Categoría: Magazine

  • Cristina López, la tercera generación que sigue haciendo historia en el restaurante Willy

    Cristina López, la tercera generación que sigue haciendo historia en el restaurante Willy

    Responsabilidad. Legado. Familia. Tradición. Palabras que se repiten una y otra vez cuando hablamos con padres e hijos, pioneros e innovadores. Todos a una para mantener su forma de vida, su restaurante. Hablamos con las familias de tres de los establecimientos más veteranos del municipio, con más de 40 años de profesión a sus espaldas. Ahora son ellos, que representan a segundas y terceras generaciones, los encargados de seguir la historia.

    Restaurante Willy

    La historia del restaurante Willy comenzó en el año 1975, cuando José López Escobar y Emilia Vega Blanco, padres de Antonio Miguel López Vega -conocido por todos como Willy- abrieron en Palmones las puertas de un modesto restaurante. Dos generaciones conviven hoy al mando de todo. Willy y su hija, Cristina López, tándem al que se ha incorporado el chef Paco Navarro. 
    La implicación de Cristina en la gestión del restaurante ha supuesto cambios notables como la incorporación de carnes y arroces, una gran reforma en el local y una elaborada carta de tapas. “La crisis lo ha cambiado todo muchísimo y cuando vamos a gastar nuestro dinero lo hacemos con mucho cuidado para decidir dónde y cómo. Todo eso, junto con la llegada de mi hija y de Paco, nuestro chef, nos está dando una clientela muy variada. Ahora a Willy, con diez euros, puedes venir a tomarte una cerveza y una buena tapa”, cuenta su padre. 
    Cómo Cristina ha ido creciendo en el negocio se explica fácilmente. “Ella se ha hecho a mi imagen y semejanza y siempre le he dicho que al restaurante hay que ir a trabajar, que nos debemos a los clientes para que se sientan cómodos. Y luego está la materia prima, claro, lo que servimos en la mesa. Este es un capítulo muy importante”, añade.
    Willy, como padre orgulloso, califica de importantísimo el trabajo que realiza su hija desde hace quince años. “El simple hecho de que la gente entre al restaurante y nos pregunte por Cristina ya dice mucho de ella. Cuando me jubile me iré de aquí con la tranquilidad de que ella podrá con cualquier cosa”.

    cuando la crisis empezó a hacer mella en todos los negocios y había que plantearse seguir o no, ella y su padre tuvieron una conversación, sincera y honesta, en el que cada uno dibujó el restaurante que quería para el futuro

     
    Pero Cristina no quiere que su padre se jubile: “Aún me hace mucha falta en el trabajo diario. Él es también mi cómplice, mi compañero”, aclara la hija mayor de Willy.
    Treinta y tres años tiene ahora. Pero la historia de la tercera generación al cargo de este restaurante comenzó en un chiringuito en la playa, cuando Cristina tenía 16 años. Su padre quiso atraerla a la hostelería porque la veía perdida, sin saber muy bien qué hacer con su vida. “Me dijo que fuese en verano y que así ganaría dinero para mis estudios. Aquello lo disfruté como una enana. Era muy divertido, no lo veía como algo serio. Y me fue gustando. Esto es un veneno, o te gusta o no. Cuando pasé al restaurante, con 18 años, fue un poco más duro”, declara Cristina.
    Y hasta llegar a donde está hoy -aunque ni siquiera sabría definir cuál es su puesto porque, según dice, hace de todo- ha tenido que hacer la mili limpiando boquerones, haciendo ensaladas, ejerciendo de pinche, chica de los postres, cajera…

    Cristina reconoce que justo cuando la crisis empezó a hacer mella en todos los negocios y había que plantearse seguir o no, ella y su padre tuvieron una conversación, sincera y honesta, en el que cada uno dibujó el restaurante que quería para el futuro. 
    “Insistí mucho en que había que evolucionar para que a Willy no solo lo buscasen para una comida de empresa o una fiesta familiar.  Yo quería que la gente nos tuviera en la mente a diario, que nos visitaran grupos de amigos o para tomar una tapa… y de ahí nuestra evolución, aunque sin perder la esencia de mi padre. Fue una decisión conjunta, no solo mía o solo de él, lo decidimos los dos en una conversación larga y sincera entre las dos partes”, dice Cristina. Hoy es un pilar indiscutible en el restaurante y es ella la que nos cuenta que cada día que cierra las puertas se va de allí pensando que ha sido feliz, que se siente satisfecha de su trabajo porque ha logrado que otros sientan que ha sido un día especial.
    ¿Y después de ti? “Pues no sé, no me gusta pensar a tan largo plazo. Solo miro para atrás para valorar lo que tengo ahora”. 
    Fotos: Nacho Márquez]]>

  • José Martínez: «Debemos sentirnos orgullosos de ser linenses y aprender de nuestros errores»

    José Martínez: «Debemos sentirnos orgullosos de ser linenses y aprender de nuestros errores»

    José Martínez Téllez, Pepe para amigos y conocidos, Pepito para los más íntimos, o el niño de PHL, es un joven linense que no sólo presume con orgullo de la identidad de la ciudad de La Línea, sino que además trabaja incansablemente en la divulgación y protección de nuestro patrimonio. Diplomado en Biblioteconomía y Documentación, preside la asociación de Protección Histórica Linense (PHL) desde 2004; momento en el que la promesa de un proyecto urbanístico amenazó con demoler la insigne plaza de toros de La Línea de 1883.

