tenga familiares o amigos que trabajen o hayan trabajado en la conservera, y hay quienes son capaces de saber si se está cociendo melva o caballa, los dos productos que se tratan, por el olor que sale de la fábrica.

    Las manos, la destreza y la experiencia de los trabajadores son las principales maquinarias de una conservera en la que han trabajado tres generaciones de tarifeñas, que han heredado el método de madres a hijas y que mantiene esa tradición conservera milenaria de Tarifa.

    Un proceso centenario

    El proceso arranca con la llegada del pescado fresco o congelado a las instalaciones: caballa, melva y melva canutera. El producto pasa por los primeros controles de calidad y se comprueba que no se haya roto la cadena de frío y que lleguen a su temperatura óptima. Posteriormente una máquina se encarga de quitar la cabeza y las vísceras dejando solo el lomo limpio. Todo lo que no se utiliza para la conserva, se aprovecha para elaborar harinas y productos fertilizantes.

    Llega entonces el primer momento fundamental del proceso de la elaboración de la conserva: la cocción del pescado. Ahí se encuentra el experto José Antonio Araujo, un tarifeño que nos cuenta que lleva más de 45 años cociendo pescado, primero para La Tarifeña y desde hace once años para Conservera de Tarifa.

    Rodeado de tanques burbujeantes que desprenden olor, vapor y calor, controla que el agua con sal esté a unos cien grados, para lo que casi ni necesita termómetro. “Una vez que comienza a hervir se deja unos 40-45 minutos de cocción, dependiendo del tamaño del pescado”, apunta. José Antonio está considerado en la empresa como una figura insustituible. “Todavía no he pasado mi conocimiento a nadie, para aprender esto hay que poner interés y gustarte lo que haces”, afirma.

    Si la cocción es el paso fundamental, la estiba es el alma mater. Consiste en colocar el producto en la lata y es el trabajo que da calidad con la presentación de los filetes y la elección del pescado. En una amplía y luminosa nave, unas sesenta mujeres se encargan de pelar, cortar y colocar el pescado en las diferentes latas. Algunas de ellas empezaron siendo niñas de apenas once años (eran otros tiempos) y aprendieron el oficio de la mano de sus madres, que transmitieron la destreza de manejar el cuchillo, que también se hereda y que cada una tiene el suyo.

    «Empecé a los 14 años y ya he cumplido 58»

    “Estoy desde el 75, empecé con 14 años y he cumplido 58. Todos esos años haciendo lo mismo, como para no tener esta habilidad”, comenta Isabel, una de las trabajadoras veteranas. La mayoría lo son. “Estamos siete horas y podemos hacer cincuenta latas cada hora. La melva tiene más trabajo porque es un pescado más grande, que se tiene que abrir en cuatro pedazos; la caballita es más rápida de enlatar”, explica. La empresa reconoce que es un problema cuando alguna se jubila o deja de trabajar en la conservera ya que esa destreza solo se adquiere con la acumulación de las ocho horas diarias de trabajo durante años.

    Cada lata, identificada con un número que pertenece a cada trabajadora, es pesada para posteriormente, de forma mecánica, pasar por un circuito de aceitado -producto que sirve de conservante natural- y continúa con el proceso de cierre de la lata, limpieza de la misma y esterilización, donde se somete a altas temperaturas en una especie de baño maría que permite la conservación del producto por más tiempo. Tras pasar por una bañera de enfriamiento, se acaba con el etiquetado y empaquetado que deja la lata de conserva lista para su distribución y comercialización.

    Desde que llega el pescado a las instalaciones de Conservera de Tarifa hasta que se pone a disposición del cliente pasan entre tres y cuatro días. Un proceso diario que solo se detiene para limpiar y esterilizar toda la instalación.

    Ampliando horizontes

    Conservera de Tarifa trabaja para llegar a nuevos y diversos mercados. Actualmente, explica la empresa, lleva sus productos a EEUU y Francia y hay contactos para colocarlos en Canadá, Alemania e Italia. Sin embargo, la compañía trata de hacerse más fuerte en su entorno y en el mercado nacional. Recientemente, ha conseguido entrar en grandes superficies donde pelea con marcas de calidad y también busca hacerse un hueco en el mercado gourmet.

    Así que si en alguna tienda o grande superficie se encuentra una lata de La Tarifeña, Marina Real MR, Piñero, Díaz PD o Virgen del Carmen, sepan que es un producto artesanal ‘made in Tarifa’.