    Escuchaba a los más mayores lamentar que aquello sería una pena. En aquellos pequeños debates un hombre me enseñó una foto antigua de La Línea y era irreconocible. La indignación se apoderó de mí. Entonces hablamos en el instituto acerca del voluntariado y el movimiento asociativo y con ayuda de mi familia puse en marcha la asociación Protección Histórica Linense”. 

    Desde entonces la prioridad de PHL ha sido siempre la divulgación y protección de los valores históricos, arquitectónicos, sociales y etnológicos de la población de La Línea. “La historia local siempre me ha llamado mucho la atención”, confiesa Pepe. La lectura siendo adolescente del libro La Línea de la Concepción, cien años de historia de José González de la Vega, fue determinante para descubrir su vocación como documentalista.

    Ha sido bibliotecario en el IES Hermenegildo Lanz de Granada; archivero en la Casa de los Pisa, Orden Hospitalaria de San Juan de Dios; archivero del Ayuntamiento de La Línea; e intérprete del patrimonio cultural y natural para grupos de visitantes. Siempre en constante aprendizaje, tanto en el plano cultural (aprendió de manera autodidacta paleografía, transcripción y genealogía), como en el ámbito deportivo. Y es que este inquieto linense logró compaginar sus estudios con el curso de ciclo indoor de la Federación Española de aerobic y fitness. “Llevo ejerciendo desde 2006 como monitor de ciclo indoor, corriendo de un centro deportivo a otro”, apunta. En estos momentos se encuentra concluyendo su Trabajo Fin de Grado en Información y Documentación.

    “Mi padre siempre me regalaba tebeos y cuentos de dibujos animados. Así que fueron Asterix y los romanos, junto a la imaginación de un posible coliseo como nuestra plaza de toros, dos grandes factores de mi gusto por la historia»

    Su pasión por la historia y la documentación surge desde muy pequeño. “Mi padre siempre me regalaba tebeos y cuentos de dibujos animados. Así que fueron Asterix y los romanos, junto a la imaginación de un posible coliseo como nuestra plaza de toros, dos grandes factores de mi gusto por la historia. En casa también hemos viajado mucho por toda la geografía, conociendo nuevos rincones, visitando monumentos y ciudades. Mis padres han estado muy pendientes de mi educación”, explica.

    Pepe siempre ha mostrado interés en la historia, en el misterio de lo antiguo, en escuchar y aprender de las “batallitas” de los más mayores en un ambiente donde creció valorando el gusto por cultivar la mente y el espíritu. “Me siento muy orgulloso de mis raíces y de saber de donde vengo. Gracias a mis padres sé valorar cuánto esfuerzo cuesta conseguir las cosas. La historia siempre me ha apasionado por ello, por mi familia. Curiosamente mi tatarabuelo, Manuel Martínez, se asentó aquí en el siglo XIX. Era liberal alfonsino de las guerras carlistas que estuvo en Cuba trabajando en el archivo militar después de varios ascensos. Su hijo, mi bisabuelo, fue carabinero en la aduana, y mi bisabuela, Dolores Morente, era una mujer progresista de su tiempo, comerciante, ayudando siempre a sus hijos”, señala orgulloso.

    Lo que empezó como una asociación cultural cuasi familiar, hoy tiene una importante presencia en toda la provincia de Cádiz con más de un centenar de socios. La investigación, la divulgación y la protección del patrimonio a través de ponencias y conferencias son las principales actividades de PHL. La asociación también ha adquirido compromisos sociales con diversas entidades, colegios e institutos para participar en la difusión de nuestra historia local. La celebración de jornadas históricas junto al Ayuntamiento con el objetivo de concienciar a la ciudadanía sobre nuestro pasado como municipio; homenajes como el realizado a las víctimas del vapor italiano Utopía hundido en la bahía de Algeciras en 1891; la plantación de un álamo en los jardines municipales, ya que es el árbol oficial del municipio desde la década de los años veinte; o la organización de visitas culturales a lugares de interés del municipio, son otras iniciativas que PHL lleva por bandera. “Desde la cultura podemos aportar un granito más de arena para la buena imagen de este municipio y que además comercios y ciudadanos puedan verse favorecidos”, subraya Martínez Téllez.