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  • Vivir en un castillo fortaleza del siglo XIII

    Vivir en un castillo fortaleza del siglo XIII

    Es una mañana cualquiera, soleada, en un día corriente y en un lugar particular, con una idiosincrasia que atrapa y destaca sobremanera entre los muros de un castillo fortaleza. Recorremos sus adoquinadas y zigzagueantes callejuelas, visitamos sus viviendas y establecimientos, escondidos entre rocas, y hablamos con los vecinos del castillo de Castellar de la Frontera para conocer cómo es vivir, en pleno siglo XXI, en una fortaleza medieval del siglo XIII.

    El camino hacia el castillo adivina que nos acercamos a un paraje singular. Una estrecha carretera que va subiendo entre curvas a un promontorio rocoso sobre el que se asoma, en pleno corazón del Parque Natural de Los Alcornocales, esta fortaleza defensiva declarada en 1963 Monumento Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural.

    El castillo de Castellar es uno de los pocos ejemplos de fortificación medieval habitada que existen en la actualidad. Una veintena de vecinos conviven en la villa, mientras que los extramuros suman alrededor de cien habitantes.

    Atravesamos sus murallas y parece que el tiempo se detiene. No hay coches, no hay tráfico, no hay cobertura móvil, sólo silencio. Respiramos paz y tranquilidad en uno de los miradores que encontramos en nuestro paseo y en el que disfrutamos de la inmensidad del paisaje, rodeados sólo por naturaleza. En el horizonte aparece la comarca del Campo de Gibraltar, coronada por el Peñón y el Estrecho de fondo.

    Moradores de un castillo de otra época

    El buen estado de conservación de esta fortaleza nos traslada a otra época. En la primera plazoleta en la que descansamos conocemos La Posada y visitamos una de las varias asociaciones vecinales que sirven para reunir a un grupo de amigos alrededor de una barra y compartir mismas inquietudes. Manuel Cascales nos invita a conversar en su club de amigos dedicado al arte.

    Natural de Sevilla, a los 25 años descubrió este castillo y hoy, a los cincuenta, continúa embrujado por el encanto de este lugar. “Durante mi juventud me dediqué a viajar alrededor del mundo, pero llegó un momento en el que decidí instalarme en un sitio concreto y construir un hogar. Tenía claro que quería volver al sur y como ya conocía este lugar, decidí quedarme en el castillo de Castellar”, comenta.

    Aquí arriba las horas y minutos no suman en el reloj. “Lo mejor de este lugar es la calma y la paz. Aquí tienes tiempo para ti, para pensar mucho. Aunque también tienes que tener la cabeza preparada para esto”, añade Manuel.

    Nos perdemos entre las estrechas calles de esta fortaleza y conocemos las encaladas casas blancas del lugar que mezclan la fisonomía medieval y árabe, con los rasgos y tipos más andaluces. Tropezamos con otros vecinos, muchos extranjeros que desde hace más de veinte y treinta años apostaron por este rinconcito para echar raíces.

    Así lo hizo Ulla Gold, alemana y chisparrera de adopción que a primera hora de la mañana prepara su tienda de productos artesanos en la que destacan sus fotografías, pinturas y diseños. Ulla es una reconocida artesana del castillo y miembro de la asociación Guadarranque.

    Conocemos a más vecinos, como Bibi y Candela, y otros que comparten con nosotros algunas de las necesidades del lugar: mejores infraestructuras y comunicaciones, entre otras demandas.

    El alcázar del castillo ha sido rehabilitado como hotel con esplendidas terrazas, cafetería y restaurante que, entre muros y murallas, con sencillez y naturalidad, se integran en perfecta sintonía con el entorno. La empresa hotelera oferta nueve habitaciones y además gestiona otras nueve casas rurales que acogen un trasiego constante de turistas, en grupos reducidos, y que fluctúan dependiendo de la temporada; alta en los meses de primavera y verano. Así nos lo explica Belén, una de los más de diez trabajadores que sacan adelante este hospedaje.

    Peña flamenca El Duende

    Pero si hay un punto de visita obligada en el castillo de Castellar ese es la Peña Flamenca El Duende. Diego, el de la peña, el tabernero, nos abre las puertas de esta asociación cultural que lleva más de 27 años celebrando el arte del flamenco y que es reconocida más allá de la comarca. El Festival de la Luna Flamenca, cada verano, es una de las muchas actividades que organizan.

    “Lo bonito de este sitio es que es un pueblo por el que pasa el mundo entero. Turistas, aficionados al flamenco y muchos artistas. Este es uno de los alicientes de este lugar”, señala Diego. Las fotografías que cuelgan en las paredes de esta sala cultural dan buena fe de ello y recuerdan la visita de artistas de la talla de Camarón y Paco de Lucía.