    En la actualidad, la asociación PHL trabaja en un plan de conversación y difusión del patrimonio de las casas del siglo XIX en La Línea. Además, participa activamente en la redacción del nuevo Plan General de Ordenación Urbana de la ciudad (PGOU). La rehabilitación del Mercado de la Concepción, la puesta en marcha de un centro de interpretación del toro en la plaza de toros o el desarrollo de un museo etnológico y de arte pesquera de la Atunara, son otros objetivos futuros de PHL. 

    Aunque lo más importante es el equipo que forma activamente PHL, aportando conocimiento y profesionalidad. Actualmente la junta directiva está compuesta por: Pepe Martínez Turrillo (vicepresidente), Belén González Borrallo (secretaria), Andrés Ruíz Duarte (tesorero), Santiago Sabariego Sánchez (vocal 1º), José María Moreno Ávila (vocal 2º). El departamento de historia está dirigido por Margarita Maqueda, José Martín León de Alda (secretario), y los historiadores, David Castro Zapata, Ildefonso Ruíz López, Carmen Ramírez Ruíz, Roberto y Álvaro Espinosa Ortega como restaurador. 

    Pepe no deja pasar la ocasión de enviar un mensaje a los vecinos de La Línea: “Debemos unirnos en una identidad que no marque diferencias, sentirnos orgullosos de ser linenses y aprender de nuestros errores pasados para así solventarlos en el futuro. Siempre nos han insultado y pisoteado. La cuestión no es de socialistas, populares o comunistas, sino de linenses, todos contra ya sea Madrid, Sevilla o Cádiz para demandar todo aquello que, por derecho, por falta de voluntad política, nos pertenece. No olvidemos que fuimos la ‘Ilustrísima, culta, excelentísima y laboriosa ciudad de La Línea de la Concepción’. Que no se olvide”, concluye un linense entregado y devoto de nuestro patrimonio.

  • María Parra: «Siento que los resultados pueden llegar en cualquier momento»

    María Parra: «Siento que los resultados pueden llegar en cualquier momento»

    María Parra Luque, guadiareña de tan solo 20 años, es jugadora de la Symetra Tour, la segunda división de golf en Estados Unidos. La aventura estadounidense de María comenzó en 2017, cuando logró entrar en la LPGA (Ladies Professional Golf Association), la máxima competición femenina en golf. 
    “Es el tour con más prestigio, la primera división, pero mi primer año allí no jugué muy bien, perdí la tarjeta y ahora estoy en la segunda división, en la Symetra Tour, donde juegas por conseguir la tarjeta de la LPGA. Tienes que quedar entre las diez primeras a lo largo del año, compitiendo en unos 20 torneos, para acceder de nuevo a la LPGA, y si quedas entre las 30 primeras vas pasando fases hasta volver a la máxima competición”, explica.
    La temporada de golf en Estados Unidos transcurre entre marzo y octubre. “Vivo aquí, en Guadiaro, pero en tiempo de competición solo regreso cuando tengo un descanso entre torneo y torneo. Viajo con un grupo en el que hay jugadoras españolas, argentinas, colombianas, mejicanas. Nos juntamos todas y vamos semana a semana viajando y compitiendo. Solo volvemos cuando estamos libres”, declara.
    María se dedica por completo al golf. Aunque terminó el Bachillerato, aún no ha iniciado estudios universitarios. El tiempo de una jugadora como ella es muy limitado y es consciente de que si quiere cursar estudios tendrá que hacerlo a distancia. Quiere formarse en psicología, pero de momento ese proyecto lo tiene aparcado tras iniciarse como profesional en Estados Unidos. 

    “La base del golf está allí y es allí donde te puedes permitir vivir de este deporte”

    En 2019 volverá a intentar el salto a la LPGA, donde compite con jugadoras de todas las edades, y fuera de la temporada estadounidense acudirá a los torneos españoles. El último que jugó antes de la entrevista quedó séptima, un resultado con el que quedó muy satisfecha.  
    Estoy en un buen momento, jugando muy bien. Siento que los resultados pueden llegar en cualquier momento. La semana pasada hice menos seis y tengo la sensación de que puedo llegar a algo muy bueno muy pronto”, dice. 
    “Mi abuelo, jardinero del Real Club de Sotogrande, me traía al campo, pero a mí no me atraía el golf. Hasta que un día le di a una bola y decidí empezar”

    La joven que habla empezó su idilio con el golf a los seis años gracias a su abuelo, jardinero del Real Club de Sotogrande. “Nos traía al campo muy a menudo, a mi y a mi hermano, para que nos distrajésemos. Mi hermano ya jugaba, pero yo pensaba que era un deporte muy tranquilo y no me atraía. Mi abuelo insistió, me puso delante de una bola, le di y decidí empezar. Luego mi hermano lo dejó y yo sigo aún”, cuenta la golfista.
    Estar en la liga profesional implica mucho trabajo y esfuerzo. María entrena a diario mañana y tarde guiada por Juan Antonio Marín, del Real Club de Sotogrande. También tiene rutinas de gimnasio y sesiones con una psicóloga, Rocío Pomares, que le ayuda a mantenerse emocionalmente fuerte. “El golf es un deporte muy complicado, tienes mucha presión encima y tienes que separar la parte de la competición de tu estado anímico. Un día juegas bien, otro juegas muy mal y siempre hay que tener a alguien que te esté aconsejando, que te diga cómo tienes que estar. Esos consejos te ayudan mucho”, aclara María Parra. 
    “El golf es un deporte muy complicado, tienes mucha presión encima y tienes que separar la parte de la competición de tu estado anímico”

    En los meses de competición la vida de la deportista se reduce al golf. Cuando estoy de torneo no tengo mucha vida personal. Entrenas, vas al gimnasio, comes, vuelves a entrenar, cenas y te vas a dormir. Y cuando estoy aquí en casa, entreno por la mañana, voy a comer, luego vuelvo a entrenar, al gimnasio, y por la noche tienes tiempo para familia y amigos, pero tampoco mucho porque los fines de semana hay torneo y hay que madrugar”, añade la golfista. De momento, María Parra vive del golf, pero eso solo eso posible si juegas en las ligas americanas. 
    “En la LPGA hay bastante dinero en juego, la jugadora que se lleva el torneo consigue en torno a 300.000 euros; y si pasas cortes, unos 1.500 euros por cada uno. En el europeo hay mucho menos dinero, puedes sobrevivir, pero si estás en las ligas bajas es más complicado. El golf de hombres tiene mayores premios, pero también es difícil vivir de este deporte en la segunda división europea”, cuenta la golfista.
    María Parra tiene como referencia e inspiración a mujeres golfistas como Azahara Muñoz, malagueña, a la que recuerda con cierta admiración porque le ayudó mucho en su primer año en la LPGA. También habla de Carlota Ziganda, Álvaro Quirós, Belén Mozo, y a nivel internacional no olvida a Tiger Woods o Rory McllRoy.
    Desde que es profesional, el Real Club de Sotogrande es el campo donde entrena y juega siempre que está en España. “Para mí es el mejor campo que hay en toda la zona”, añade Parra, que empezó en la escuela de La Cañada con Antonio Arjona y prosiguió en la Siga Golf Academy hasta que se hizo profesional.  
    ¿Tu fuerte, María? “Mi palo más fuerte es el drive, porque le doy muy recto, va largo. Mi juego corto es algo más flojillo”, confiesa con una media sonrisa. 
    Fotos: Ignacio Martínez
    [galleries:vertical:2956]
    ]]>

  • Campeones del ring y el tatami

    Campeones del ring y el tatami

    Juan Mairena, miembro del Grupo Operativo de Apoyo y Prevención (GOAP) de Los Barrios -recién estrenado como entrenador nacional de boxeo- trabaja casi a diario con un equipo de 40 chavales que forman parte del Team Mairena, club de Kick Boxing y K1, con sede en el pabellón Samuel Aguilar de Los Barrios; y Don Príncipe, un veterano club de boxeo linense que tiene sus instalaciones en el pabellón Padre Diego. 
    Mairena, que da nombre al club de kick boxing nacido en 2005, compite como luchador amateur desde los 16 y recientemente se ha proclamado campeón de Europa en los juegos europeos en los que ha tenido como rivales a policías y bomberos de todo el continente. 
    Las rutinas que trabaja con sus alumnos, niños y niñas mayores de 12 años, equivalen a un entrenamiento profesional que incluye tres ciclos. Volumen, donde se enseñan los diferentes movimientos de ataque, defensa, así como las normas de la competición y preparación física; transformación, fase solo para competidores por requerir una dedicación especial ya que aumenta exponencialmente la intensidad de los entrenos. Por último, competición, donde el volumen físico baja para dar paso al descanso al tiempo que se prepara la táctica frente al rival. 
    Ambas disciplinas, nos dice el entrenador, comparten mucho en común, aunque el boxeo no permite el uso de las piernas como sí lo hace el kick boxing. Y esto es precisamente lo que lo hace diferente a los ojos del público. Además, las estructuras de competición son distintas y avanzar -con la obtención de títulos- en Kick Boxing es mucho más fácil que en el boxeo. 