    El duende, el arte y la naturaleza están presentes en cada rincón de esta villa medieval. “Aquí se vive muy bien si tienes empatía con la naturaleza. Los humanos hemos perdido la manera de relacionarnos con el medio natural y esto nos genera muchos problemas. Para vivir en este sitio tienes que estar enamorado de la naturaleza y saber disfrutar de ella”, añade el tabernero.

    Por eso nos despedimos de este singular paraje asomándonos al Balcón de los Amorosos, que se lanza sobre el embalse de Guadarranque y que, en un infinito silencio, nos recuerda la riqueza y belleza natural de este lugar. Los más enamoradizos sellan su amor ante estas vistas con uno de los muchos candados que ya cuelgan de las rejas de este balcón.

    El silencio sobrecoge y se respira una inmensa paz. De nuevo, este paisaje verde y pantanoso nos descubre que el valor inmaterial de este lugar es precisamente su sencillez y reposo. El tiempo se detiene en nuestra visita, viajamos al pasado y prometemos repetir. Nos llevamos para siempre un trocito del duende del castillo de Castellar.

     

     

     

     

  • Ana Emberley, una escritora con espíritu aventurero

    Ana Emberley, una escritora con espíritu aventurero

    Licenciada en Historia, ha sido archivera municipal y actualmente trabaja como redactora de contenidos freelance. Ana Emberley Soria es una tesorillera, de Montenegral Alto, que le echa mano a todo. Sus horas las ocupa investigando, documentándose, leyendo y, sobre todo, escribiendo. Una de sus grandes pasiones. En estos momentos trabaja en la promoción de su segunda novela, Angie.

    Tan sólo era una cría cuando ya escribía breves relatos, poesía y algún cuento. “Me acuerdo que desde muy pequeña tenía una libretita en la que escribía sobre mis cosas; la muerte de mi mascota, mis primeros amores no correspondidos, frustraciones de la adolescencia. Siempre he tenido esa inquietud”, explica.

    Fue una profesora de EGB la que le animó a pensar en esa inquietud de manera profesional. “Me encontré con una profe que me recordó los cuentos que escribía de pequeña y que siempre les gustaban a todos, a compañeros y profesores. Eso me dio el impulso para escribir mi primer libro”.

    Por su formación en Historia, con un máster en antropología y con una especialidad universitaria en archivística, Ana Emberley trabaja la ficción histórica. La hermana del masón (2017) fue su primera novela. “Me inspiré en la vida de mis abuelos y en el componente masónico que existió en la comarca antes de la Guerra Civil”. Una historia de aventura, acción, amor y misterio que está teniendo un éxito estable. Hace poco fue el número uno de descargas gratuitas en Amazon. Incluso ha vendido bastantes ejemplares en Amazon México.

    Thrillers sobre espías

    En su segundo trabajo literario, Angie, los espías toman el protagonismo en una historia ambientada en los años 50 y que se desarrolla entre Campamento, en San Roque, y Londres. Angie es la primera de una serie de novelas cortas que pretenden ser una especie de thrillers de espías. Con su lanzamiento en Amazon el 21 de marzo, la primera semana estuvo en el top 100 de thrillers de espionaje y llegó a estar en los primeros puestos junto a títulos como Falcó o Sabotaje, de Pérez Reverte.

    Este último trabajo ha sido planteado en un formato más pequeño, enfocado para la venta online y la lectura electrónica. “Ahora se buscan libros más pequeños, más comerciales y que tengan mucha visibilidad en redes sociales”. De una forma u otra, esta tesorillera quiere que sus historias hagan reflexionar siempre, que generen un pensamiento crítico.

    Se confiesa además “una friki” de la genealogía. Así que también ha dedicado mucho tiempo para investigar sobre su primer apellido, de origen británico. “Puedo pasar horas y horas buscando en los archivos información sobre mis antepasados. Tengo documentación hasta 1730. He descubierto que uno de mis tatarabuelos fue misionero en China. De ahí surgieron varios personajes de La hermana del masón”.

    Adora pasar tiempo con su familia, especialmente con su hija, y sus animales, viajar y disfrutar de la naturaleza. En el futuro le gustaría continuar desarrollando las tramas de sus dos novelas; La hermana del masón es una trilogía y Angie es una serie. “Me gustaría desarrollar más mi carrera como escritora, inventar más historias, escribir más libros. Esa es mi ambición”.