    El kick boxing y el boxeo comparten mucho en común, aunque el boxeo no permite el uso de las piernas

    Varios son los chicos que acuden a competiciones juveniles bajo el nombre del Team Mairena. Yaiza Carrascal ( deportista del año en Algeciras) Luna Mairena ( deportista del año en Los Barrios) Abdellah Tocón han sido dos veces campeones a nivel regional, nacional y campeones del mundo en su categoría en 2015-2016. Los dos últimos son los actuales campeones de Andalucía y de España, de K-1 cada uno en su categoría. 
    El futuro se presenta muy prometedor para ambos. De hecho, Abdellah Tocón, ha alcanzado este año el título de Campeón de Andalucia y Bronce en el Campeonato de España de Boxeo Olímpico, y Luna Mairena acude habitualmente a los entrenamientos de la selección española de boxeo en Los Alcázares, Murcia con el seleccionador nacional, Rafa Lozano, a la cabeza. 
    El Team Mairena ofrece entrenamientos a chavales que han sido sancionados por consumo de cannabis

    Pero el trabajo de Juan no termina con los duros entrenamientos, la preparación física de todos los chavales y los viajes a las distintas competiciones. El entrenador quiere ir más allá y ha desarrollado una iniciativa para que jóvenes de entre 14 y 18 años que tienen problemas con el consumo de cannabis puedan acudir a cualquiera de los clubs como parte de su rehabilitación. “Les ofrecemos nuestras clases, ellos no tienen que pagar nada y le entregamos todo el equipamiento durante el tiempo que sea necesario. Ahora si, lo único que le pedimos es que estén limpios y para eso hacemos nuestras analíticas sorpresa. El que siga fumando, deberá pagar la cuota mensual y comprarse el equipamiento como cualquier socio”, explica Mairena, que ya puso en marcha este proyecto en La Línea hasta el 2011 y ahora está trabajando con el Ayuntamiento de Los Barrios para poder implantarlo en el municipio. 
    “Estamos en conversaciones con Sara Lobato, delegada de Servicios Sociales, y creo que pronto podremos poner en marcha el proyecto”, cuenta Mairena, quien señala que todo este trabajo que se está realizando en ambos clubes no sería posible sin la ayuda de Manolo de la Rosa, presidente del club Don Príncipe y Juan Francisco Rojas, entrenador de kick boxing, parte activa del trabajo que realiza el Mairena Team en Los Barrios. 
    Fotos: Ignacio Márquez
    [galleries:vertical:3065]
    ]]>

  • “Mi padre era un hombre muy avanzado, pero nadie nos ha regalado nunca nada”

    “Mi padre era un hombre muy avanzado, pero nadie nos ha regalado nunca nada”

    Hemos quedado con Isabel Gavira, gerente de la cadena de cafeterías y pastelerías Okay, en el local donde comenzó toda la historia. En la calle Real con San Pablo, en el corazón de La Línea. Allí la encontramos ayudando a una mujer a abrir su paraguas para hacer frente a un día lluvioso y plomizo. Nos saluda y nos invita a pasar a las mesas de dentro para poder conversar con algo más de tranquilidad en una cafetería que disfruta del bullicio de la mañana. Diez de los 157 trabajadores que tiene empleados la cadena campogibraltareña en sus 12 establecimientos están en el turno de la mañana.

    “Este es el Okay tradicional, el de toda la vida”, apunta Tamara Pérez Gavira, hija de Isabel Gavira, en la empresa desde 2001 y responsable de ese nuevo concepto que la marca ha empezado a incorporar con las cafeterías abiertas en la algecireña Plaza Alta, en San Roque y en Pueblo Nuevo de Guadiaro, y que pronto podrá verse en el local ubicado en la plaza de la Constitución de La Línea.

    En la actualidad, los dos modelos de Okay, el tradicional y el nuevo, conviven en el negocio familiar

    De momento, ambos modelos conviven pero Tamara ya apunta a que habrá que ir avanzando. Al fin y al cabo, el público y las necesidades también están variando y Okay quiere seguir manteniéndose como referencia en el Campo de Gibraltar como pastelería y cafetería, pero también como panadería, punto de venta de nuevos productos elaborados y hasta novedosos servicios como catering para pequeñas reuniones de empresa o eventos. 

    Pero hoy toca disfrutar de la historia, de vivir allí, junto a una taza de café, del ambiente que rodea a la primera cafetería que abrió Manuel Gavira junto con el obrador -inaugurados ambos en el año 1961– y que se mantuvo abierto en pleno centro de La Línea hasta el año 2007. Fue ese año y por cuestiones de logística y de volumen de negocio cuando el obrador fue trasladado a la zona del Zabal. 

    Pero volvamos al café, a ese momento en el que Beli -conocida así popularmente-  nos revela por qué muchos linenses siguen llamado al Okay el Jockey. Ese fue el nombre que su padre, que trabajaba en la distribución, eligió para su cafetería. “Mi padre era una persona muy avanzada y quería tener un negocio que le permitiese ingresos y pensó en montar una cafetería a la que le puso el nombre de Jockey. Unos cinco años más tarde el propietario de un restaurante de Madrid que al parecer tenía mucha fama le llamó para decirle que no podía mantener ese nombre, que lo tenían registrado. Y así, jugando con las palabras, decidió dejarlo en Okay. Pero es cierto que todavía hoy hay mucha gente que recuerda el nombre original”, explica Beli.

    Todavía hay mucha gente en La Línea que sigue hablando del Jockey, el nombre inicial que Manuel Gavira puso a su cafetería 

    Esta mujer, cuya edad no nos descubre por coquetería, relata cómo su padre fue a Cataluña a buscar un pastelero con el que iniciar su ambicioso proyecto. “Él creía que estando Gibraltar al lado y teniendo los ingleses una tradición pastelera tan arraigada, sería una buena oportunidad crear una pastelería. Se trajo al pastelero y a su familia, le pagó la casa y luego éste se hizo con su equipo, y fue así como comenzó todo, abriendo esta cafetería y el obrador en frente”, explica Beli señalando por la ventana. 

    Esfuerzo y trabajo. Esas son, en su opinión, las claves que le han llevado hasta este momento. “Nadie nos ha regalado nada nunca. Yo me pasaba aquí todos los días de Reyes pendiente de la clientela mientras mi marido se iba con las niñas a las cabalgatas. El día de las madres, o del padre, que antes se celebraba de manera distinta a la de ahora, me venía al obrador a las seis de la mañana para echar una mano. Mi trabajo siempre ha estado en la gestión, pero estoy convencida de que por muy buen producto que tengas si no hay buen trato con el público no sirve para nada”, aclara Beli. 

    La crisis se presenta de forma inevitable en la conversación. “Lo hemos pasado muy mal, pero hemos aguantado con todas los empleados y sus familias. Se ha ido alguna gente, pero porque ha querido. Ahora empezamos un tiempo nuevo. Llega Tamara y con ella, la savia nueva. Respeto mucho el trabajo que está haciendo. Lo hablamos y lo consensuamos todo, pero estoy dejando que inicie su propio camino”, explica orgullosa. “Mucha gente no creía en la apertura del Okay en la Plaza Alta y, sin embargo, ha sido un revulsivo para el centro de Algeciras”, añade Tamara. 

    «Por muy buen producto que tengas si no hay buen trato con el público no sirve para nada”

    Con ella, y con la sabia y constante compañía de su madre, Okay va adaptándose a los nuevos tiempos, a nuevos clientes, a un público con otras demandas. “Ahora no nos dedicamos solo al cruasán y al sándwich mixto, sino que hacemos ensaladas, tostas, desayunos inglés, baguettes, desayuno saludable… Actualmente conviven los dos modelos de Okay, el tradicional y el nuevo. De hecho, mi madre no ha conocido los nuevos hasta el día antes de su inauguración. Luego el resultado ha sido bueno y le ha gustado, pero durante la obra he preferido hacerlo a mi manera”, cuenta Tamara.

    Al final de la conversación Beli reúne a todos sus empleados para una foto de familia al tiempo que va corrigiendo cosillas que va viendo por la cafetería. “Yo es que soy muy perfeccionista”, concluye.

  • Ana Casal: «Antes vivíamos con los ojos cerrados»

    Ana Casal: «Antes vivíamos con los ojos cerrados»

    Cuando entro en la casa de Ana Casal Gutiérrez, un luminoso y tranquilo salón lleno de recuerdos y retratos de sus hijos me transmite cierta sensación de paz, de sosiego. Sin embargo, conociendo su historia, enseguida imagino algo muy distinto a lo que ahora puedo contemplar. ¿Cómo estás, Ana? Le pregunto mientras me acerco a ella, que está sentada en su amplio sofá, acompañada de tres de sus 18 hijos, mientras la luz de la ventana llena todo el espacio. Aunque tiene ciertas dificultades para oírme, esta barreña nacida en la calle La Posta aún conserva la capacidad, a sus 93 años, de construir el relato de su historia, una vida llena de sacrificio, esfuerzo y trabajo para sacar adelante a su numerosa familia ayudada por algunos vecinos. 
    Las primeras personas que menciona Ana son Quica Vázquez y Lola Fuentes, con las que trabajó de jovencita en aquello que entonces se denominaba “trabajar en las casas”, versión popular de lo que hoy conocemos como servicio doméstico. Aquella chica soltera dejó de ir a las casas cuando se casó con su marido, Antonio Rivera Cobos, un 26 de octubre de 1945.

    “Elegí a mi marido, tenía muchos pretendientes, pero yo elegí la persona con la que quería casarme”, nos explica Ana con cierto orgullo. Para entonces Ana y Antonio ya habían tenido su primer hijo, Juan Luis, nacido unos meses antes. Justo un año después Ana dio a luz a María, en julio de 1946, aunque tristemente falleció cuando solo tenía cuatro meses; y al año siguiente, también en el mes de julio, tuvo a su tercer hijo, Manuel. Desde entonces, y hasta junio de 1969 nacieron sus otros 15 hijos: Josefa, Antonio Roberto, María del Carmen, Francisco de Asís, Emilio Marco, Jesús Esteban, Moisés, Leonardo, Rosa, Ana, Ángel, Inmaculada, Dámaso, Bienvenido y Silverio.