     

     

  • «Cuando me fui de Jimena ya sabía que me iba para bailar, pero nunca me pregunté por qué»

    «Cuando me fui de Jimena ya sabía que me iba para bailar, pero nunca me pregunté por qué»

    Esta joven, de madre inglesa y de apellido Howard, se presenta con un aire desenfadado, un tatuaje en su brazo que nos dice “No fui construida para romperme” y con una camiseta en la que podemos leer el lema “Fatigas Dobles”. “Es una frase muy andaluza y muy del flamenco. Estamos pasando fatigas dobles lo decimos cuando no has comido o estás muy cansada”, nos cuenta mientras pide un café.

    A Lucía Álvarez se la ve feliz, afirma estar viviendo un buen año, de esos en los que haces más cosas que te gustan que las que no. Ha conseguido sacar un espectáculo con el dinero ahorrado en los bolos y ahora quiere meterse en el estudio a crear otro. Como la mayoría de bailaoras, vive gracias a que trabaja fuera de España, de las actuaciones, pero también de los cursos. Viaja mucho, aunque a menudo solo ve aeropuertos y teatros y, de vez en cuando, le gusta encontrar la soledad. “En esta profesión nunca estás sola, siempre hay gente acompañándote…”, añade antes de responder a nuestras preguntas. 

    Empecemos por el principio, por tu infancia en Jimena.

    Lo que hacíamos los niños de esa época era jugar, jugar en la calle. Estoy contenta de haber pillado esa etapa que parece que fue la última de juego en la calle. No había teléfono ni videojuegos ni ordenador. Solo la Encarta, que empezaba y era una novedad. Pero recuerdo que todavía iba a la biblioteca para hacer los trabajos, jugaba con los niños de mi calle y en verano inventábamos juegos de detectives que podían durar todas las vacaciones. Ahora que veo lo que hay, estoy contenta de haber vivido esa infancia. 

    ¿Cómo nace tu afición por el flamenco?

    Mi padre y mi madre fueron muy aficionados, aunque se separaron pronto, el tiempo que estuvieron juntos mi casa era una fiesta. Todo el mundo iba a lo de Catalina (como llamaban en el pueblo a Catherine). Mi madre era muy fiestera y mi casa estaba abierta al pueblo y a los vecinos. Así me metí yo en el flamenco, aunque por aquel entonces solo escuchaba a Lole y Manuel, Camarón, Chocolate y Juan Villar. Son la gente que recuerdo de pequeña. El flamenco de la Niña de los Peines o de Juan Vallejo, por ejemplo, ya lo conocí cuando me fui a Sevilla. 

    Es allí donde comienza tu verdadera formación.

    Primero me fui a Granada. Tenía 17 años, por las noches estudiaba Bachillerato y por la mañana iba a un academia de baile. Dejé el Bachillerato muy pronto y seguí bailando algo más de tiempo hasta que me di cuenta de que el sitio al que debía ir era Sevilla. Entonces inicié mi formación en la Escuela de Flamenco de la Fundación Cristina Heeren. Me convertí en bailaora de manera natural, como si siempre hubiera estado ahí. Nunca me planteé si quería estar o no, si quería seguir en la universidad o no. No tenía que elegir nada. Yo ya estaba ahí. Fue algo muy raro. Sin embargo, puedo decirte que cuando me fui de Jimena ya sabía que me iba para bailar. Eso sí, nunca me pregunté por qué. 

    Tu etapa profesional se consolida más tarde. 

    Sí, cuando empiezo a trabajar en los tablaos de Sevilla. Ahí se inicia todo. A situarme en el mercado, a conocer compañeros, gente que te va viendo, te llaman para otros tablaos, ferias, festivales, vas a concursos de peñas flamencas. En esa etapa es bastante importante acudir a estos sitios porque entras en el mercado. Y cuando ya te reclaman es cuando abres una etapa más profesional.

    ¿Cómo es el baile de Lucía Álvarez?

    Difícil de definir. Yo no defiendo ninguna pureza, pero sí me gusta el baile tradicional, clásico, y lo utilizo. Para muchos momentos y muchas cosas me considero una bailaora clásica, pero me gusta todo lo nuevo, me intereso, estudio… Creo que actualmente hay una generación de bailaoras que tenemos una mezcla entre la tradición y todo lo nuevo que está llegando, sin abandonar ni una cosa ni otra. 

    Has hecho ya algunos montajes propios. ¿Es ahí donde te muestras más como la bailaora que quieres ser?

    Depende de lo que quiera contar, de si el espectáculo se basa en un autor o compositor, o si solo es baile por baile. A veces nos ponemos muy místicos en las tramas y en ocasiones solo se trata de bailar. Y eso es precisamente en lo que estoy ahora. Aunque vengo de leer la poesía de Juan Manuel Flores, que me parece maravillosa y me gustaría que mi próximo montaje se basara en parte en su obra, también me interesa encerrarme en el estudio, con mis músicos, si cuotas ni limites y dejar salir lo que hay, sin tener que justificarlo todo. No siempre tiene justificación todo lo que ves en el escenario.

    Foto: Luis Castilla

    La mayor parte de tu trabajo lo haces fuera de España.  

    Sí, pero eso es malo. Aquí no hay mucho trabajo para nosotros. Solo puedes hacer el tablao, los festivales de verano, que son muy limitados, un Jerez o una Bienal, pero eso no te da de comer todo el año; y los teatros que programan flamenco, que son solo algunos, tienen una programación muy limitada, dos espectáculos al año. Me encantaría que hubiera más afición, más escuela, más cursos para que pudiéramos ir los profesionales. Pese a todo, el baile lo tiene más fácil, se programa más porque es más ligero de asimilar. Los cantaores que trabajan para el baile tienen más trabajo, porque hay muchos bailaores y no hay tantos cantaores buenos para el baile. A mí, por ejemplo, me gusta trabajar con Moi de Morón, que me acompaña desde hace muchos años, o con Pepe de Pura, que son dos de los que me sostienen mucho. Pero también me gusta probar gente nueva y ya he hecho algunas cosas con Eva Ruiz, que es muy buena cantaora. 

    Es decir que vives del flamenco fuera del país que lo vio nacer.

    Los artistas flamencos en general, ya sea de cante, baile o guitarra, siempre se han tenido que ir fuera de este país para ganarse la vida y eso seguirá pasando. Ojalá que otros profesionales que ahora se ven obligados a trabajar en el extranjero no tengan que hacerlo en el futuro, pero nosotros los flamencos tendremos que seguir buscándonos la vida fuera. El flamenco no está asentado, no lo veo como algo sólido más allá de modas o algún artista en concreto.

    Y en el Campo de Gibraltar, ¿has actuado alguna vez?

    No como profesional. Tengo muchas ganas pero creo que al estar desvinculada de esta zona te olvidan, te hacen fuera y no te consideran profesional. Ya han pasado años y he hecho varias cosas y aunque me he puesto en contacto con teatros de aquí no me han echado cuenta. Comprendo que habrá mucha gente y quieren otro tipo de programación, pero me encantaría venir aquí con algo mío. 

    Compartirás escenario con muchas bailaoras. ¿Cuáles de ellas admiras?

    Me encantan Ana Morales, Olga Pericet, María Moreno, Rosario Toledo o Mercedes de Córdoba. El baile flamenco está en un nivel tan grande y tan bueno… Ana tiene ahora mismo una carrera espectacular, le han dado el Giraldillo y ha entrado como residente en el Teatro de Nimes. Sin embargo, fuera del flamenco o de la cultura en general, nadie la conoce. 

    Como artista sigues evolucionado y aprendiendo…

    Me gusta estudiar con cualquier compañero y me meto en las clases con ellos, pero también hago cosas totalmente diferentes. Hace poco me inscribí en un curso de danza Butoh, una danza japonesa que tiene un proceso bonito pero físicamente muy duro. Detrás hay toda una preparación psicológica y física muy buena. Trabajan a través del agotamiento y eso me gusta. Por ahí quiero seguir, lo que pasa es que no se encuentra fácilmente.

    ¿Quién acompaña a la artista en sus viajes por el mundo?

    Vestuario y maquillaje me lo hago yo, también tengo a Marta Tenorio, que ella viene de regidora; y a mi otra hermana, que vive en Málaga, que es muy aficionada al teatro, ha estudiado regiduría, y aunque no se dedica a eso, cada vez que puede viene conmigo.

    Y por último, una última pregunta que quizás debió de ser la primera. ¿De dónde viene el mote de La Piñona?

    Piñona por el piñonate (ríe). Me lo puso una cantaora de Málaga, yo no tenía mote, pero ella venía aquí y empezó a decirme La Piñona. No me identificaba con él, me gusta, pero hay veces que me pregunto si soy La Piñona o no, me identifico pero… no sé, como que ha pasado el tiempo y a veces lo veo raro. 

  • Tras las huellas de los chisparreros de hace 30.000 años

    Tras las huellas de los chisparreros de hace 30.000 años

    La Almoraima adentro, Castellar de la Frontera guarda un tesoro prehistórico, un frágil patrimonio de incalculable valor cultural. La Cueva de las Estrellas, situada en el abrigo rocoso conocido como Tajo de las Abejeras, es el lienzo de unas importantes expresiones del arte rupestre: cinco representaciones de manos únicas en Andalucía, acompañadas por un repertorio de puntos, líneas, zigzags, figuras antropomórficas y dibujos de caballos.