    «Empecé vendiendo tabaco. Era la que más vendía porque que me atrevía a entrar en los bares y en sitios en los que otras mujeres no lo hacían»

    Un cuarto de siglo criando a niños se nos presenta hoy como algo imposible, pero Ana y su marido lo consiguieron con mucho trabajo, tesón y la ayuda de vecinos y familiares. “Empecé vendiendo tabaco. Era la que más vendía porque que me atrevía a entrar en los bares y en sitios en los que otras mujeres que vendían no lo hacían”, nos cuenta. Su marido tuvo varios oficios a lo largo de su vida. Comenzó trabajando en el muelle de Algeciras, ejerció de consumista -los encargados de cobrar impuestos a la entrada de los pueblos-, luego consiguió un puesto en el matadero municipal y acabó su vida laboral como conserje de un colegio.
    La familia Rivera Casal pasó por distintos hogares y en cada uno de ellos la vida era posible gracias al trabajo de Ana y Antonio, pero también a la ayuda de muchos barreños. Según me cuenta, Maruja Rodríguez le ofrecía dinero para sacar adelante a los niños; y Paco, el de la panadería Espinosa, cada vez que le daba un pan de lata le decía que se lo pagara cuando los niños fuesen grandes. Del matadero, cuando alguno de sus hijos se acercaba a ver a su padre siempre se traía algo bajo el brazo por orden del matarife. Al recordar a todas esas personas que le ayudaron, Ana no puede evitar emocionarse y regresar, por un momento, a aquella vida en la que lavaba la ropa de los pequeños de noche y usaba el picón para secarla hasta que uno de sus hijos, con 19 años, le compró su primera lavadora.
    “Mi madre nos escondía a los mayores las latas de leche condensada porque las necesitaba para la leche de los pequeños”

    Recuerda con mucho cariño a su cuñada, la tía Nena, que le hacía los trajes de comunión a sus hijos varones con tela comprada en Gibraltar, y a las hijas de las vecinas con las que sus niñas compartieron el traje con el que acudían a la iglesia. El librito también se lo prestaban, pero Ana siempre quiso, y lo logró, que cada uno de sus hijos tuviera su cadenita y su crucifijo.
    Los Rivera Casal tienen en su haber tres premios de natalidad valorados en 25.000 pesetas. En 1967 consiguieron una de las 10 viviendas que el gobierno de Francisco Franco sorteó entre las familias más numerosas de todo el país. Sin embargo, Ana tardó 18 años (1985) en entrar con sus hijos en la casa en la que ahora reside, en el número 19 de la calle Menéndez Pidal. Para entonces su primer hijo ya había cumplido 40 años.

    Cuando le pregunto por qué tuvo tantos hijos, Ana, con cierta gracia, me responde: “Porque me acostaba con mi marido”. Sin embargo, no esconde que el mundo que le tocó vivir, como mujer, era muy distinto al de hoy. “En aquella época vivíamos con los ojos cerrados”, añade.
    Tres de sus hijos, que nos acompañan durante la entrevista, no pueden evitar reírse cuando recuerdan que el bien más preciado que había en la casa de los Rivera Casal eran las latas de leche condensada. “Mi madre las escondía para que los mayores no las cogiésemos porque las necesitaba para la leche de los pequeños”, relata Antonio, el quinto de los 18. 
    Antes de marcharme y de que Ana celebre su ritual de mediodía día -tapa y una copita de vino dulce-, le pregunto por sus hijos. “Son muy buenos, se pasan de buenos”.
    Con esta sensación de generosidad infinita me despido de Ana, a la que apodaban La Mijita por su padre, que siempre pedía una miajita de aguardiente en los bares del pueblo. ]]>

  • Almudena Ariza: «Contar buenas historias es la parte más apasionante de mi trabajo»

    Almudena Ariza: «Contar buenas historias es la parte más apasionante de mi trabajo»

    Almudena Ariza, corresponsal de Televisión Española en Nueva York, nos ha concedido una entrevista a El Templete, nuestro diario digital de Los Barrios, municipio al que Ariza se siente muy vinculada porque allí pasó parte de su infancia y porque en el pueblo viven su hermana, Gely Ariza, su sobrino, otros familiares y algunos amigos de juventud. La periodista atendió a nuestras preguntas mientras daba cobertura a las elecciones al Senado en Estados Unidos, los incendios de California y la caravana de migrantes camino de la frontera americana. Con ella hablamos de periodismo, pero sobre todo, de reporterismo. 
    Empezaste tu trayectoria como periodista en la SER, muy joven. El periodismo de entonces poco tiene que ver con el de ahora. ¿Ha cambiado la profesión o solo lo han hecho los formatos y los canales?
    -Ha habido una revolución tecnológica que nos ha traído nuevas plataformas, formatos y herramientas. Hacemos cosas con las que nunca habríamos soñado. Lo que podría haber sido ciencia ficción hace años hoy es una realidad. Por ejemplo, el uso de drones, o esas mochilas 4G que usamos los periodistas para transmitir en directo desde cualquier lugar. Pero no ha cambiado, sustancialmente lo que a todos nos interesa, que es entender lo que pasa. A mi me gusta contarlo a través de buenas historias. Para mí ésa es la parte más apasionante de mi trabajo, encontrar buenas historias que nos hagan comprender, que nos motiven, nos conmuevan, que nos aporten, en definitiva.
    -Tu casa ha sido y sigue siendo Televisión Española. Jesús Hermida, Informe Semanal, telediarios, has sido enviada especial a muchos lugares del mundo, corresponsal en Asia-Pacífico, ahora en Nueva York. ¿Estar en la televisión pública tiene que ver con tu vocación de servicio, con tu concepto de la profesión?
    -La televisión pública, por ejemplo, es la única que tiene corresponsalías, y es la más comprometida con la información internacional. Ya solo por eso, creo que merece la pena que la cuidemos y que la valoremos. Cuidarla significa también luchar para que la televisión pública sea neutral y no esté dirigida por partidos o marcada por sesgos ideológicos. Pelearé las veces que haga falta para que así sea. Televisión Española tiene que ser referente informativo de neutralidad, independencia y, lo que es muy importante, de innovación.

    -Como reportera has estado en escenarios tan diversos como los conflictos en Irak, Afganistán, las hambrunas africanas, los desastres naturales de Haití o Tailandia. Eres una defensora a ultranza de la figura del reportero. ¿Crees que todos los periodistas deberían pasar por este tipo de experiencias o el reporterismo es una especialidad que requiere determinadas habilidades profesionales que no toda la profesión disfruta?
    -No necesariamente. Cada periodista tiene su perfil. Yo me siento cómoda en la calle. Ahí es donde se hace el milagro, donde están las historias, donde entiendes muchas de las cosas que pasan, lo que te acerca a la realidad, lo que a mí me ha hecho mejor periodista. No me gustan mucho los platós. Estuve años presentando telediarios y recientemente me lo han vuelto a ofrecer. Pero yo quiero seguir haciendo lo que hago. Forever.
    Sigamos hablando de reporterismo… y de premios. Has pedido a la Academia de Televisión que recupere la categoría de reporterismo para sus Premios Iris. ¿Por qué crees que no tiene ese lugar que, sin duda, se merece?
    -Me produce tristeza. La Academia de Televisión, hace unos años, creó ese premio y yo, por cierto, lo tengo. Luego, desapareció. Es como si el reporterismo hubiera dejado de importar. Reivindico desde aquí, otra vez, que se reinstaure esa categoría en los Premios Iris. Por el bien del periodismo televisivo.
    -También das clases a futuros periodistas. ¿Cómo ves a la gente que se va a incorporar al periodismo en los próximos años?
    -Hace años que dejé las clases en la Universidad pero siempre vi alumnos llenos de energía, vocacionales y con muchas ganas. Ocasionalmente doy charlas a jóvenes periodistas y ahora insisto en el mismo mensaje.  Hay un renacer del buen periodismo, sobre todo en EEUU, con nuevas plataformas que nos dan a los informadores un gran abanico de herramientas para seguir contando historias, para explicar y entender el mundo que nos rodea. Y tenemos que seguir esa senda. Yo creo que se avecina una época dorada. Soy muy optimista.

    -Estos periodistas tendrán que enfrentarse a políticas como las que lleva a cabo Donald Trump con su guerra contra los medios de comunicación. 
    -Paradójicamente, en pleno siglo XXI, tenemos que seguir insistiendo en la importancia de la libertad de prensa. Hay que recordar al presidente estadounidense que los periodistas que critican y cuestionan no son un enemigo sino la esencia de una sociedad libre y democrática. En cambio, cuestionar a los periodistas se ha convertido en algo habitual. Nuestra reacción solo debe ser una, y contundente. Seguir haciendo nuestro trabajo. Y hacerlo cada vez mejor.
    -No me gustaría terminar esta entrevista sin que nos contaras cómo es el día a día de un corresponsal en el extranjero y cómo es tu vida allí, en una ciudad como Nueva York. 
    -No hay dos días iguales. Casi nunca puedo cerrar una agenda porque no sé qué voy a hacer mañana ni dónde voy a estar. A qué lugar me llevarán las noticias. Empecé esta semana viajando a Sacramento y cubriendo los incendios de California y la estoy acabando en San Diego, siguiendo a la caravana de migrantes que trata de entrar en Estados Unidos. Así es mi trabajo. Y no lo cambio por ningún otro.]]>