    Un equipo de expertos trabaja en estas huellas del pasado que nos saludan desde el paleolítico superior antiguo, unos 30.000 años atrás, y en otros abrigos y cavidades de la zona. Investigadores que llaman la atención sobre la necesidad de mostrar a la sociedad el hallazgo y su relevancia para su máximo cuidado y respeto. 

    La Cueva de las Estrellas comenzó a entrar en la bibliografía prehistórica en los primeros años del presente siglo pero fue en 2014 cuando Simón Blanco halló las representaciones que, dos años después, comenzaron a estudiarse dentro del proyecto a nivel europeo Handpas (manos del pasado), con la responsabilidad de Hipólito Collado. El equipo de expertos que dirigen Diego Fernández Sánchez, investigador FPI en la Universidad de Cádiz, y José Ramos Muñoz, catedrático de Prehistoria de la UCA, ha tenido que usar métodos propios de la espeleología para acceder a la zona y se han empleado técnicas como la correlación de imágenes y el escaneo 3D para documentar pinturas que, por el desgaste, habían podido permanecer ocultas. 

    El amplio repertorio gráfico que abarca desde el paleolítico hasta el neolítico, la complejidad de las representaciones a pesar de las reducidas dimensiones de la cavidad, el hallazgo de manos en un abrigo de poca profundidad y no en una cueva, algo que lo hace singular junto con los restos de la Fuente del Trucho (Huesca); y las manos en negativo, que en Andalucía solo se encuentran en este punto y en la Cueva de Ardales (Málaga), hacen del conjunto de la Cueva de las Estrellas un interesante emplazamiento del arte rupestre. Los investigadores consideran que toda la información del arte y de la ocupación paleolítica destaca el interés de la zona para conocer la transición de las sociedades neandertales a las humanas modernas.

    Saludos desde el pasado

    El Tajo de las Abejeras se sitúa en el interior de la finca La Almoraima, en pleno Parque Natural de los Alcornocales con unas medidas de 134 metros de longitud, 54 de anchura y 30 de altura. En su interior se encuentra la Cueva de las Estrellas, una cavidad de poca profundidad que, a modo de cofre, guarda el tesoro prehistórico. Hombres de hace unos 30.000 años pertenecientes a grupos de cazadores-recolectores usaron pigmentos rojos con material de la zona para pintar una serie de figuras sobre la entrada, los laterales, el techo y el fondo de la roca del abrigo. 

    Los expertos han dividido la cavidad en 15 paneles para facilitar su estudio e interpretación. Sobre la piedra se han encontrado diferentes técnicas y temáticas. Incluso se aprecia una intencionalidad en la disposición de las figuras con una distribución sorprendentemente simétrica. Los expertos también hablan de una “notable complejidad iconográfica a pesar de las reducidas dimensiones”.

    Hasta ahora se han localizado en el interior de la Cueva de las Estrellas cinco manos en negativo, es decir, que sus autores colocaron las manos sobre la piedra y la rociaron con pigmentos, formando así el dibujo. Dos se sitúan en el extremo izquierdo de la cavidad y tres, en el derecho: Una mano izquierda vertical ligeramente inclinada (marcando las 13.00 horas de un reloj) al interior de la cueva y a la que le falta un dedo (mano 1); una mano derecha en posición 9.00 y orientada al exterior de la cueva que fue pintada soplando el pigmento y aprovechando una cavidad para enmarcarla, estando ausente el meñique (mano 2); mano izquierda en posición del reloj 11.00, que aparece incompleta en los dedos pero en la que se ve la muñeca y parte del antebrazo, el meñique replegado intencionadamente y una deformación en el dedo corazón (mano 3); una pequeña mano que presenta los dedos índice, corazón y anular en horizontal (mano 4); y una mano presentada en diagonal con los dedos apuntando hacia abajo de la que apenas se intuye tres dedos. 

    La Cueva de las Estrellas de Castellar tiene también representados otros motivos del arte rupestre propios del paleolítico superior y que la hermanan con otras cuevas de su entorno. Se trata de trazos sinuosos a modo de macarronis posiblemente aplicados con el dedo (P3); un dibujo en zig-zag de unos 13 centímetros (P4); una agrupación de puntos, algunos de ellos en paralelos que hace pensar que pudiera ser parte de una figura antropomorfa (P5); unos trazos curvos tanto en negro como en rojo (P6); largas series de trazos verticales y horizontales (P7); marcas que hacen recordar manos en positivo (P8); una figura formada por líneas que parecen representar una figura antropomórfica (P9); trazos que los investigadores interpretan como unos cuartos traseros de un animal (P11); las figuras parciales de dos caballos en las que se aprecian la cabeza, el cuello y la parte delantera del cuerpo; una secuencia de trazos realizadas con las manos (P14); y una figura a modo de tridente que podría representar una figura humana (P15). 

    Socializar y concienciar

    Expertos de distintas disciplinas continúan con las labores de estudio en el conjunto arqueológico chisparrero, que ya está resonando en foros especializados a nivel nacional e internacional. Pertenecen a la Universidad de Cádiz, al Espeleo Club Algeciras, la Junta de Extremadura, la Universidad de Zaragoza, el Museo de Prehistoria de Ardales, la Universidad Isabel I de Burgos y la Universidad de Extremadura. Además de este trabajo de campo, muestran un especial interés por dar a conocer los hallazgos y su importancia. Lo que denominan socializar el conocimiento.

    Este conjunto de Castellar presenta un estado de conservación deficiente por los factores naturales: acción del viento, heladas, la seca de la masa arbórea o la irradiación solar. Evitar todo esto es muy complejo, pero hay un factor que pone en riesgos estos patrimonios de nuestros antepasados que sí es más fácil de evitar: el que tiene que ver con el factor humano. Por ello, se considera importante la concienciación social a través de la educación.

    Los investigadores de la Universidad de Cádiz realizan publicaciones como la elaborada para la prestigiosa revista Zephyrus, de la Universidad de Salamanca, o la realizada para las V Jornadas de Prehistoria del Campo de Gibraltar.

    El Ayuntamiento de Castellar de la Frontera ya colocó una serie de cartelería repartida por el municipio que explica la importancia de la Cueva de las Estrellas en su contexto. Además, continúa trabajando con la gerencia de la finca La Almoraima para que se puedan realizar visitas controladas y supervisadas a la zona. 

    Porque esas manos que parecen saludarnos del más remoto de nuestro pasado merecen que, desde el presente y el futuro, le devolvamos el saludo otorgándole el valor que tienen. 

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  • Fran Martínez, cuando el fútbol y las matemáticas juegan el mismo partido

    Fran Martínez, cuando el fútbol y las matemáticas juegan el mismo partido

    ¿Quién no se ha preguntado alguna vez para qué sirven las Matemáticas? ¿Cuándo voy a utilizar yo una ecuación de segundo grado en mi día a día? Fran Martínez Ortiz es un joven linense que responde con su trabajo a estas preguntas de los pocos amigos de los números. Graduado en Matemáticas por la Universidad de Sevilla, Fran ha revolucionado Twitter con una cuenta en la que reúne a 70.000 seguidores y donde compagina dos de sus pasiones: las mates y el fútbol. En @LaLigaenDirecto emplea sus conocimientos en Matemáticas y Estadísticas para compartir todo tipo de datos futboleros: recuento de resultados, curiosidades, probabilidades, pronósticos y previsiones.
    Practicar deporte es una de sus mayores aficiones. “Cuando era pequeño estaba apuntado a fútbol y tenis, pero en mis ratos libres también practicaba baloncesto, ping-pong y ciclismo. Ahora tengo menos tiempo y me centro en el fútbol y el pádel, aunque también intento montar en bici los fines de semana”, explica este joven, que también ha estudiado el máster de profesorado, trabajando durante dos años en el colegio San Pedro. En estos momentos se encuentra realizando su segundo máster en Granada y trabaja ya en su tesis doctoral. También da clases en la sede de la Universidad de Granada en Melilla. Todo esto lo compatibiliza con los datos y estadísticas de fútbol en Twitter.
    @LaLigaenDirecto nace en 2011. “Desde que empecé a estudiar la carrera ya fui consciente de que los conocimientos que iba adquiriendo podía aplicarlos al deporte, concretamente al fútbol. Era una forma de mezclar las dos pasiones que había tenido desde pequeño. Poco a poco empecé a crear bases de datos en las que iba introduciendo información para así poder extraer estadísticas de forma más sencilla y esto gustó mucho a los seguidores de la cuenta”, añade.
    Lo que entonces comenzó como un hobby, poco a poco se ha ido profesionalizando. “Al principio utilizaba la cuenta para hablar simplemente de deporte, como hacen miles de usuarios. Pero en el momento en el que empecé a introducir los datos y estadísticas, el número de seguidores fue creciendo. Dedico muchas horas al día a añadir información para después manejarla fácilmente”. @LaLigaenDirecto sirve hoy como fuente de información para medios de comunicación y otras cuentas oficiales. 
    En el futuro, a Fran le gustaría trabajar en algún medio de comunicación, empleando sus conocimientos en fútbol y matemáticas. “Si además este trabajo pudiera compaginarlo con la docencia en la universidad ya sería ideal. Al final todo consiste en estar feliz donde uno trabaja y disfrutar día a día”.
    Para este linense, que presume con orgullo de esta tierra, el deporte en esta ciudad está dando grandes pasos. “Se está haciendo mucho por fomentar el deporte entre los más pequeños. Una buena base donde los jóvenes disfruten, aprendan, compartan y trabajen en equipo es fundamental para que terminen formándose como personas”, comenta este linense de pro y balono hasta la médula.]]>

  • «Las carreras de obstáculos te sacan de tu zona de confort»

    «Las carreras de obstáculos te sacan de tu zona de confort»

    Ramón Orrán Beyer es un tesorillero que ha llevado el nombre de su pueblo muy lejos, hasta Londres y Canadá, a base de fuerza. Y de velocidad, agilidad, habilidad y muchas horas de entrenamiento. Son los ingredientes necesarios para ser todo un campeón en OCR, carrera de obstáculos. 

    Es un deporte que está en auge. Son muchos los amantes de esta actividad deportiva que consiste en rebasar unos determinados obstáculos y unos kilómetros determinados en el menor tiempo posible. Como uno más comenzó en 2014 Ramón Orrán, de 23 años y natural de San Martín del Tesorillo. “Me enganché y empecé a tomármelo más en serio, a ver vídeos, a conocer el deporte más a fondo”, declara. 

    Entonces, empezó a apuntarse a carreras y pruebas de OCR, circuitos de carreras de obstáculos y trail running con tramos de diversa dificultad que combinan diferentes pruebas. En 2017, se proclamó campeón nacional de la liga nacional Farinato Race con carreras celebradas en Madrid, Gijón, Pamplona y Ciudad Rodrigo, en Salamanca. El título le abrió la puerta del Mundial OCR World Championship celebrado en The blue mountains, en Canadá. 

    “Fue una experiencia fantástica, con competidores de todos los países, había mucho nivel. Nunca había viajado tan lejos, solo por Europa, y fue una paliza, tuvimos que hacer escala en Filadelfia; pero merece la pena”, cuenta Ramón Orrán. En su estreno en una cita de ese nivel acabó el 109 de más de 200 participantes de la categoría elite y finalizó los 15 duros kilómetros con 43 obstáculos que salvar en un tiempo de 2 horas, 41 minutos y 23 segundos. 

    El pasado año, por su cuenta, participó en otra cita mundialista, en esta ocasión en Londres, donde acabó el número 43 de 98 en categoría de edad 18-24. Completó el recorrido en 2 horas, 6 minutos y trece segundos, lo que le permitió ser el 320 de 1.049 participantes en todas las categorías. 

    El tesorillero, para entrenarse, se ha creado en un terrero propio de San Martín de Tesorillo su propio circuito-gimnasio con materiales reutilizados. “Me gusta también esa parte de crear obstáculos, aunque no me atrevo a meter a nadie por seguridad”, declara Ramón Orrá. El tesorillero se ejercita una hora y media cada día realizando crosstrainer, crossfit ,obstáculo, gimnasio, trailrunning, escalada entre otras actividades. 

    “Lo que más me gusta de este deporte es la variedad, porque no solo es correr, también es trepar, saltar, coger peso, tienes que colgarte, subir, bajar, meterte en barro… Es la actividad más completa posible y para competir tienes que ser rápido, fuerte, ágil…”, apunta Ramón sobre un deporte en auge y que ya comienza a llenar gimnasios y centros.  

    Uno de los sueños de Ramón Orrán, que trabaja de jardinero en Sotogrande, es dedicarse profesionalmente al deporte. “Estoy en ello, me gustaría montar mi propio gimnasio, hay demanda y es lo que me gusta. Estoy mirando y lo voy a hacer”, apunta. 

    Aunque Ramón Orrán también desea continuar compitiendo. En ese sentido, el OCR como deporte de competición está en plena formación: se están desarrollando ligas y asociaciones. “Este deporte está vivo por la gente que no compite, los que compiten apenas somos apenas el 10%”, apunta.

    “Es una experiencia que merece la pena vivir. Haces cosas que no es habitual, lo que se suele hacer cada día, comparte momentos con los compañeros. Es salir de tu zona de confort”, asegura Ramón Orrán, que está dispuesto a superar cualquier obstáculo para alcanzar su sueño: Ganar un mundial.

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